Que el delantero Erling Haaland tome leche cruda y la llame superalimento no convierte ese gesto en una ventaja para tu rendimiento. La evidencia científica sobre sus supuestos beneficios es prácticamente nula y, en cambio, la seguridad alimentaria más básica advierte de que saltarse la pasteurización puede causar trastornos digestivos capaces de interrumpir tu regularidad.
El mito que vende Haaland: una afirmación sin respaldo
En un episodio de su canal de YouTube dedicado a su rutina diaria, el futbolista del Manchester City explicó que incluye leche sin pasteurizar en sus desayunos y la calificó de “superalimento”. Argumenta que es buena para el estómago, la piel, los huesos y los músculos. Sin embargo, ninguna de esas propiedades está avalada por la ciencia del rendimiento ni por los organismos que velan por la seguridad de los alimentos. Se trata de una creencia personal, no de un consejo dietético con fundamento.
La letra pequeña que no ves: lo que de verdad contiene la leche cruda
La leche que no ha recibido ningún tratamiento térmico mantiene intactos todos los microorganismos que pudieran estar presentes en la materia prima. Por eso la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) desaconseja consumirla sin hervir previamente. Incluso animales sanos pueden albergar bacterias que, al ingerirlas, provocan cuadros gástricos severos que te alejarían varios días del gimnasio o de tu puesto de trabajo. No se trata de un riesgo remoto: la propia normativa obliga a los establecimientos minoristas que emplean leche cruda a hervirla o someterla a un tratamiento equivalente antes de servirla.
En la práctica, consumirla sin hervir equivale a hacer una apuesta innecesaria. El supuesto “extra de calidad” que promete su vertiente más mediática (más enzimas, más vitaminas) se diluye en cuanto examinas la composición real: el calor de la pasteurización no altera de forma significativa las proteínas de alto valor biológico, los ácidos grasos ni los minerales como el calcio y el fósforo que interesan a cualquier persona que entrena. La diferencia nutricional es mínima; la diferencia en seguridad, en cambio, es enorme.
Pasteurizar no es restar, es sumar seguridad y consistencia
El tecnólogo de alimentos Mario Sánchez (@SefiFood) lo resume con claridad: “No tiene ningún sentido priorizar este tipo de leche frente a una que podemos encontrar en el supermercado”. La pasteurización aplica calor durante un tiempo controlado para eliminar los microorganismos no deseados sin comprometer el perfil nutricional. La leche entera pasteurizada que compras hoy te aporta la misma matriz de macronutrientes —proteína, grasa láctea y lactosa— que una cruda, pero con la tranquilidad de que no te expondrás a un contratiempo digestivo que rompa tu semana de entrenamiento.
De hecho el marco regulatorio europeo permite la venta de leche cruda, pero siempre bajo estrictos controles sanitarios y con la obligación de informar al consumidor de que debe hervirla. El problema aparece cuando esa recomendación se ignora porque un deportista famoso la eleva a la categoría de “supercomida”. Entonces la decisión del consumidor se despega de la evidencia y se convierte en un acto de fe sin red de seguridad.
El hecho de que Haaland meta muchos goles no convierte la leche cruda en una ventaja dietética; es una correlación sin sentido que la ciencia del rendimiento no respalda.

Cómo comprar lácteos con criterio y sin riesgos
La clave del consumo inteligente en el pasillo de los lácteos está en mirar el tratamiento térmico que ha recibido el producto. La inmensa mayoría de las leches, yogures y quesos que ves en el lineal han sido pasteurizados o esterilizados; basta con buscar en la etiqueta la palabra “pasteurizada” o “leche tratada térmicamente”. Si la etiqueta no lo indica con claridad, desconfía. En España, la leche cruda dirigida directamente al consumidor final debe ir identificada como tal, así que leer las letras pequeñas es tu mejor herramienta.
Si lo que buscas es un producto de proximidad o de granja, puedes decantarte por leche fresca pasteurizada. Este formato conserva un sabor más “auténtico” sin prescindir de la seguridad que proporciona el calentamiento controlado. Y si aun así alguien insiste en consumir leche cruda, la única vía sensata es hervirla hasta que alcance una ebullición completa varias veces, una práctica que igualmente elimina los riesgos y que, a efectos prácticos, te devuelve a la casilla de salida: un lácteo tratado.
Por qué la ciencia de la seguridad alimentaria es rotunda
La AESAN, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y todos los organismos homólogos coinciden: la pasteurización es la forma más eficaz de garantizar que un lácteo no se convierta en un vector de alteraciones digestivas graves. El supuesto valor añadido de la leche sin tratar nunca ha sido demostrado en estudios de intervención que midan fuerza, composición corporal o energía diaria. Se apoya en relatos personales y en corrientes de desconfianza hacia la industria que, llevadas a la práctica, pueden pagarse con interrupciones de tu rutina.
Desde la perspectiva del consumidor que quiere maximizar su rendimiento, la leche pasteurizada ofrece exactamente lo mismo que la cruda en cuanto a proteína y calcio, con la ventaja añadida de que no te la jugarás cada mañana. Porque la regularidad en el entrenamiento y la energía estable a lo largo del día dependen, en buena parte, de que el sistema digestivo no te boicotee. Y ahí un lácteo sin tratar es un compañero impredecible.
⚡ Rutina de Optimización Diaria
- Revisa la etiqueta antes de comprar: Asegúrate de que el envase indica “leche pasteurizada” o “tratada térmicamente”. Evita cualquier producto que presuma de “crudo” como seña de pureza sin advertir que necesita hervido.
- Apuesta por el sabor local con seguridad: Si te interesa la leche de cercanía, elige variedades frescas pasteurizadas que se encuentran en muchos mercados y tiendas especializadas; mantienen el perfil organoléptico sin los riesgos.
- No traslades el rendimiento de un ídolo a tu despensa: Que un deportista de élite tome leche cruda no significa que sea un superalimento. Basa tus elecciones en la evidencia de seguridad alimentaria y en el aporte real de nutrientes, no en cámaras de YouTube.




