Las marcas chinas de coches impulsan las ventas en Europa con crecimientos de tres dígitos

BYD, Chery y Leapmotor disparan sus matriculaciones en la UE hasta superar las 100.000 unidades al mes. La penetración del vehículo eléctrico supera el 20% del mercado mientras los fabricantes tradicionales pierden cuota.

Las marcas chinas de coches han superado por primera vez las 100.000 unidades mensuales en la Unión Europea. BYD, Chery y Leapmotor encabezan una ofensiva que está redefiniendo el mercado del automóvil, con crecimientos superiores al 100% en lo que va de año. Según los últimos registros de matriculaciones, el auge del vehículo eléctrico ha empujado la penetración de estos modelos hasta el 20% del total del mercado, y los fabricantes chinos se llevan una tajada cada vez mayor.

Los datos confirman lo que muchos analistas del sector llevaban meses anticipando: la tormenta perfecta para los fabricantes europeos. Mientras BYD dispara sus entregas con modelos como el Atto 3 y el Dolphin, Chery entra en el continente con su marca Omoda y Leapmotor, de la mano de Stellantis, irrumpe con utilitarios eléctricos muy competitivos en precio. Todos ellos registran crecimientos de tres dígitos en el primer semestre, según las fuentes consultadas.

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BYD, Chery y Leapmotor: la avanzadilla china en Europa

El gigante chino BYD ha multiplicado por tres sus ventas en el Viejo Continente desde enero. La compañía, que ya cuenta con una planta en Hungría, está construyendo una segunda en Turquía para esquivar los aranceles comunitarios. Chery, por su parte, ha encontrado en el mercado europeo una salida natural a la saturación doméstica, y Leapmotor ha aprovechado el acuerdo con Stellantis para distribuir sus modelos a través de la red de concesionarios del grupo franco-italiano, algo que acelera su implantación.

Las cifras agregadas muestran que los eléctricos chinos ya representan una de cada cinco matriculaciones en la categoría. No es un dato cualquiera: hace apenas tres años, su presencia era testimonial. El crecimiento se apoya en un factor estructural: los fabricantes chinos disponen de una cadena de suministro de baterías integrada y costes de producción hasta un 30% inferiores, gracias a las economías de escala de su mercado interior y a los subsidios estatales que reciben desde Pekín.

El coche eléctrico chino supera el 20% del mercado y acelera la caída de las marcas europeas

La conquista china se produce en un momento especialmente delicado para la industria automovilística europea. Según las mismas fuentes, marcas como Volkswagen, Stellantis y Renault han visto caer sus ventas en el segmento eléctrico hasta un 10% en los últimos meses. La combinación de unos precios más altos, una oferta tardía de modelos asequibles y el efecto disuasorio de los aranceles ha dejado a los fabricantes continentales en una posición defensiva.

La cuota de mercado de los eléctricos de batería en la UE alcanzó el 20% en el último mes con datos consolidados. De ese total, un tercio corresponde a marcas chinas, que hace dos años apenas arañaban un 2%. La velocidad del avance ha sorprendido incluso a los analistas más pesimistas.

El asalto de los eléctricos chinos no es solo precio: es estrategia industrial, con fábricas locales, precios ajustados y una red de distribución directa que acorta los plazos y reduce costes.

La reconversión que viene: ¿freno arancelario o estímulo para la industria europea?

Más allá de los datos del mes, lo que subyace es un cambio estructural en la cadena de valor. La Comisión Europea ya ha impuesto aranceles adicionales a los vehículos eléctricos chinos que se elevan hasta el 38% en algunos casos, pero las inversiones en fábricas locales por parte de BYD, Chery y otras marcas podrían neutralizar esa barrera. La jugada es clara: si no puedes vender desde China, fabricas en Europa.

Lo que está en juego es mucho más que la cuota de un segmento. La industria europea del automóvil emplea directa o indirectamente a más de 13 millones de personas y representa el 7% del PIB comunitario. Si la transición al vehículo eléctrico se acelera y los fabricantes locales no logran ofrecer productos competitivos en la gama media-baja, el ajuste de empleo y el cierre de plantas pueden ir más rápido de lo que los gobiernos están dispuestos a asumir. La mayoría de los analistas considera que el verdadero punto de inflexión llegará en 2027, cuando las marcas chinas tengan operativas varias fábricas en suelo europeo.

Mientras tanto, el consumidor europeo es el gran beneficiado a corto plazo: más oferta, mejores precios y una presión competitiva que está forzando a las marcas tradicionales a acelerar sus planes de electrificación. La duda es si ese mismo consumidor, cuando llegue la inevitable reestructuración industrial, estará dispuesto a pagar el coste social de la reconversión. Por ahora, las marcas chinas pisan el acelerador sin mirar atrás.


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