Un reciente informe de Morgan Stanley identifica un conjunto de retos estructurales que afectan especialmente a economías como la de España: su elevado gasto social, su deuda pública y las exigencias de las nuevas reglas fiscales europeas.
El documento, titulado “De la deuda barata a las decisiones difíciles”, señala que el reto fiscal de Europa es estructural: el envejecimiento de la población, el gasto en defensa y los costes de los intereses ampliarán automáticamente los déficits en al menos 3 puntos porcentuales del PIB para 2040 en la mayoría de los países de la zona del euro. El endeudamiento no puede ser la única respuesta.
Y añade que un ajuste creíble debe congelar y reasignar el gasto, proteger la inversión e impulsar el crecimiento. Los mercados premiarán los planes que impulsen el crecimiento, no la deuda, concluye.
“El envejecimiento de la población, los gastos en defensa y el aumento de los costes de los intereses podrían suponer un incremento de al menos 3 puntos porcentuales (pp) del PIB en las necesidades de gasto para 2040 en la mayoría de los países de la zona del euro, y de más de 5 pp en España y Portugal. Dado que el gasto público ya se sitúa cerca del 50% del PIB en muchos países europeos, la deuda es elevada y las normas fiscales son estrictas, el simple aumento del endeudamiento no puede ser la solución”, indica Morgan Stanley.

Estas son las grandes tesis que propone el documento:
1. Crecimiento imparable del gasto público estructural
El principal problema es que el gasto público aumenta de forma estructural, impulsado por tres partidas difíciles de reducir: pensiones, sanidad y defensa (que además deberá aumentar en los próximos años).
Al mismo tiempo, los ingresos públicos como porcentaje del PIB prácticamente han dejado de crecer, lo que hace cada vez más difícil financiar ese gasto únicamente mediante impuestos.
Como consecuencia, hay déficits públicos persistentes, dificultad para reducir la deuda, menor margen para afrontar futuras crisis económicas y una creciente presión para incumplir las reglas fiscales europeas.
PwC alerta: el déficit de almacenamiento energético amenaza la integración de renovables en España
2. Elevada deuda pública y mayores costes financieros
El informe sostiene que el aumento de la deuda ya no puede seguir financiándose indefinidamente. Además, conforme los tipos de interés permanecen más elevados, el pago de intereses consume una parte creciente del presupuesto público.
Las principales consecuencias son que hay menos recursos para inversión pública, mayor vulnerabilidad ante nuevas crisis y menor capacidad del Estado para estimular la economía.
3. Envejecimiento demográfico
Aunque no se centra exclusivamente en España, el documento considera que el envejecimiento es el principal motor del incremento del gasto social. Para Morgan Stanley, más jubilados significan mayor gasto en pensiones, mayor gasto sanitario y menor población activa financiando el sistema.
El informe considera que este fenómeno seguirá intensificándose durante las próximas décadas y que tendrá como consecuencias una presión permanente sobre las cuentas públicas y una necesidad de reformas del sistema de pensiones.
4. Poco margen político para recortar gasto
Morgan Stanley señala que gran parte del gasto es prácticamente intocable políticamente. Entre las partidas más difíciles de reducir figuran las pensiones, la sanidad y la protección social.
Además, el incremento del gasto en defensa reduce todavía más el margen para realizar ajustes presupuestarios. Así, el ajuste termina concentrándose sobre una parte relativamente pequeña del presupuesto, lo que hace mucho más complicado equilibrar las cuentas.
5. Riesgo de menor crecimiento económico
El informe de Morgan Stanley advierte de que recurrir únicamente a subidas de impuestos o recortes bruscos del gasto podría perjudicar al crecimiento.
La inversión pública es precisamente la partida con mayor impacto positivo sobre el PIB, por lo que reducirla sería especialmente dañino.

¿Qué soluciones propone Morgan Stanley a estos desafíos de España?
Morgan Stanley no plantea una única receta, sino varias vías complementarias como serían congelar el gasto en términos reales, reformas estructurales, incrementar ingresos o proteger la inversión pública.
Congelar el gasto en términos reales es su propuesta principal. Consiste en que determinadas partidas crezcan únicamente al ritmo de la inflación, pero no del crecimiento real de la economía. De esa manera, su peso sobre el PIB disminuye de forma gradual sin necesidad de realizar recortes nominales.
Según sus estimaciones, con un crecimiento real del 1%, esta medida cubriría aproximadamente la mitad del ajuste exigido por las reglas fiscales; y con un crecimiento cercano al 2%, prácticamente bastaría por sí sola para estabilizar la deuda.
En cuanto a las reformas estructurales, el informe cita varias posibilidades como la reforma de las pensiones, medidas que impulsen el crecimiento potencial, mejoras de productividad o el aumento de la participación laboral. Estas medidas reducirían la presión sobre las finanzas públicas a medio plazo.
Para incrementar ingresos, Morgan Stanely apunta que, aunque no es su opción preferida, algunos países podrían necesitar subidas de impuestos, ampliación de bases tributarias y otras medidas recaudatorias.
No obstante, Morgan Stanley advierte de que la capacidad para seguir aumentando la presión fiscal parece cada vez más limitada.
Por último, Morgan Stanley considera que, si hay que ajustar el gasto, conviene preservar la inversión pública, ya que es la categoría con mayor efecto multiplicador sobre el crecimiento económico.
En conclusión, latesis es que España —como buena parte de la eurozona— se enfrenta a un problema estructural de sostenibilidad fiscal: el gasto en pensiones, sanidad y defensa seguirá creciendo más rápido que los ingresos públicos, mientras que la deuda ya no puede seguir aumentando indefinidamente.
La consecuencia es que será necesario acometer un ajuste fiscal gradual. Morgan Stanley defiende que la vía menos perjudicial sería contener el crecimiento del gasto en términos reales, acompañarlo de reformas estructurales que impulsen el crecimiento y, solo de forma complementaria, recurrir a aumentos de ingresos, evitando recortes bruscos que puedan lastrar la actividad económica.




