Las tres técnicas de los superagers para mejorar la memoria, según un experto de UCLA

La curiosidad, la carga emocional y la práctica de recuperación son los pilares que mantienen la memoria ágil a cualquier edad. Aplicarlas a diario refuerza la neuroplasticidad y el rendimiento mental.

Mantener una memoria ágil y una función cognitiva en plena forma no es cuestión de edad, sino de aplicar estrategias activas de aprendizaje. Las personas que envejecen con la mente más lúcida, los llamados superagers, comparten tres técnicas sencillas respaldadas por la ciencia psicológica de la memoria del Dr. Alan Castel, profesor de psicología en UCLA y uno de los mayores expertos mundiales en envejecimiento cognitivo.

La curiosidad activa como motor de la memoria

El primer pilar que distingue a los superagers es una curiosidad genuina y sostenida. No se trata de un interés pasajero, sino de una actitud exploratoria que activa los circuitos de recompensa del cerebro. Castel explica que cuando nos enfrentamos a un tema con curiosidad real, el sistema dopaminérgico refuerza la codificación del recuerdo, asociando la nueva información a un contexto de significado personal.

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A nivel práctico, la curiosidad convierte el aprendizaje en un juego. En lugar de forzar la memorización de datos sueltos, los superagers se preguntan el «por qué» y el «cómo» de cada cosa, conectando conceptos entre sí. Esa profundidad de procesamiento es lo que marca la diferencia en la neuroplasticidad a largo plazo.

La curiosidad es la chispa que convierte un dato fugaz en un recuerdo que perdura.

El componente emocional que sella los recuerdos

La segunda técnica aprovecha el componente emocional. Los recuerdos con carga afectiva —positiva o negativa— se graban con mucha más intensidad. El motivo es neurobiológico: la amígdala modula la consolidación en el hipocampo, de modo que un evento con emoción deja una huella más duradera.

Castel recomienda asociar aquello que queremos recordar a una vivencia personal, una imagen impactante o incluso una anécdota divertida. Cuanto más se implique el sistema límbico, menor es el esfuerzo posterior para recuperar esa información. De hecho, muchos superagers cultivan relaciones sociales ricas y se exponen a experiencias novedosas precisamente porque la emoción es el pegamento de la memoria.

función cognitiva

La práctica de recuperación: el autocuestionario que consolida

El tercer hábito clave es lo que en psicología se conoce como práctica de recuperación (retrieval practice). Lejos de la relectura pasiva, la estrategia consiste en obligar al cerebro a recuperar activamente la información desde dentro. Cada vez que nos hacemos una pregunta sobre algo que acabamos de aprender —sin mirar los apuntes— fortalecemos las conexiones sinápticas que sostienen ese recuerdo.

«El mejor test de memoria es intentar recordar, no reconocer», resume Castel. Aplicado al día a día, basta con cerrar un libro o terminar una conversación y dedicar unos segundos a repasar mentalmente las ideas principales. Esta técnica es especialmente potente cuando se combina con espaciamiento, es decir, repasos distribuidos en el tiempo en lugar de sesiones maratonianas.

Lo que la ciencia dice (y lo que no) sobre el envejecimiento cognitivo

La evidencia sobre los superagers muestra un hecho tranquilizador: el declive cognitivo no es inevitable. Estudios longitudinales, como el célebre Nun Study, señalan que los factores de estilo de vida —estimulación intelectual, actividad física y conexión social— pesan más que la genética en el mantenimiento de la función cognitiva. Sin embargo, no se trata de una pastilla mágica.

El propio Castel advierte que estas técnicas no detienen el paso del tiempo, pero sí optimizan la reserva cognitiva y la plasticidad cerebral. El mensaje es claro: una memoria ágil no se hereda, se entrena. Y los superagers lo demuestran cada día con hábitos sostenidos de curiosidad, emoción y recuperación activa.

⚡ Rutina de Optimización Diaria

  • Alimenta la curiosidad: Dedica 10 minutos al día a explorar un tema nuevo sin objetivo productivo; pregúntate cómo funciona y por qué.
  • Añade emoción: Cuando necesites recordar algo, asócialo a una imagen vívida o a una experiencia personal que te provoque una reacción.
  • Practica la recuperación: Antes de dormir, haz un repaso mental de las tres ideas más importantes del día sin consultar fuentes.

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