Alemania está a punto de aprobar una de las reformas de pensiones más profundas de su historia. Juan Ramón Rallo analiza en su último vídeo las medidas que prepara el Gobierno alemán y por qué, según el economista, resultan una advertencia inevitable para España.
El agujero de 100.000 millones que asfixia a la seguridad social
En su último análisis, Rallo detalla que el gasto público en pensiones ya absorbe más del 40% del presupuesto del Estado alemán. Las cotizaciones sociales de los trabajadores no bastan para cubrir las prestaciones: solo el año pasado hubo que inyectar más de 100.000 millones de euros para tapar el déficit contributivo del sistema. Y la situación se agravará, porque durante los próximos años se jubilarán más de 16 millones de personas en el país, disparando todavía más los números rojos. Con las cuentas ya insostenibles, el Ejecutivo encargó a un grupo de expertos un informe para reformar —léase recortar— las pensiones públicas.
Tres pilares para un recorte histórico de las pensiones
El documento se hizo público este martes y el portavoz del Gobierno ha adelantado que las medidas se aplicarán en su totalidad. Aunque aún carecen de fuerza de ley, el plan cuenta con el respaldo de la coalición de democristianos y socialdemócratas. Rallo afirma que la reforma se articula en torno a tres grandes ejes: vinculación de la edad de jubilación a la esperanza de vida, un factor de sostenibilidad que limita la revalorización y la creación de un sistema de ahorro forzoso gestionado por el Estado.
Jubilación ligada a la esperanza de vida: trabajar hasta los 70 anos
La medida más llamativa es que, a partir de 2031, cuando la edad legal de jubilación alcance los 67 años, cualquier aumento de la esperanza de vida se traducirá en un retraso proporcional del retiro. Los expertos calculan que, con proyecciones conservadoras, los alemanes podrían estar obligados a trabajar hasta los 70 años a finales de siglo.
Pensiones que pierden poder adquisitivo frente a los salarios
El segundo pilar introduce un factor de sostenibilidad: mientras la Seguridad Social tenga déficit, las pensiones se revalorizarán siempre por debajo de la evolución de los salarios. En opinión de Rallo, esto significa que el pensionista medio perderá poder adquisitivo en comparación con el trabajador en activo. Y dado que los salarios suelen acompañar al IPC, la consecuencia es un recorte en términos reales de las prestaciones públicas. “El objetivo es que los ingresos del sistema crezcan más rápido que los gastos, a costa de empobrecer progresivamente a los jubilados”, señala el economista.
‘El pensionista irá perdiendo poder adquisitivo frente al trabajador. Las pensiones se revalorizarán por debajo del IPC; habrá un recorte en términos reales’, advierte Juan Ramón Rallo.
— Juan Ramón Rallo
Ahorro obligatorio estatal: el riesgo de repetir los errores del sistema público
El tercer pilar consiste en aumentar las cotizaciones sociales en dos puntos porcentuales —uno a cargo del trabajador y otro de la empresa, aunque en el análisis de Rallo el coste final recae sobre el empleado—. Pero ese dinero no se destinará al sistema público de reparto, sino a cuentas de ahorro individualizadas para cada trabajador, cuyos fondos serán gestionados por el Estado alemán. Sobre el papel, suena a un sistema de capitalización obligatoria, pero el economista advierte de la tentación política: “La clase dirigente ya anticipa que parte de ese ahorro se empleará para financiar infraestructuras públicas”. El problema, según Rallo, es que si el dinero se invierte en deuda pública, las futuras pensiones volverán a depender de la solvencia del Estado. “Es hacer un pan con unas tortas: los trabajadores ahorran vía cotizaciones para que el Estado vuelva a ser su deudor”, ironiza. Frente a ese esquema, el economista recuerda que existen alternativas voluntarias de inversión periódica en bolsa o fondos indexados sin intermediación estatal, capaces de construir un patrimonio para la jubilación al margen de las decisiones políticas.
¿Por qué España debería mirar de reojo a Alemania?
Rallo enumera tres condiciones que han hecho inevitable la reforma alemana: que las pensiones consuman más del 30% del presupuesto, que el déficit contributivo sea enorme y creciente, y que el número de pensionistas vaya a dispararse en los próximos años. Y estas tres variables, subraya, se cumplen también en España “corregidas y aumentadas”. Su diagnóstico es claro: “En definitiva, Alemania ya ha diagnosticado el problema y va despejando el camino para aplicar soluciones que, por mucho que nos desagraden, también terminarán llegando a España”.
La reforma alemana dibuja un horizonte en el que trabajar más años para cobrar menos se convierte en la regla. Y mientras el Gobierno impone un ahorro forzoso cuyos réditos dependerán de la gestión estatal, la advertencia de Rallo para los trabajadores españoles es clara: preparar una jubilación complementaria mediante inversiones personales puede ser la única tabla de salvación antes de que el sistema pida más cotizaciones a cambio de nada.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.





