He analizado los comunicados oficiales que han llegado desde La Habana esta tarde. Cuba ha sufrido este viernes su segundo apagón nacional en solo cinco días, un colapso total del sistema eléctrico que deja a más de once millones de personas sin suministro. La causa inmediata no ha sido detallada por las autoridades, pero el contexto es inequívoco: el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos está estrangulando la generación en una isla con una infraestructura ya gravemente deteriorada.
El apagón y sus cifras
La empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) confirmó en un comunicado en la red social X que el sistema colapsó a las 4:30 de la tarde, hora local. El Ministerio de Energía, por su parte, activó de inmediato los protocolos de recuperación, pero no ofreció un plazo para el restablecimiento. Los datos que manejo hasta ahora apuntan a que esta es la novena caída total del sistema desde 2024 y la cuarta en lo que va de 2026.
Detrás de esta crisis no hay un solo fallo técnico, sino una combinación letal de dos factores: el deterioro acumulado durante décadas y, sobre todo, la falta de combustible. Desde enero, el presidente estadounidense Donald Trump recortó los envíos de crudo a Cuba, endureciendo un bloqueo que ya dura más de seis décadas. La isla necesita más de 100.000 barriles diarios para cubrir sus necesidades energéticas. El único barco cisterna que ha atracado desde la imposición del bloqueo fue ruso, y su carga apenas alcanzó para dos semanas de consumo.
‘Se ha producido un colapso total del sistema eléctrico nacional a las 4:30 p.m. hora local.’ — UNE, compañía estatal de electricidad de Cuba, 11 de julio de 2026
El impacto humanitario es inmediato. Hospitales sin suministro eléctrico, neveras que descongelan alimentos básicos, nueve millones de personas sin aire acondicionado en un verano caribeño. Las protestas del 11 de julio de 2021, que exigían libertad y pan, quedan lejos, pero las condiciones materiales que las dispararon se han agravado.
La dimensión geopolítica del bloqueo
Lo que veo detrás de este apagón es mucho más que una avería técnica: es el resultado tangible de una estrategia de presión máxima sin salida política a la vista. Trump vinculó el bloqueo a su objetivo de ‘derrocar al gobierno comunista’ de La Habana, y la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro a principios de año privó a Cuba de su principal proveedor de crudo subsidiado. Washington asfixia económicamente a la isla, mientras Moscú solo puede ofrecer un salvavidas simbólico que no cambia la ecuación.
El historial enseña que los bloqueos no derriban regímenes, pero sí destruyen economías y empujan a la gente al mar. La actual crisis energética ya está acelerando los flujos migratorios. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. registró un máximo histórico de llegadas de cubanos en 2023, y la tendencia no ha cesado. La Unión Europea, y en especial España, observan con preocupación: más miseria en Cuba se traduce en más pateras en Canarias.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España, el drama energético cubano tiene consecuencias directas e indirectas. La primera es migratoria: una isla a oscuras y sin alimentos expulsa a su población, y las rutas atlánticas hacia las islas Canarias se reactivan con fuerza. La segunda es económica: Cuba es un productor relevante de níquel, un mineral crítico para las baterías de vehículos eléctricos y la transición energética europea. Un colapso prolongado de la isla interrumpiría las cadenas de suministro de este metal, justo cuando la UE intenta reducir su dependencia de China. Por último, el episodio recuerda las consecuencias de una excesiva dependencia energética externa: un riesgo que Europa ha empezado a abordar con el almacenamiento de gas y la diversificación de fuentes, pero que sigue siendo una vulnerabilidad estratégica.
No me cabe duda de que el próximo capítulo de esta crisis se escribirá con datos de migración y con el precio del níquel en el London Metal Exchange. Mientras, el pueblo cubano se prepara para otra noche a oscuras.




