El higo es el superalimento del verano: fibra y potasio para energía rápida en deportistas

Su perfil de azúcares naturales lo convierte en un tentempié energético ideal antes o después del ejercicio. La fibra y el potasio favorecen la digestión y la función muscular.

El higo, fruta emblemática del verano mediterráneo, destaca como fuente rápida de energía para quienes entrenan, gracias a su combinación de azúcares naturales, fibra y potasio. En la Antigua Grecia fue valorado como 'alimento de los filósofos' y hoy la Fundación Española de la Nutrición confirma sus virtudes para el rendimiento físico activo.

Contrario a lo que sugiere su dulzor, el higo no es un simple antojo azucarado. Su composición lo convierte en un tentempié inteligente para deportistas. Analicemos sus cifras: tras el agua, los hidratos de carbono son el componente mayoritario, en forma de glucosa, fructosa y sacarosa. Esta mezcla de azúcares de absorción rápida proporciona un subidón de energía casi inmediato, perfecto justo antes de una sesión de fuerza o resistencia.

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Pero el higo es mucho más que energía pura. Cada 100 gramos de fruta fresca aporta en torno a 3 gramos de fibra, tanto soluble como insoluble. Esta fibra favorece un tránsito intestinal fluido y cuida la microbiota, dos aliados silenciosos de la comodidad digestiva durante el ejercicio. Además, la fibra actúa como un freno para los azúcares, evitando los picos bruscos de glucosa y prolongando la saciedad.

Entre los minerales, el potasio es el gran protagonista. Este electrolito interviene directamente en la contracción muscular y la transmisión nerviosa, procesos que se exigen al máximo en cada entrenamiento. Una ración de higos frescos ayuda a reponer el potasio perdido con el sudor, manteniendo el rendimiento y alejando los calambres. La Fundación Española de la Nutrición también señala pequeñas dosis de vitamina B6 y tiamina, implicadas en el metabolismo energético y el buen funcionamiento del sistema nervioso.

El higo es uno de los pocos tentempiés naturales que aúna energía rápida, electrolitos y fibra en un solo bocado.

El perfil nutricional del higo que favorece el rendimiento

La combinación de macronutrientes del higo es casi una receta para el deporte. Los azúcares, de rápida asimilación, reponen el glucógeno muscular; la fibra evita que esa energía se dispare y caiga en picado; y el potasio equilibra los electrolitos. A ello se suma un aporte modesto pero completo de aminoácidos esenciales, lo que redondea su valor sin convertirlo en fuente proteica principal.

En términos prácticos, eso se traduce en un tentempié que carga las pilas sin provocar la pesadez de otros alimentos más densos. Dos o tres higos frescos media hora antes de una sesión de fuerza bastan para notar el impulso energético, sin molestias gástricas. Y justo después de entrenar, su índice glucémico moderado ayuda a reponer con cabeza.

Cómo elegir entre higo fresco y seco según tu actividad

La presentación del higo cambia por completo su perfil energético. Fresco, contiene un 80% de agua y unas 70 kilocalorías por cada 100 gramos, lo que lo convierte en un bocado ligero e hidratante. Seco, al perder esa agua, los nutrientes se concentran: la misma cantidad de higo seco puede rondar las 250 kilocalorías, con un contenido de fibra y potasio mucho más denso por gramo.

Este contraste define su uso deportivo. Para sesiones cortas o moderadas, los higos frescos son ideales: refrescan, aportan energía gradual y no saturan. Para entrenamientos de larga duración —una ruta ciclista, una carrera de montaña, una travesía de senderismo—, los higos secos concentran la energía en un formato ligero y fácil de transportar. Un puñado de 30 gramos de higos secos equivale energéticamente a un gel deportivo, pero con el plus de fibra y minerales.

Ojo con la dosis. La densidad calórica del higo seco obliga a medir las porciones. Con 3 o 4 unidades antes de la actividad suele ser suficiente; pasarse puede resultar en un golpe de energía demasiado alto seguido de una bajada, o en molestias digestivas.

La ciencia detrás de un superalimento milenario: fibra, potasio y energía

Siglos de cultivo mediterráneo han demostrado que el higo es mucho más que un fruto de temporada. La evidencia científica actual —recogida por organismos como la EFSA y la Academia Española de Nutrición— avala su papel en la dieta del deportista. Un metaanálisis sobre frutas desecadas señala que el consumo regular de alimentos ricos en fibra y polifenoles, como los higos, se asocia con un mejor equilibrio de la microbiota intestinal, clave para una digestión eficiente durante el esfuerzo.

Frente a otras opciones de tentempié, el higo mantiene su ventaja: es natural, no lleva conservantes ni edulcorantes añadidos, y su paquete de nutrientes actúa en sinergia. La fibra retarda la absorción de los azúcares, el potasio cuida el músculo, y la combinación de vitaminas del grupo B favorece la transformación de esos carbohidratos en energía. Todo ello dentro de una matriz alimentaria que no ha sido alterada por procesos industriales.

Conviene ser honestos: el higo no es un producto milagroso. Su alto contenido en azúcares naturales lo desaconseja como picoteo indiscriminado fuera del contexto deportivo. Pero bien empleado, es un recurso de alto rendimiento. La entrada del higo en Wikipedia recuerda que ya en el siglo IV a.C. Teofrasto lo recomendaba a los atletas olímpicos; hace más de dos mil años que la intuición acertó con la ciencia.

⚡ Rutina de Optimización Diaria

  • Integra el higo matutino: Añade dos higos frescos a tu desayuno o tómalos media hora antes de la sesión de fuerza para un chute de glucosa limpia.
  • Prepara tu kit de ruta: Guarda 30 gramos de higos secos (unas 4 unidades) en el bolsillo del maillot o la mochila de senderismo como recambio energético natural.
  • Ajusta la fibra a tu plan: Si tu objetivo es controlar el apetito, elige la versión fresca, que por su volumen y agua sacia con menos calorías; si necesitas densidad, opta por los secos.

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