El nuevo panorama energético podría dejar atrás al modelo de Naturgy; no por nada los analistas de Deutsche Bank apuntan a que el mundo está entrando en una nueva fase energética, donde las inversiones en torno hacia las redes serán el estándar, ya que sostienen que la elevada demanda de energía propiciada por la entrada de la inteligencia artificial va a necesitar una gran presencia de redes.
Por ello, el modelo de Naturgy basado en el uso del gas como energía puente para sostener la demanda podría empezar a entrar en decadencia, debido a que no constituyen el pilar central de estas inversiones que constituirán el entorno energético. Es decir, el nuevo escenario energético que defienden los teutones no contempla el gas sino la electrificación total del sistema a través de renovables y redes.
El nuevo modelo energético prioriza a las redes y a la electrificación renovable
El banco alemán sostiene que el mundo está entrando en una nueva fase energética marcada por el crecimiento de la demanda eléctrica derivada de los centros de datos, la inteligencia artificial, el vehículo eléctrico y la electrificación industrial. Pero el principal problema ya no es generar más energía renovable. Según el informe, el verdadero cuello de botella se encuentra en la infraestructura necesaria para transportarla.
Datos de los teutones sostienen que la inversión mundial en renovables prácticamente se ha duplicado desde 2010, mientras que la destinada a redes eléctricas ha permanecido estancada durante años en torno a los 300.000 millones de dólares anuales. Mientras que, para cumplir los objetivos energéticos globales, la Agencia Internacional de la Energía estima que esta cifra deberá superar los 600.000 millones anuales antes de 2030.

Es decir, las redes han experimentado una profunda infrainversión, donde la generación renovable ha ido más rápido que la capacidad del sistema para absorberla. En este sentido, BloombergNEF calcula que serán necesarias inversiones de hasta 15,8 billones de dólares en redes eléctricas hasta 2050, además de desplegar cerca de 29 millones de kilómetros adicionales de infraestructura de transporte y distribución.
De hecho, Deutsche Bank señala que más de 3.000 GW de proyectos renovables permanecen actualmente bloqueados en listas de espera para obtener conexión a la red, mientras que en Europa la congestión de las infraestructuras eléctricas provocó costes cercanos a los 9.000 millones de euros durante 2024 y el desaprovechamiento de unos 72 TWh de energía renovable por falta de capacidad de transporte.
Naturgy pasaría de ver al gas como una tecnología de crecimiento a una tecnología solo de apoyo
Este diagnóstico supone un cambio de paradigma para compañías como Naturgy, ya que mientras el informe identifica las redes eléctricas como uno de los principales receptores de inversión de las próximas décadas, una parte relevante de la actividad del grupo continúa ligada al negocio gasista. No se trata únicamente de la comercialización o del aprovisionamiento internacional de gas, sino también de una parte significativa de la infraestructura sobre la que históricamente se ha apoyado su modelo de negocio.
El problema para Naturgy no es que el gas vaya a desaparecer, de hecho, Deutsche Bank tampoco plantea ese escenario, ya que los ciclos combinados seguirán siendo necesarios para garantizar estabilidad al sistema y cubrir los periodos en los que las renovables no puedan atender la demanda. Sin embargo, el papel del gas parece evolucionar desde una tecnología de crecimiento hacia una tecnología de respaldo. Y esa diferencia es fundamental desde el punto de vista de la inversión, ya que está migrará a apoyar al desarrollo de redes.

La pregunta que deja abierta el informe es si el mercado seguirá otorgando las mayores valoraciones a las compañías expuestas al gas cuando el grueso de las inversiones futuras se dirige hacia redes, almacenamiento e infraestructura eléctrica. Mientras empresas vinculadas a la electrificación pueden beneficiarse de una expansión estructural de capital durante décadas, Naturgy corre el riesgo de ver cómo algunos de sus activos más relevantes evolucionan hacia negocios cada vez más maduros y regulados.
Es decir, el gas seguirá siendo necesario para sostener la transición energética al menos en el corto plazo, pero eso no implica que siga siendo el centro de la creación de valor. En la década pasada, la molécula fue presentado como el gran puente hacia la descarbonización, un relato que Deutsche Bank cuestiona ahora debido a la electrificación acelerada que está empezando a construir una ruta alternativa en la que el protagonismo pase de los combustibles a las infraestructuras eléctricas.
Por ello, el verdadero desafío estratégico para Naturgy no consiste en demostrar que el gas seguirá siendo útil, sino en convencer al mercado de que puede participar de forma relevante en los segmentos donde se concentrará la inversión futura. Porque si la próxima fase de la transición energética va a estar marcada por las redes, las interconexiones y la electrificación masiva de la economía, la pregunta deja de ser cuánto vale hoy el negocio gasista.




