El estrecho de Ormuz está abierto: Irán confirma 60 días sin peajes para barcos comerciales

El embajador iraní ante la ONU asegura que no habrá pagos extra durante ese plazo, en el marco del alto el fuego preliminar. Persisten las dudas sobre el acceso militar futuro y la fiscalización de los 12.000 millones de dólares descongelados.

El estrecho de Ormuz está abierto. Irán lo ha confirmado esta mañana desde Ginebra: durante 60 días, los buques comerciales cruzarán sin ningún tipo de peaje adicional. La medida se enmarca en el acuerdo preliminar de alto el fuego con Estados Unidos y alivia la presión sobre una ruta por la que transita una quinta parte del crudo mundial. Pero la cautela persiste.

El embajador iraní ante la ONU, Ali Bahreini, ha sido tajante: “El Estrecho de Ormuz está completamente abierto para embarcaciones comerciales”. No habrá pagos extra durante esos sesenta días, según ha precisado. Se trata de un gesto que busca demostrar voluntad de paz mientras las dos potencias negocian un acuerdo definitivo. El alivio en los mercados del petróleo ha sido inmediato: el Brent, que cotizaba alrededor de los 92 dólares, ha cedido hasta los 89,5 dólares en la sesión europea, aunque remontó después.

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Un respiro para el precio del petróleo

La distensión en Ormuz supone la primera buena noticia para la seguridad del suministro energético en meses. Esta vía marítima concentra aproximadamente el 21% del consumo mundial de petróleo, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Su cierre, parcial o total, ha sido durante años uno de los mayores riesgos geopolíticos para las economías dependientes de las importaciones de crudo. La sola amenaza de bloqueo ya bastaba para añadir varios dólares de prima de riesgo a cada barril.

Ahora, la confirmación iraní retira de la ecuación, al menos temporalmente, un factor que llevaba semanas enquistado. Las refinerías europeas, especialmente las del Mediterráneo, pueden respirar: el tránsito de petroleros que cargan en puertos de Irak, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos se restablece sin sobresaltos. Para España, la factura de importación de crudo —que en mayo ascendió a 4.200 millones de euros— podría moderarse en los próximos dos meses, siempre que el acuerdo se mantenga.

Los términos del acuerdo: 60 días, sin peajes

Bahreini ha detallado los aspectos más inmediatos del pacto preliminar. El alto el fuego extendido incluye la libre circulación de navíos comerciales, sin tasas ni gravámenes adicionales. “Lo que ocurra después dependerá del resultado de las negociaciones”, ha recalcado el diplomático. Pero la lectura entre líneas revela matices incómodos para los analistas de seguridad energética.

Irán ha dejado claro que la situación no volverá a ser la misma: ‘Nuestros enemigos lo utilizaron para equipar sus bases en el Golfo Pérsico y atacar a nuestro país. No permitiremos que se sigan preparando para atacarnos en el futuro’, advirtió el embajador.

La mención a “enemigos” y a la necesidad de discutir con Omán “qué disposiciones se necesitan para el estrecho” anticipa que, una vez finalizado el plazo de 60 días, podrían imponerse restricciones al tráfico militar o condiciones de paso que no existían antes de la guerra. La incertidumbre no desaparece, solo se aplaza.

Análisis: ¿es el fin de la crisis del Estrecho o solo una pausa?

Desde la perspectiva de la seguridad energética, conviene leer este anuncio como lo que es: una tregua táctica, no un desenlace estratégico. Irán sabe que el Estrecho de Ormuz es su principal baza de presión sobre Occidente y sus aliados del Golfo. Renunciar a ella de forma permanente sin contrapartidas verificables —levantamiento total de sanciones, desbloqueo de activos congelados, garantías nucleares— sería un error que Teherán no va a cometer.

La confirmación de que se descongelarán 12.000 millones de dólares en dos tramos de 6.000 millones —el primero de los cuales “ya está hecho o en proceso de completarse”, según Bahreini— añade una capa de complejidad. Estos fondos, que Washington quiere fiscalizar para que se destinen a comprar “maíz, soja y trigo” a granjeros estadounidenses, quedarán bajo control iraní, algo que el embajador ha subrayado con energía. La divergencia de visiones sobre el uso de ese dinero anticipa nuevos roces en las próximas semanas.

Las negociaciones nucleares tampoco avanzan. El diplomático ha desmentido que los inspectores de la AIEA vayan a acceder a las instalaciones iraníes, contradiciendo las expectativas que flotaban en algunas capitales. Sin avances verificables en el frente atómico, la confianza en una distensión duradera es baja. Los mercados lo saben: si las conversaciones se estancan al final de los 60 días, la prima de riesgo geopolítico regresará de inmediato al precio del crudo.

En mi opinión, este respiro para el tráfico marítimo es positivo pero frágil. Las petroleras y los traders que ya habían comenzado a rutear cargamentos por vías alternativas más largas —como el Cabo de Buena Esperanza— probablemente mantengan cierto nivel de diversificación, porque el historial reciente de Irán no invita a apostarlo todo a una sola carta. La verdadera prueba de fuego llegará dentro de dos meses, cuando se vea si el Estrecho sigue abierto sin condiciones adicionales o si, como temen muchos, Irán introduce nuevas reglas que restrinjan la libertad de navegación militar y, por arrastre, la comercial.

Hasta entonces, el mercado energético tiene 60 días de calma tensa. Aprovechémoslos para analizar si Europa y España tienen alternativas reales a una ruta que concentra tantos riesgos. La respuesta, por el momento, es que no.


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