Arqueólogos hallan ciudad bizantina intacta en Dajla junto a tumbas con ‘lengua de oro’

El asentamiento del siglo IV revela calles ortogonales, una basílica y monedas de oro. Por separado, 18 tumbas grecorromanas ofrecen más piezas de la enigmática costumbre funeraria.

Egipto vuelve a sacudir el mapa del Mediterráneo antiguo. El Ministerio de Turismo y Antigüedades ha presentado esta semana dos hallazgos que conectan el esplendor del período bizantino con las creencias funerarias del mundo grecorromano. En el oasis de Dajla, a más de 500 kilómetros al oeste del Nilo, los arqueólogos han exhumado una ciudad residencial completa del siglo IV d.C. Y a apenas cien kilómetros de Alejandría, en Marina el-Alamein, otras 18 tumbas han ampliado una necrópolis que ya era peculiar: varias de ellas escondían la llamada «lengua de oro», una delgada lámina depositada en la boca del difunto para que pudiera hablar ante los jueces del inframundo.

Una ciudad bizantina congelada en el tiempo

La ciudad de Dajla sorprende por su estado de conservación y la claridad de su trama urbana. Los trabajos de excavación han revelado un trazado ortogonal de calles norte-sur que se cruzan con vías este-oeste, generando plazas abiertas y espacios públicos. En el corazón del asentamiento se alza una basílica de mediados del siglo IV, que mira a las principales arterias y domina visualmente el conjunto. A su alrededor, dos torres de vigilancia protegían los límites de la urbe, mientras que las viviendas —algunas con techos abovedados y salas de recepción— hablan de una comunidad próspera y organizada.

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La casa de Tisous, identificado como diácono de la iglesia en la segunda mitad del siglo IV, es una de las joyas de la excavación. Los investigadores creen que esta vivienda funcionó como iglesia doméstica antes de que se levantara la basílica, un dato que arroja luz sobre la cristianización de los oasis del desierto occidental. En el interior se han recuperado monedas de bronce con los retratos de los emperadores bizantinos y un puñado de áureos de Constancio II —soberano entre 337 y 361 d.C.—, además de unas doscientas piezas de cerámica que no son simples fragmentos: se trata de ostraca con inscripciones en latín y griego que recogen transacciones comerciales, mensajes personales y pormenores de la vida cotidiana. Una ventana directa a la economía y la letra pequeña del imperio.

Las cocinas descubiertas, con sus hornos de pan y útiles de molienda de piedra, certifican que Dajla no era un puesto militar ni una misión religiosa aislada, sino una ciudad que se alimentaba, comerciaba y rezaba. Los arqueólogos apuntan que la combinación de una iglesia de considerable tamaño, una planificación tan cuidada y la presencia de monedas de oro sugiere que el asentamiento tuvo un papel relevante en la ruta que conectaba el valle del Nilo con los oasis del Sáhara. Además, el oasis de Dajla forma parte desde hace años de la lista indicativa de UNESCO, paso previo para aspirar al estatus de Patrimonio de la Humanidad.

El desierto ha devuelto una ciudad entera con sus cartas, su basílica y hasta el oro de sus soberanos, como si el siglo IV se hubiera detenido bajo la arena.

Tumbas de lengua de oro en la costa de Alejandría

A cien kilómetros al oeste de Alejandría, en Marina el-Alamein, la segunda campaña ha sumado 18 sepulturas a la necrópolis ya conocida, elevando el total a 48 tumbas. Once de ellas están excavadas en la roca —algunas alcanzan los ocho metros de profundidad— y siete son construcciones de sillares de caliza levantadas sobre la superficie. El hallazgo más llamativo es un sarcófago de granito de 2,5 metros de longitud con restos óseos cuyo análisis acaba de empezar. Junto a él ha aparecido una esfinge de yeso, deteriorada pero reconocible, que recuerda la influencia helenística de la zona.

Pero lo que ha disparado la atención de los egiptólogos son las cuatro piezas de oro encontradas dentro de la boca de otros tantos individuos. La costumbre de la «lengua de oro» no es nueva: ya se había documentado en otros puntos del Egipto ptolemaico y romano. Se colocaba para que el alma del difunto pudiera articular su defensa ante el tribunal de Osiris o, en época grecorromana, ante los jueces del Hades. Los nuevos ejemplares, finísimos y trabajados con un realismo anatómico sorprendente, refuerzan la hipótesis de que la práctica era más común de lo que se pensaba y que Marina el-Alamein fue un puerto próspero donde convivieron ritos egipcios y griegos.

Los arqueólogos han recuperado además decenas de vasijas, ánforas, lucernas, platos y cuencos de piedra caliza, todo un ajuar que acompañaba a los muertos en su viaje. El yacimiento se identifica con la antigua Leukaspis, un puerto que floreció entre los siglos II y IV d.C. y que quedó soterrado por la arena hasta su primer hallazgo en 1986. Las cifras de visitantes a Egipto —19 millones en 2025 y 6,1 millones solo en el primer cuatrimestre de 2026, según datos oficiales— colocan a las antigüedades en el centro de la estrategia turística del país.

Lo que las lenguas de oro cuentan sobre el más allá

Mientras la ciudad de Dajla habla de cómo se vivía, las tumbas de lengua de oro hablan de cómo se moría. En ambos casos, el dato arqueológico rebate la imagen de un Egipto romano-bizantino uniforme. Dajla demuestra que el trazado urbano y la vida parroquial se adaptaban creativamente al desierto, lejos del Nilo. Las ostraca sugieren una comunidad alfabetizada, con redes comerciales que llegaban hasta la ceca imperial. El hallazgo de monedas de Constancio II, un emperador que luchó por imponer el arrianismo, añade una capa de complejidad religiosa.

Por su parte, las piezas bucales de oro embarran todavía más la frontera entre la religión egipcia y la griega. Los expertos del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio sostienen que estos amuletos no son un capricho aislado, sino la prueba de un sincretismo consolidado: el alma necesita un órgano dorado para pronunciar las fórmulas correctas, ya sea ante Osiris o ante los jueces ctónicos. El hecho de que las lenguas aparezcan en una necrópolis portuaria refuerza la idea de una ciudad cosmopolita donde convivían mercaderes, navegantes y funcionarios de distinta procedencia.

Sin embargo, conviene mantener la cautela. Los contextos estratigráficos de Marina el-Alamein son complejos y el estudio del sarcófago de granito apenas ha empezado. Tampoco se ha publicado todavía una memoria definitiva de la excavación de Dajla. Las autoridades egipcias, conscientes del tirón mediático, están acelerando las labores con miras a la candidatura UNESCO del oasis. Pero la ciencia necesita su ritmo. Lo que sí está claro es que ambos descubrimientos reescriben la periferia del imperio en su momento de transición al cristianismo y ofrecen, literalmente, las palabras que los muertos querían llevarse a la tumba.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Una ciudad bizantina residencial del siglo IV en Dajla y 18 tumbas grecorromanas en Marina el-Alamein, con lenguas de oro en boca de algunos difuntos.
  • Dónde: Oasis de Dajla (desierto occidental egipcio) y Marina el-Alamein (costa mediterránea a 100 km de Alejandría).
  • Institución responsable: Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto y Consejo Supremo de Antigüedades.
  • Cuándo: Excavaciones realizadas a lo largo del último año y anunciadas el 5 de julio de 2026.
  • Impacto a futuro: Nuevos datos sobre urbanismo bizantino y sincretismo religioso, refuerzo de la candidatura UNESCO del oasis de Dajla y estímulo al turismo cultural egipcio.

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