En los cinco primeros meses de 2026, las operaciones de venta de acciones en España han alcanzado los 9.605 millones de euros, cuatro veces más que los 2.309 millones del mismo periodo de 2025. Si se descuentan las ampliaciones de capital derivadas del pago de dividendos en acciones (los conocidos como scrip dividend), el salto es aún más acusado: de 1.169 millones a 8.119 millones, una multiplicación que anticipa un ejercicio histórico para el mercado bursátil español.
Las colocaciones aceleradas, el principal motor del repunte
La mayor parte del incremento procede de las colocaciones aceleradas de grandes paquetes accionariales. La salida de los fondos CVC y GIP (BlackRock) del capital de Naturgy ha movido nada menos que 5.860 millones de euros. Un año antes, a estas alturas de 2025, las operaciones de este tipo apenas sumaban 98 millones, según los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
Esta explosión de actividad demuestra la profundidad del mercado español, capaz de absorber ventas millonarias sin sobresaltos. ‘Se observa un mayor dinamismo en los mercados primarios y secundarios, señal positiva de su profundidad y liquidez’, explican fuentes del supervisor. Las colocaciones aceleradas se han convertido en el termómetro de la confianza inversora en la renta variable nacional.
En el capítulo de salidas a Bolsa, la única colocación registrada en 2026 ha sido la de TSK, por 159 millones de euros. El ejercicio pasado debutaron HBX, con 725 millones, y Cirsa, con 453 millones, aunque esta última ya en la segunda mitad del año. Las cifras de estrenos bursátiles son todavía modestas, pero las ampliaciones de capital sí muestran un vigor inusual.
Las ampliaciones de capital han pasado de 1.461 millones a 3.268 millones en lo que va de año. Descontando los pagos de dividendos en acciones de Iberdrola (1.022 millones en 2025 y 1.415 en 2026), las ampliaciones dinerarias casi se duplican: de 1.071 a 1.941 millones. Las operaciones de Merlin y ACS, ambas en torno a los 700 millones, explican buena parte de este salto.
El mercado español está demostrando que puede movilizar capital a gran escala sin depender del pulso de Wall Street.
El factor Santander y la senda hacia un ejercicio récord
El desenlace de 2026 puede ser aún más rotundo. El Santander tiene prevista una ampliación de 3.600 millones de euros para financiar mediante canje de acciones la compra del estadounidense Webster Bank. Con esta operación, ya aprobada en junta, las ventas de acciones superarían los 13.200 millones y las ampliaciones dinerarias se irían por encima de los 5.500 millones, frente a los cerca de 6.000 de todo 2025.
De cumplirse estas cifras, 2026 se convertiría en el año de mayor volumen de ampliaciones de capital desde 2021, cuando se cerraron operaciones por más de 21.000 millones con gigantes como Cellnex (7.000 millones) y las absorciones de CaixaBank-Bankia y Unicaja-Liberbank. Aquel año también salió a Bolsa Acciona Energía.
La Bolsa española recupera su función estratégica
Lo que revelan estos números va más allá de la estadística puntual. Como explican desde BME (Bolsas y Mercados Españoles), ‘las ampliaciones de capital constituyen un instrumento estratégico esencial, especialmente en un entorno caracterizado por mayores necesidades de inversión y ciclos económicos más exigentes’. Europa necesita movilizar ahorro hacia sus empresas si quiere competir en tecnología, transición energética y defensa. Y la Bolsa española, con todas sus limitaciones, está respondiendo.
Sin embargo, persiste una contradicción evidente: mientras las ampliaciones y colocaciones se disparan, las salidas a Bolsa continúan bajo mínimos. La guerra de Irán frenó los planes de Digi, que trabajaba con Rothschild y un consorcio de bancos liderado por Santander. Otras compañías, como la hotelera HIP (Blackstone) o la renovable Ignis, mantienen sus expedientes sobre la mesa, pero con calendarios que se definen sobre la marcha. La esperada entrada en vigor del mecanismo Easy Access de BME —que permite separar el registro del folleto del momento de cotización— aún no se ha estrenado, aunque varias fuentes confirman que más de una empresa lo ha estudiado.
El reto de fondo es recuperar la cultura de la renta variable entre los inversores minoristas y medianos, algo que los años de bajos volúmenes y escasos estrenos han erosionado. La llegada de un ejercicio de cifras récord puede ser el mejor escaparate para convencer a empresas y ahorradores de que la Bolsa no es un casino, sino una herramienta de financiación insustituible. Como apunta Mariana Longobardo, directora del Servicio de Estudios de BME, ‘la Bolsa española sigue siendo una infraestructura esencial para movilizar capital hacia las empresas’.
El mercado español ha tardado varios años en recuperar el pulso tras el parón pandémico y la sequía de operaciones corporativas. Ahora, con el viento de cola de una economía que aguanta mejor de lo esperado y la repatriación de emisiones de deuda —según datos de BME, más de 60.000 millones de euros en los últimos siete años han regresado desde Dublín o Luxemburgo, y el Santander devolvió este año programas que sumaron 18.000 millones en 2025—, el mensaje es claro: la Bolsa española no solo resiste, sino que empieza a correr.





