SpaceX cae otro 10% en bolsa y borra casi todo lo ganado por inversores españoles

La cotización de la empresa de Elon Musk vuelve al nivel del debut bursátil tras un varapalo de MSCI y dudas sobre su gobierno corporativo. Los inversores españoles ven evaporarse las plusvalías en solo dos semanas.

Las acciones de SpaceX cayeron ayer otro 10% en Wall Street y se acercan a los 160 dólares con los que cerraron su debut bursátil hace apenas once días, evaporando las ganancias de los inversores españoles que apostaron por el valor. La corrección, que ya acumula una depreciación del 24% desde los máximos de 218 dólares alcanzados la semana pasada, se agrava con la calificación de riesgo más baja posible emitida por MSCI, que equipara el gobierno corporativo de la compañía de Elon Musk al de Rusia tras la invasión de Ucrania.

El viaje bursátil de SpaceX está siendo un auténtico latigazo. Tras el entusiasmo del 12 de junio, cuando cerró su primer día con un avance del 19%, los títulos se dispararon hasta 218 dólares. Desde entonces, la recogida de beneficios y las dudas sobre la sostenibilidad del negocio han provocado un desplome que deja el valor prácticamente en el punto de partida.

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Claves de la operación

  • La acción pierde un 24% desde máximos y vuelve a 160 dólares. El rally posterior al debut, que llevó los títulos hasta los 218 dólares en apenas jornadas, se ha diluido por completo. La sesión de ayer añadió otro 10% a la caída, situando la cotización en los niveles del estreno.
  • MSCI otorga a SpaceX la peor calificación posible (CCC). La agencia señala la concentración de poder en Elon Musk, la falta de independencia del consejo y los conflictos de interés como riesgos estructurales para los accionistas. La nota coloca a la empresa en la misma escala de riesgo que Rusia tras la invasión de Ucrania.
  • Los inversores españoles que entraron en la OPV ven esfumarse las plusvalías. La salida a bolsa de SpaceX generó un gran interés entre inversores minoristas y family offices en España, muchos de los cuales compraron en los primeros días. Apenas dos semanas después, la rentabilidad casi se ha borrado.

El desplome que devuelve a SpaceX al precio de estreno

Los números del batacazo hablan por sí solos. SpaceX llegó a superar en capitalización bursátil a Amazon, a pesar de que el gigante del comercio electrónico ingresó el año pasado 625.000 millones de euros con un beneficio neto de 68.000 millones. La empresa de Musk facturó 17.000 millones, pero registró pérdidas de 4.250 millones de euros. Una desconexión que analistas como Morgan Stanley llevan días señalando como insostenible.

Aquella efímera superación de Amazon —con una facturación 35 veces menor y sin beneficios— fue el pico del optimismo. En la apertura de ayer, lunes 22 de junio, el valor volvió a ceder con fuerza hasta acercarse a los 160 dólares del debut. Es decir, en solo once días, la prima de ilusión que añadieron los inversores se ha evaporado casi por completo.

El sentimiento del mercado ha dado un giro radical. Si el 12 de junio la narrativa era la del próximo monopolio del espacio y la inteligencia artificial, hoy la conversación gira en torno a la gobernanza y los riesgos de concentración de poder en un solo hombre. MSCI ha puesto negro sobre blanco esas dudas y el mercado está descontándolas a toda velocidad.

MSCI ha situado a SpaceX en la escala de riesgo que otorgó a Rusia tras la invasión de Ucrania. Eso lo dice todo.

El gobierno corporativo por el que MSCI compara a SpaceX con la Rusia de Putin

Morgan Stanley Capital International no se ha andado con paños calientes. En un informe distribuido a sus clientes, la agencia de calificación ha otorgado a SpaceX la nota más baja posible: triple C. La misma que asignó a Rusia en 2022. Los motivos: el control casi total de Elon Musk sobre la compañía a pesar de la salida a bolsa, la ausencia de un consejo de administración independiente y los conflictos de interés que genera su presidencia en otras cotizadas como Tesla.

La mayoría de los títulos puestos en circulación tienen derechos de voto recortados, un diseño que permite a Musk conservar el mando absoluto. MSCI apunta directamente a la falta de supervisión sobre la remuneración de los directivos y a los riesgos que eso supone para los accionistas externos, entre ellos los miles de inversores españoles que han entrado al calor del relato.

A este cóctel se suma la promesa de diversificar el negocio espacial con inteligencia artificial. La filial xAI está construyendo dos centros de datos masivos en Tenessee, Colossus I y II, y ya ha firmado acuerdos con Google y Anthropic para arrendar capacidad de computación. Pero ese salto, que el magnate vende como la llave para alcanzar los 1.000 millones de dólares en facturación en 2030, añade otra capa de complejidad y opacidad al conglomerado.

acciones SpaceX

El espejismo de un gigante sin beneficios que atrapa al inversor español

El interés de los inversores españoles por SpaceX no es casual. La combinación de una marca con un líder carismático, un sector —el aeroespacial y la IA— en plena efervescencia y el gancho de una salida a bolsa esperada durante años generó una auténtica fiebre entre minoristas y gestores de patrimonios. Muchos entraron a ciegas, convencidos de que el precio de 160 dólares era suelo y no techo. La realidad les está golpeando con crudeza.

Desde esta redacción hemos seguido de cerca el fenómeno y observamos un patrón que se repite. No es la primera vez que el inversor español se deja seducir por una salida a bolsa con más relato que cuentas. Basta recordar el furor con el que acudieron a la OPV de Telefónica en los años 90 o, más recientemente, la fiebre por las puntocom en el cambio de siglo. La mayoría de los inversores que entraron a ciegas en la salida a bolsa solo mira el precio, sin detenerse en la letra pequeña del gobierno corporativo ni en la sostenibilidad del negocio.

La gran pregunta ahora es si los 160 dólares son un suelo sólido o la antesala de una caída mayor. Con una calificación CCC, la ventana de financiación se estrecha y cada nuevo informe negativo puede acelerar la sangría. El inversor español, que llegó a este mercado con un perfil de riesgo alto pero con expectativas de rentabilidad rápida, se enfrenta a un recordatorio amargo: cuando un gigante sin beneficios deja de ser una historia atractiva, se convierte en un valor de alto riesgo.


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