La ola de calor que asfixia Europa este fin de semana está provocando una crisis de infraestructuras y sanitaria sin precedentes en junio. Temperaturas de hasta 42 grados han deformado vías de ferrocarril en Alemania y Austria, obligado a cancelar cientos de vuelos en el Reino Unido y saturado los servicios de emergencia en Francia y Bélgica, donde ya se habla de ‘crisis sanitaria’.
Alemania y Austria: raíles deformados y trenes paralizados
La operadora ferroviaria alemana Deutsche Bahn ha pedido este sábado a los viajeros que eviten todos los desplazamientos no imprescindibles en trenes de larga distancia y cercanías. Según la compañía, la red sufre ya los efectos de las temperaturas extremas, que el Servicio Meteorológico Alemán sitúa en hasta 42 grados en algunas zonas, un récord histórico para un mes de junio.
Pero el problema va más allá del aviso: fallos técnicos en el sistema de radiocomunicación digital han obligado a paralizar la circulación nacional de trenes. Además, la empresa ha alertado de que las vías están sufriendo deformaciones por el calor, lo que reduce la velocidad de los convoyes y multiplica los riesgos de descarrilamiento.
En Austria la situación es similar. La operadora pública ÖBB también recomienda anular los viajes no urgentes, mientras que las regiones del este del país, como Viena, permanecen en código rojo por estrés térmico extremo. El servicio meteorológico GeoSphere Austria prevé hasta 40 grados para mañana domingo, rozando el récord de 40,5 de 2013. En la región de Vorarlberg, las deformaciones en las vías ya han obligado a limitar la velocidad de los trenes.
Reino Unido: tormentas y caos aéreo tras el calor récord
El calor récord de 37,3 grados en junio ha dado paso a fuertes tormentas eléctricas en el Reino Unido, provocando la interrupción del tráfico aéreo en los aeropuertos londinenses de Heathrow y Gatwick. Más de 600 vuelos acumulan retrasos de hasta seis horas o han sido cancelados, según cifras recogidas por agencias.
El proveedor de control aéreo NATS ha impuesto restricciones temporales, mientras British Airways y otras aerolíneas ajustan sus programas. En tierra, el Servicio de Ambulancias de Londres vivió el viernes la jornada más intensa de su historia, con 8.869 llamadas de emergencia, colapsado por el calor y las tormentas.
La infraestructura del siglo XX no está preparada para las temperaturas del siglo XXI, y lo estamos comprobando en tiempo real.
El calor extremo avanza hacia el norte: Dinamarca ha registrado por primera vez 37 grados en un mes de junio en la ciudad de Aarhus, el valor más alto desde 1874, según su Instituto Meteorológico.

Francia y Bélgica: la crisis sanitaria que anticipa una factura económica
En Francia, aunque el calor empieza a ceder, el gabinete de crisis interministerial advierte de que los verdaderos efectos sanitarios aún están por llegar. Las llamadas a emergencias en París y su periferia han repuntado un 80% en la última semana, y el balance preliminar suma ya 55 muertos por ahogamiento y varios menores olvidados en vehículos. La sombra del verano de 2003, con 15.000 fallecidos, obliga a activar un plan de contingencia que incluye el encargo urgente de 30.000 aparatos de aire acondicionado para hospitales y residencias.
En Bélgica, los servicios de emergencia han estado al límite: el viernes se dispararon las llamadas al 112 hasta 11.784, prácticamente el doble de lo habitual, y las salidas de ambulancias pasaron de 2.500 a 4.324. Un fallo generalizado en los servidores de hospitales de Gante y Amberes obligó a suspender 50 operaciones quirúrgicas. El ministro francófono de Salud, Yves Coppieters, lo calificó de ‘auténtica crisis sanitaria, similar a la del Covid-19.
Más allá de la emergencia inmediata, esta ola de calor evidencia la fragilidad de las infraestructuras críticas europeas frente a eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes. La parálisis del transporte ferroviario y aéreo tiene un coste económico directo en pérdidas diarias de cientos de millones, además de la presión sobre unos sistemas de salud que operan sin margen en verano. Para el sector del transporte, la repetición de estos episodios obliga a repensar materiales y sistemas de refrigeración: Deutsche Bahn y ÖBB, con presupuestos ajustados, se enfrentan a inversiones multimillonarias para proteger sus vías y señalización, mientras las aerolíneas lidian con cancelaciones que erosionan la rentabilidad estival. Y lo más preocupante: los modelos climáticos apuntan a que estos picos de calor serán la norma, no la excepción.




