Japón se hunde: deuda pública disparada, yen colapsado y tipos históricos

El yen se desploma casi un 40% desde 2022 y la deuda a 30 años supera por primera vez el 4%. Juan Ramón Rallo explica cómo el Banco de Japón ha quedado atrapado entre contener los tipos o defender la divisa.

Japón está viviendo una tormenta perfecta en sus mercados financieros. La deuda pública a 30 años acaba de superar por primera vez en la historia el umbral del 4% anual, mientras que el yen se ha desplomado casi un 40% frente al dólar desde 2022. En su último análisis, Juan Ramón Rallo recorre el callejón sin salida en el que se encuentra la tercera economía mundial: atrapada entre la espada de los tipos de interés y la pared de la depreciación.

Tipos de interés en máximos históricos

Rallo muestra un gráfico en el que la rentabilidad de los bonos del gobierno japonés a 30 años se dispara hasta niveles desconocidos, por encima del 4%. El bono a 10 años, por su parte, cotiza en su punto más alto desde 1996, hace tres decadas. Lo más llamativo, argumenta el analista, es la velocidad del giro: a finales de la década pasada, esos mismos títulos pagaban tipos negativos (el Estado cobraba por endeudarse) y ahora el coste de la deuda nipona se acerca a los máximos de los últimos treinta años.

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El contagio de la subida de tipos mundial

¿Qué está provocando esta escalada? La primera razón, explica Rallo, es externa. Desde 2022, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han subido sus tipos de interés para combatir la inflación global. Cuando un inversor japonés ve que los bonos americanos le ofrecen un 4% o un 5% y los japoneses apenas pagan nada, la tentación de vender deuda nipona para comprar papel estadounidense es irresistible. Esa operación de arbitraje masivo presiona a la baja los precios de los bonos japoneses, y una caída de precio significa una subida del tipo de interés. Así se importa la tensión de los mercados globales al corazón del archipiélago.

El dilema imposible del Banco de Japón

El Banco de Japón no se queda de brazos cruzados. Rallo recuerda que, durante mucho tiempo, la autoridad monetaria compró los bonos que los inversores locales vendían para evitar que los rendimientos subieran. El problema es que esa intervención se paga creando nuevos yenes: mayor oferta de moneda que, si no va acompañada de una demanda equivalente, hunde la divisa. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido: el yen ha pasado de cotizar en torno a 100 unidades por dólar antes de 2022 a cambiarse hoy a 161 yenes por billete verde. Una depreciación de casi el 40% que, según Rallo, es la factura que Japón ha tenido que pagar por contener la subida de los rendimientos.

Si el Banco de Japón compra deuda para contener los tipos, el yen se deprecia; si deja que los tipos suban, el Tesoro se acerca a la insolvencia. Japón está atrapado entre la espada y la pared.

— Juan Ramón Rallo

La apuesta fiscal del nuevo gobierno aviva el fuego

Pero la presión no viene solo del exterior. Juan Ramón Rallo señala que el nuevo ejecutivo japonés, que él identifica con Sanae Takaichi, está aplicando una política fiscal muy expansiva: más gasto público y más emisiones de deuda. “Están echando más leña al fuego”, resume el economista. Si el gobierno quiere colocar más bonos entre los ahorradores locales, tendrá que pagar tipos aún más altos; si, por el contrario, espera que el Banco Central vuelva a comprar esas nuevas emisiones, la inyección adicional de yenes acelerará la depreciación.

El juego del gallina entre Gobierno y Banco Central

Rallo describe la situación como un juego del gallina: el Tesoro emite deuda sin freno y reta al Banco de Japón a que deje subir los tipos, sabiendo que una escalada excesiva podría quebrar las cuentas públicas. Por eso, las posiciones cortas sobre el yen están cerca de máximos históricos: los especuladores anticipan que el regulador monetario cederá otra vez y permitirá que la divisa siga perdiendo valor antes que provocar una crisis de deuda. Con un pasivo bruto cercano al 250% del PIB, subir los tipos sin miramientos no solo encarece la factura financiera del gobierno, sino que incrementa el déficit acelerando, paradójicamente, la desconfianza en la moneda.

¿Contagio global? La advertencia de Goldman Sachs

El daño no se queda en el Pacífico. Rallo cita estimaciones de Goldman Sachs según las cuales cada punto porcentual que suben los rendimientos japoneses añade entre 0,2 y 0,3 puntos a los tipos de interés de Estados Unidos y de la eurozona. Si el ahorro japonés, que durante años emigró al exterior en busca de rentabilidad, empieza a repatriarse atraido por los nuevos tipos locales, la presión alcista sobre la deuda occidental podría intensificarse. Un episodio de contagio inverso que convertiría el problema japonés en un dolor de cabeza para todos.

Un impuesto encubierto sobre los ahorradores

El análisis de Rallo introduce una lectura política incómoda: la represión financiera que ejerce el Banco de Japón al fabricar yenes para financiar al gobierno es, en realidad, un impuesto invisible. La depreciación de la moneda y la inflación interna erosionan el poder adquisitivo del ahorrador de a pie mientras el principal deudor del país —el propio Estado— aligera sus compromisos en términos reales. Un ciudadano japonés que en 2022 poseía el equivalente a cien millones de yenes en dólares ha visto cómo su patrimonio se contraía de forma significativa. Esa “monetización silenciosa”, sostiene el economista, podrá mantenerse mientras la sociedad aguante el coste; cuando la tolerancia se agote, el régimen completo se vendrá abajo.

La encrucijada japonesa es, por tanto, mucho más que un fenómeno local. Los especuladores ya apuestan a que el yen seguirá debilitándose, y cada nuevo dato de deuda o inflación acerca el momento en que alguien —el Banco de Japón, el gobierno o los ahorradores— tendrá que pestañear primero. Mientras ese pulso se alarga, los inversores globales harían bien en vigilar las gráficas que llegan desde Tokio.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

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