PwC alerta: el déficit de almacenamiento energético amenaza la integración de renovables en España

La consultora advierte de que el bombeo funciona al límite con un despliegue de baterías que prioriza el interés comercial sobre las necesidades técnicas del sistema. El PNIEC fija un objetivo de 23 GW para 2030 que el ritmo actual no alcanzará.

El sistema eléctrico español, líder europeo en generación renovable, esconde una grieta que amenaza con frenar la transición: el déficit de almacenamiento energético. El informe presentado este jueves por PwC pone cifras y contexto a un problema del que el sector era consciente pero carecía de diagnóstico oficial.

El bombeo hidráulico, al límite de su capacidad

La capacidad de almacenamiento mediante centrales de bombeo hidráulico, la tecnología que ha vertebrado la integración renovable hasta ahora, apenas ha variado en los últimos años. Sin embargo, la energía gestionada por estas instalaciones se ha triplicado, según el estudio. El mensaje de PwC es nítido: el margen de absorción disponible está prácticamente agotado.

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Este colapso silencioso coincide con un fuerte incremento de la potencia fotovoltaica instalada y con un aumento de los vertidos de energía renovable no aprovechada por falta de capacidad de almacenamiento. El resultado es una paradoja: España, tercer país europeo en penetración de renovables, ve cómo buena parte de esa electricidad limpia se pierde cuando la demanda es baja o la oferta excede la capacidad de la red.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) establece un objetivo de 23 gigavatios (GW) de almacenamiento para 2030, con un reparto equilibrado entre baterías y almacenamiento de larga duración, fundamentalmente bombeo. Pero el diagnóstico de PwC es duro: al ritmo actual de desarrollo, el país no alcanzará esa meta si no se corrigen los obstáculos regulatorios y administrativos que bloquean los nuevos proyectos hidráulicos.

Despliegue asimétrico: baterías al galope, bombeo estancado

bombeo hidráulico España

Mientras las baterías han recibido un impulso regulatorio sin precedentes —con medidas como la eliminación de trámites de evaluación ambiental para proyectos hibridados—, las centrales de bombeo siguen atrapadas en procedimientos complejos, dificultades para obtener concesiones hidráulicas y señales de inversión insuficientes. La distribución de las ayudas públicas también se inclina claramente a favor de las baterías, tanto en volumen de fondos como en intensidad.

PwC advierte de que el despliegue actual de baterías responde a criterios de oportunidad comercial y disponibilidad de acceso a la red, no a las necesidades técnicas del sistema. Muchas instalaciones se concentran junto a parques fotovoltaicos para mejorar su rentabilidad, cuando las necesidades de estabilidad, control de tensión o servicios de red exigen una planificación territorial más equilibrada.

El informe no plantea una guerra tecnológica. Óscar Barrero, socio responsable de Energía de PwC, fue claro en la presentación: ‘En ningún caso recomendamos desarrollar únicamente centrales de bombeo. Las baterías y el almacenamiento hidráulico tienen que ser muy complementarios’. La advertencia es que un desarrollo excesivamente desequilibrado podría volver a generar distorsiones en el mercado, reducir la rentabilidad de las inversiones y dejar sin cubrir las necesidades reales del sistema eléctrico.

Un gigavatio de bombeo mejora el precio capturado por la fotovoltaica el doble que una batería de cuatro horas, pero los obstáculos administrativos mantienen paralizada su expansión.

Desde el punto de vista económico, el estudio de PwC aporta un dato revelador: un gigavatio de bombeo puede mejorar el precio capturado por la energía fotovoltaica aproximadamente el doble que una batería de cuatro horas de duración. La clave reside en su mayor capacidad energética y en la posibilidad de operar durante muchas más horas con diferenciales de precios reducidos. Además, las baterías tienden a canibalizar sus propios ingresos a medida que aumenta su penetración, una tendencia ya visible en mercados como Estados Unidos, Australia o Alemania.

El informe también subraya diferencias técnicas relevantes. El bombeo aporta inercia física al sistema, capacidad de arranque autónomo tras un apagón y una disponibilidad superior, mientras que las baterías destacan por su rapidez de respuesta y su facilidad de implantación. La combinación de ambas es, según PwC, la fórmula para un sistema robusto. El problema es que el desequilibrio actual en el despliegue está creando un suministro de servicios de red que responde más al criterio del inversor que a la planificación del operador del sistema.

La factura técnica del déficit de almacenamiento

El informe de PwC no es una mera foto fija, sino un aviso a navegantes para un país que aspira a superar el 80% de generación renovable antes del final de la década. La carencia de almacenamiento de larga duración coloca al sistema eléctrico en una situación de vulnerabilidad técnica que se manifestará en forma de vertidos crecientes, apuros de cobertura en puntas de demanda y una mayor dependencia de los ciclos combinados de gas para garantizar el respaldo.

España dispone de un potencial excepcional para el bombeo hidráulico, con un relieve y una red fluvial que permitirían multiplicar la capacidad actual sin un coste ambiental prohibitivo. Pero entre el potencial y la realidad median barreras administrativas que ningún gobierno ha abordado con la determinación necesaria. La tramitación de una nueva central de bombeo puede alargarse más de una década, mientras que una batería se instala en meses.

En el entorno europeo, España parte de una posición de ventaja renovable que corre el riesgo de diluirse si no afronta el cuello de botella del almacenamiento. Países con menor recurso solar, pero con redes de bombeo más desarrolladas —como Austria o Noruega—, logran ratios de integración superiores. La propia Comisión Europea ha señalado en sus últimas recomendaciones la necesidad de acelerar los proyectos de almacenamiento de larga duración, y el informe de PwC sitúa a España en el centro de esa urgencia. Mientras, el déficit de almacenamiento español resta competitividad al mix eléctrico y encarece el coste de la integración renovable a largo plazo.

El propio diseño del mercado mayorista, con señales de precio que no retribuyen adecuadamente la firmeza de largo plazo, desincentiva los proyectos hidráulicos frente a las baterías, cuyo modelo de negocio se basa en ciclos diarios de arbitraje. PwC identifica aquí otro punto de tensión: sin un mecanismo de capacidad o subastas de firmeza que valoren los servicios de largo plazo, el sistema se encamina hacia una infraestructura de almacenamiento de ciclo corto que no resolverá los episodios de sequía renovable de varios días.

La amenaza no es abstracta. Los registros de vertidos de renovables baten récords con cada nuevo ejercicio, y el colchón de bombeo se agota. Si España quiere cumplir los objetivos del PNIEC y evitar que los excedentes renovables se conviertan en pérdidas, la administración debe eliminar las barreras que lastran el bombeo sin descuidar el despliegue masivo de baterías. La solución, según la consultora, pasa por acelerar la regulación, agilizar la tramitación administrativa y diseñar incentivos equilibrados que reconozcan el valor de cada tecnología. España aún está a tiempo, pero el informe deja claro que el reloj avanza más rápido que los expedientes, y cada año de retraso es más electricidad limpia que se vierte sin aprovechar. La oportunidad es mayúscula: el país tiene los recursos, el conocimiento y la necesidad; solo falta la voluntad política para alinear todos los factores.


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