La reapertura del estrecho de Ormuz, confirmada esta semana, ha eliminado de un plumazo la prima de riesgo geopolítico que llevaba meses sosteniendo el precio del crudo. El Brent, que llegó a rozar los 90 dólares por barril durante el pico de la crisis, ha caído ya un 8% en dos sesiones y amenaza con perforar los 60.
El paso, por el que transita una quinta parte del petróleo mundial, llevaba cerrado desde mayo tras una escalada de tensiones entre potencias regionales. Ningún barco se atrevía a cruzar. Las aseguradoras doblaban primas. El mercado interiorizó un escenario de suministro cortado. Con la reapertura, ese escenario estalla.
La lógica es contundente: un activo que cotiza guerra y desabastecimiento deja de tener sentido cuando la guerra se enfría. El miedo ha sido, durante ocho semanas, el puntal de unos precios que el crudo no iba a justificar por fundamentales puros. La demanda china sigue débil, la producción estadounidense se mantiene en máximos históricos y la OPEP+ lleva meses sin pisar el freno. Descontado el riesgo geopolítico, sobra crudo.
Por qué subió el crudo antes de la reapertura
Para entender la caída hay que recordar el sprint alcista. Durante el bloqueo, el Brent sumó 22 dólares en tres semanas, el mayor salto desde el estallido de la guerra en Ucrania en 2022. El temor a un cierre indefinido llevó a los fondos especulativos a acumular posiciones largas récord. Cada titular sobre un incidente en el Golfo disparaba subidas intradía de hasta un 5%.
Ahora, esos mismos fondos están deshaciendo apuestas. Los datos de posicionamiento del ICE muestran la mayor liquidación de contratos largos en seis meses. El giro es violento, y explica por qué el precio puede caer más rápido de lo que subió.
Con todo, la caída no será lineal y habrá que vigilar de cerca las decisiones de la OPEP. Si Arabia Saudí ve que el barril se acerca a los 60, podría convocar una reunión de emergencia para recortar producción. Pero por ahora, las señales apuntan a un sobreajuste.
El crudo ha perdido en una semana el extra que le daba la geopolítica. Lo que queda es un mercado aburrido, que para las petroleras del IBEX es una mala noticia.
El doble filo de la normalidad para la bolsa española
La vuelta a la calma en Ormuz tiene rostros concretos en la bolsa española. Repsol, que acumulaba una subida del 15% en lo que iba de año apoyada en los altos precios, ha perdido un 4,2% en las últimas dos sesiones. La petrolera es el termómetro del sector, pero no el único damnificado.
Valores como Técnicas Reunidas, muy expuesta a contratos en Oriente Medio, o Enagás, sensible a las expectativas de precios del gas vinculado al crudo, también han corregido. Los analistas de Renta 4 han rebajado esta semana sus recomendaciones para el sector energético español, citando precisamente la erosión de la prima de riesgo geopolítico. Aconsejan pasar de ‘sobreponderar’ a ‘neutral’.
Para el inversor minorista, el mensaje es claro: la reapertura invita a revisar las tesis de inversión en un sector que llevaba meses navegando sobre un colchón artificial. Quien compró petroleras pensando en un barril a 90 necesita ahora papel y calculadora.
La trampa de cotizar la paz
Llevo años cubriendo el mercado del crudo y hay un patrón repetido: el precio baja cuando la sangre no llega al río. El estrecho de Ormuz no es el primer sobresalto que se desvanece. Ocurrió con el Estrecho de Malaca en 2023, con los ataques hutíes en el mar Rojo en 2024, y vuelve a ocurrir ahora. El mercado reacciona al drama, y después se aburre.
La cuestión es si esta vez el aburrimiento durará. Los riesgos estructurales de suministro siguen ahí: la capacidad excedente de la OPEP está en mínimos, la producción rusa enfrenta sanciones y la inversión en nueva capacidad upstream sigue por debajo de los niveles necesarios. Pero ninguno de esos factores es nuevo. Llevan años descontados a medias.
La reapertura de Ormuz deja el crudo desnudo, apoyado solo en la demanda real. Y esa demanda, con los datos manufactureros de Europa y China en zona de contracción, no pinta bien. El próximo informe de la AIE, previsto para el 15 de agosto, podría confirmar un superávit para el cuarto trimestre. Ese es el hito que marcará el suelo del barril. Por ahora, la noticia de paz es una mala noticia para el petróleo.




