Juan Ramón Rallo alerta: bancos centrales compran oro a niveles récord por tipos negativos

El economista desglosa por qué la demanda oficial récord de oro no garantiza subidas de precio, mientras los tipos de interés reales positivos frenan el apetito inversor privado.

El oro vuelve a brillar en las carteras de los bancos centrales. Según la última encuesta sectorial, prácticamente todos los grandes emisores monetarios planean incrementar sus reservas del metal amarillo. Un rally de acumulación que, sin embargo, no entusiasma al economista Juan Ramón Rallo. En su último análisis, alerta de que la potente demanda oficial no es una apuesta alcista, sino un movimiento defensivo, y que el contexto de tipos reales al alza lastra severamente la demanda privada.

El cóctel explosivo: déficit público e inversión en IA

Rallo dibuja un panorama macroeconómico donde dos fuerzas estructurales empujan los tipos de interés reales —descontando la inflación— hacia arriba. Por un lado, el déficit público estadounidense absorbe una cantidad creciente de ahorro, tensionando los mercados de deuda. Por otro, las millonarias inversiones en inteligencia artificial están drenando recursos que antes las grandes empresas volcaban en los mercados financieros, ya sea vía recompras de acciones o emisión de deuda corporativa.

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El resultado es un incremento del precio del dinero que, según el economista, la Reserva Federal no puede ignorar. “La Fed no puede desatender eso. Si intenta bajar tipos artificialmente, lo único que logrará es recalentar la economía, fomentar el sobreendeudamiento y generar una inflación adicional”, sostiene. La solución, apunta, pasaría por que la administración Trump redujera el gasto público —al estilo del ajuste de Javier Milei en Argentina—, pero ese camino no parece estar en la agenda inmediata.

Los bancos centrales compran oro como quien contrata un seguro de hogar

En este escenario de tipos reales al alza, Rallo introduce un matiz crucial. Las compras récord de oro por parte de los bancos centrales no responden a una estrategia de revalorización patrimonial. “Lo adquieren como reserva de liquidez de última instancia, como un seguro que quizá nunca necesiten usar”, explica. Es decir, buscan preservar capacidad de pago ante eventuales crisis, no ganar con el diferencial de precio.

Por eso, al banco central le da igual que el oro cotice al alza o a la baja; incluso prefieren las caídas, porque les permiten acumular más onzas al mismo coste. El economista subraya que esta dinámica es especialmente relevante para países que han visto erosionado el rol del dólar como activo de reserva fiable, sobre todo en contextos de tensión geopolítica con Estados Unidos.

No pensemos que los bancos centrales están comprando oro con un objetivo patrimonial de revalorización.

— Juan Ramón Rallo

La lógica detrás de estas tenencias oficiales es, por tanto, de precaución pura. Y aunque constituyen un suelo importante para la demanda total de oro, no son suficientes por sí solas para impulsar una tendencia alcista sostenida en su precio.

El inversor particular huye del oro cuando los tipos reales despuntan

La demanda privada de oro, a diferencia de la oficial, está intrínsecamente ligada al signo de los tipos de interés reales. Históricamente, el metal precioso se revaloriza cuando la rentabilidad de la deuda segura se sitúa en terreno negativo o nulo: si tener liquidez en bonos te hace perder poder adquisitivo, el oro se convierte en un activo monetario refugio. Pero ahora vivimos justo lo contrario.

Rallo observa que las expectativas de tipos reales positivos y crecientes —por el aumento de productividad que promete la IA— están provocando una rotación masiva de capital desde activos sin rendimiento explícito hacia inversiones de alto retorno esperado. “No es una cuestión de moda tecnológica; si en el siglo XIX hubiéramos estado atesorando oro y de repente irrumpe el ferrocarril, el salto sería el mismo”, ironiza. El flujo que abandona el oro (y también el bitcoin) para financiar proyectos ligados a la inteligencia artificial responde a una lógica de rentabilidad relativa, no a una pérdida de fe en el activo.

¿Puede el oro recuperar su brillo?

El único escenario que, según el economista, podría devolver el apetito privado por el oro en un entorno de tipos reales altos sería la aparición de dudas serias sobre la solvencia del Tesoro estadounidense. En ese caso, el mayor tipo de interés no compensaría el aumento del riesgo de impago, y el capital volvería a buscar refugio en activos no soberanos. Pero Rallo sitúa esa posibilidad aún lejana para Estados Unidos.

Mientras tanto, el oro se enfrenta a un enemigo silencioso pero constante: unos tipos de interés reales que no terminan de ceder. Y como señala Rallo, si Trump quiere de verdad bajarlos, no le bastan tuits ni presiones verbales a la Fed. Tiene que meter la tijera al déficit.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.


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