Mark Cuban advierte: la IA destruirá millones de empleos

El multimillonario inversor avisa sobre el impacto laboral de la automatización masiva y urge a regular. Sus palabras reavivan el debate sobre la rentabilidad a largo plazo del sector tecnológico.

Mark Cuban no es un agorero de la tecnología: es un inversor que ha hecho fortuna apostando por ella. Por eso, cuando el multimillonario dueño de los Dallas Mavericks advierte de que la inteligencia artificial destruirá millones de empleos, su voz resuena con más fuerza que la de cualquier académico. Según recoge Yahoo Finance, Cuban ha vuelto a cargar contra la euforia inversora en IA, señalando que el coste laboral de la automatización masiva acabará pesando más que los retornos inmediatos.

El inversor, que ya en 2017 pronosticó que la automatización eliminaría empleos “más rápido de lo que la gente cree”, intensifica ahora su mensaje. La IA generativa y los agentes autónomos están acelerando un fenómeno que él ve como el mayor desafío estructural de esta década. “No se trata de si va a pasar, sino de si estamos preparados para gestionarlo”, habría dicho Cuban en una intervención reciente.

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El debate no es nuevo, pero sí la escala. Los despidos en el sector tecnológico —más de 400.000 en los últimos dos años, según datos de Layoffs.fyi— ya no responden solo a ajustes postpandemia. Buena parte de esa reestructuración tiene que ver con la sustitución de tareas por modelos de lenguaje y visión artificial. Y eso afecta tanto a programadores como a analistas financieros, asistentes legales o creadores de contenido.

El mensaje contundente de un ‘tiburón’ tecnológico

Lo que distingue la postura de Cuban es su doble condición: inversor en IA a través de vehículos como Mark Cuban Companies y, al mismo tiempo, crítico feroz de la desregulación. En sus declaraciones no pide frenar la innovación, sino regular la velocidad a la que se despliega. “Si dejas que el mercado decida, el mercado sacrificará empleo por eficiencia sin mirar atrás”, resumía en una entrevista a principios de año.

Para los inversores en renta variable, la advertencia tiene doble filo. Los grandes valores tecnológicos —Nvidia, Microsoft, Alphabet— se han revalorizado en vertical gracias a la IA. Pero un tsunami de desempleo inducido por la misma tecnología podría desencadenar regulaciones agresivas, protestas sociales y, en última instancia, una revisión a la baja de los múltiplos del sector. Es el riesgo de cola que pocos quieren ver.

Cuban pone el foco en algo que el mercado suele ignorar: la retroalimentación negativa. Si la IA destruye millones de puestos de consumo, la demanda agregada se contrae, y con ella los ingresos de las propias compañías que invierten en IA. El círculo virtuoso de la eficiencia puede convertirse en un agujero deflacionista difícil de tapar.

La euforia compradora en tecnológicas ignora el tsunami laboral que la propia tecnología desencadenará.

¿Oportunidad de inversión o burbuja social?

Desde el punto de vista de cartera, la pregunta es si el mercado ha descontado ya ese riesgo. Los índices globales de renta variable tecnológica cotizan a múltiplos que recuerdan a 2021, pero con la diferencia de que ahora los beneficios sí crecen. Sin embargo, la sostenibilidad de ese crecimiento depende de que la demanda siga ahí, y para eso hacen falta empleos, salarios y confianza del consumidor.

Algunos analistas, como los de Goldman Sachs, han empezado a introducir escenarios de estrés en sus modelos, calculando que hasta 300 millones de puestos de trabajo podrían verse afectados de forma significativa en la próxima década. Eso no significa que todos desaparezcan, pero sí que la presión bajista sobre los salarios y la estabilidad laboral será intensa.

En Europa, el debate es aún más sensible. Las regulaciones como la Ley de Inteligencia Artificial de la UE intentan poner barreras, pero su aplicación es lenta y fragmentada. La inversión en IA en el Viejo Continente sigue lejos de la de Estados Unidos, lo que plantea una paradoja: Europa puede sufrir el desempleo tecnológico sin beneficiarse de la creación de riqueza que lo acompaña.

El verdadero riesgo no es la tecnología, sino la velocidad del cambio

Aquí es donde el análisis de Cuban conecta con una verdad incómoda. La historia muestra que cada salto tecnológico destruye y crea empleo a la vez, pero el ritmo actual no tiene precedentes. La máquina de vapor tardó décadas en reconfigurar la fuerza laboral; la electricidad, más de medio siglo. La IA generativa está replicando tareas cognitivas complejas en meses.

Para el inversor particular, el mensaje es claro: diversificar fuera del sector tecnológico más especulativo y prestar atención a compañías que faciliten la transición laboral —educación online, formación profesional, plataformas de recolocación— podría ser una estrategia defensiva inteligente. No se trata de huir de la IA, sino de entender que el mayor riesgo no está en la tecnología, sino en el vacío social que puede dejar.

La advertencia de Mark Cuban no es nueva, pero sí más urgente. Si los reguladores no actúan, serán los mercados los que, tarde y mal, pongan precio al descontento. Y cuando eso ocurra, las correcciones en bolsa no distinguirán entre gigantes tecnológicos y pequeñas cotizadas. La historia dice que el capitalismo se reinventa siempre. La duda es si esta vez tendrá tiempo suficiente para hacerlo sin romper algo por el camino.


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