He revisado los resultados de la encuesta de Nikkei con detenimiento y la cifra que más me preocupa no es el 4,6% de crecimiento previsto para el segundo trimestre, sino la confirmación de que el consumo interno chino sigue sin traccionar. El gigante asiático afronta una desaceleración que, aunque moderada en términos porcentuales, revela un problema estructural que puede tener consecuencias para la cadena de suministro global.
La encuesta de Nikkei: una foto más débil de lo que sugieren los números
El sondeo realizado entre una veintena de economistas —cuyas conclusiones adelantó Nikkei Asia— sitúa el crecimiento del PIB de China en el 4,6% interanual durante el segundo trimestre, frente al 5,0% del primer trimestre. La desaceleración se produce por dos vías: la persistente debilidad del mercado inmobiliario y los choques energéticos derivados de la incertidumbre en Oriente Medio.
La encuesta de Nikkei apunta a que el crecimiento del PIB del segundo trimestre se habría desacelerado al 4,6%, lastrado por la debilidad del consumo interno y los conflictos geopolíticos», según la propia publicación.
Varios indicadores complementarios respaldan esta fotografía:
- El PMI Caixin manufacturero de junio se mantuvo por debajo de 50 durante tres meses consecutivos antes de repuntar ligeramente, mientras que la producción industrial de mayo creció menos de lo esperado.
- Las ventas al por menor, el termómetro del consumo, apenas avanzaron un 2,5% en mayo en términos reales, muy lejos de las tasas superiores al 8% que se registraban antes de la pandemia.
- La inversión inmobiliaria continuó contrayéndose a doble dígito, con los precios de la vivienda nueva en las 70 principales ciudades bajando por décimo mes consecutivo.
- Las exportaciones, que habían sostenido el crecimiento en 2025, mostraron signos de fatiga en junio por la menor demanda europea y estadounidense.
Lo que dibujan estos datos parciales es un panorama en el que la demanda externa ya no compensa la anemia del gasto de los hogares, lo que obliga a Pekín a replantear sus estímulos.
Análisis: la demanda interna, el eslabón que se resquebraja
Llevo meses siguiendo la evolución del consumo en China y la situación ha empeorado en 2026. La confianza de los hogares sigue en mínimos históricos. El ahorro por precaución se ha disparado y los consumidores posponen compras de bienes duraderos como coches o electrodomésticos. Aunque el Banco Popular de China ha recortado el LPR a un año en varios movimientos este año, el crédito no fluye hacia las familias porque el problema no es el tipo de interés, sino la percepción de riesgo y la caída de la riqueza inmobiliaria.
La debilidad del gasto interno no solo frena el crecimiento. También genera un exceso de capacidad industrial que China termina exportando al resto del mundo en forma de deflación. Los precios de fábrica (PPI) llevan meses en terreno negativo y el IPC se mantiene plano. Esto presiona a los márgenes de las fábricas y alimenta los temores de que Pekín utilice la deflación como arma competitiva.
El dato oficial del PIB del segundo trimestre se conocerá en las próximas semanas y hay un riesgo real de que confirme una lectura incluso por debajo del 4,5%. Si eso ocurre, el Gobierno se verá forzado a acelerar la emisión de deuda especial para infraestructuras, que hasta ahora ha avanzado a un ritmo lento. El margen de maniobra fiscal existe, pero la ejecución sigue siendo el talón de Aquiles de Pekín.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Para Europa y España, esta desaceleración no es inocua. China es el principal proveedor de bienes de consumo y componentes industriales. Una demanda china más débil tiende a contener los precios de importación, lo que refuerza la tendencia desinflacionista en la eurozona. Esto podría acelerar los recortes de tipos del Banco Central Europeo si la inflación subyacente se modera más de lo previsto.
- Empresas españolas expuestas: firmas del Ibex 35 con presencia en China —como Inditex o las hoteleras— ya notan un menor dinamismo en el consumo local. Las exportaciones de bienes de equipo y componentes de automoción también sufren un menor tirón de la demanda china.
- Euríbor e hipotecas: si el BCE acelera los recortes porque la desinflación importada de China es mayor de lo esperado, el euríbor a 12 meses podría bajar más rápido, aliviando las hipotecas variables en España, aunque también sería señal de debilidad económica global.
- Materias primas: el petróleo y los metales industriales ya están corrigiendo. El Brent ronda los 75 dólares, presionado por la menor expectativa de demanda china, lo que abarata la factura energética de Europa pero penaliza a las empresas del sector.
La clave, como siempre con China, es la velocidad de la desaceleración. Un aterrizaje suave es asumible; un frenazo brusco que arrastre a los emergentes asiáticos tendría repercusiones sistémicas. Los próximos datos de actividad en agosto serán determinantes para calibrar si Pekín logra estabilizar la economía o si, por el contrario, asistimos al inicio de un ciclo más prolongado de bajo crecimiento que afectará a la cadena de suministro global durante varios trimestres.




