Anomalía bajo las pirámides: la Universidad de Tohoku detecta una cavidad que podría ser un portal al inframundo

El georradar revela una estructura en forma de L y una cavidad vertical en la Necrópolis Occidental de Guiza, una zona que los arqueólogos consideraban vacía. La investigación, publicada en 2024, sigue sin respuesta definitiva y plantea la posibilidad de una cámara funeraria aún

Bajo la arena milenaria de Guiza, un equipo de la Universidad de Tohoku detectó en 2024 una anomalía que nadie esperaba. Las imágenes del georradar revelaron una estructura en forma de L a apenas dos metros de la superficie y, debajo, una cavidad vertical de entre cinco y diez metros de profundidad. La zona, en la Necrópolis Occidental, junto a la Gran Pirámide, carecía de arquitectura visible y se consideraba un espacio en blanco. El hallazgo, publicado en la revista Archeological Prospection, mantiene a los arqueólogos frente a una pregunta incómoda: ¿es una tumba sellada o solo una caprichosa acumulación de arena y grava?

El cementerio occidental de Guiza es conocido por sus mastabas, las tumbas de banco plano que albergaban a los altos funcionarios y a la familia real del Imperio Antiguo. Sin embargo, este sector concreto no mostraba ningún resto superficial. Por eso los arqueólogos japoneses decidieron barrer el subsuelo con dos herramientas complementarias: el georradar (GPR) y la tomografía de resistividad eléctrica (ERT). No buscaban nada en particular; simplemente cartografiaban una zona muda.

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Una anomalía donde no debería haber nada

Los pulsos del radar devolvieron una firma nítida. A unos dos metros de profundidad apareció una estructura en forma de L de casi diez metros de largo, rellena de arena. Motoyuki Sato, investigador principal, explicó que la forma era demasiado afilada para ser un accidente geológico. “Puede haber sido una entrada a la estructura más profunda”, escribió en el artículo. Bajo esa L, las tomografías eléctricas señalaron una segunda anomalía, mucho más resistiva, que se extendía entre los cinco y los diez metros bajo tierra.

La alta resistividad eléctrica puede deberse a una mezcla de arena y grava o a la presencia de huecos llenos de aire. El equipo no pudo determinar el material exacto. “A partir de los resultados de la prospección no podemos identificar qué causa la anomalía”, admitieron, “pero podría ser una gran estructura arqueológica subterránea”. Esa ambigüedad es la que ha mantenido vivo el enigma durante dos años.

Tecnología sin pala: cómo el georradar dibujó el subsuelo

El georradar emite impulsos electromagnéticos y registra los ecos que rebotan en las distintas capas del terreno. La tomografía de resistividad eléctrica, por su parte, inyecta corriente y mide cuánto se opone cada material a su paso. La combinación de ambas técnicas permitió obtener una imagen tridimensional sin mover un solo grano de arena, una ventaja enorme en un yacimiento tan saturado y protegido como Guiza.

El hallazgo se produjo, de hecho, en una de las pocas parcelas vírgenes que aún quedan junto a las pirámides. La mayoría de las prospecciones se habían concentrado en las mastabas visibles. Aquí, la ausencia de marcas en superficie había disuadido cualquier excavación. “La zona no tenía la arquitectura visible que suele atraer a los arqueólogos”, recalcó Sato. La anomalía apareció precisamente porque decidieron mirar donde nadie esperaba encontrar nada.

georradar Guiza

La señal del georradar no admite dudas: hay algo enterrado. Pero sin una pala que levante la arena, los arqueólogos se debaten entre la certeza de una forma inusual y la incertidumbre de no saber qué la provoca.

¿Cámara funeraria o ruido geológico? Lo que falta por confirmar

Conviene ser prudentes. El artículo de Archeological Prospection pasó revisión por pares y los datos están ahí, pero la anomalía sigue siendo exactamente eso: una anomalía. Los propios autores se cuidaron de no llamarla tumba ni cámara. Solo apuntaron dos interpretaciones —relleno artificial o huecos— y reclamaron una excavación para zanjar la duda. Hasta que alguien clave una estaca en ese punto exacto del desierto, todo lo demás es especulación arqueológica.

Eso no impide que el hallazgo roce un asunto fascinante. En la mitología egipcia, el inframundo era un espacio físico al que se accedía mediante pasajes y portales rituales. No es descabellado que una estructura vertical de entrada, si se confirma, pudiera haber sido concebida como un umbral simbólico hacia la Duat. Pero subrayémoslo: no hay un solo jeroglífico que respalde esa hipótesis. De momento, solo hay una forma extraña en una pantalla de radar.

El estudio de Tohoku se enmarca en una cosecha reciente de descubrimientos impulsados por el georradar —barcos vikingos, ciudades romanas, asentamientos amazónicos— y consolida una verdad incómoda para la arqueología tradicional: lo más interesante suele estar donde no se ve. A la vez, conviene separar este trabajo de otras afirmaciones virales sobre enormes cámaras ocultas bajo la pirámide de Kefrén, desmentidas públicamente por Zahi Hawass en 2025. Aquella polémica no guarda relación con el paper de Sato; este es real, está revisado y espera una pala que probablemente tardará en llegar.

El enigma, por tanto, sigue abierto. La anomalía del cementerio occidental es a la vez un triunfo de la geofísica y una lección de humildad. Bajo una de las necrópolis más excavadas del planeta, un radar japonés encontró algo que los egiptólogos aún no pueden explicar. Quizá sea una tumba intacta. Quizá solo arena compacta. Mientras, la arena de Guiza guarda silencio.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: una estructura en forma de L de unos 10 metros de largo a 2 m de profundidad y una cavidad vertical resistiva entre 5 y 10 m bajo tierra.
  • Dónde: Necrópolis Occidental de Guiza, junto a la Gran Pirámide, Egipto.
  • Institución responsable: Universidad de Tohoku (Japón), estudio publicado en Archeological Prospection.
  • Cuándo: el artículo científico se publicó en 2024; el enigma sigue vigente en 2026.
  • Impacto a futuro: si se excava y se confirma una cámara funeraria intacta, reescribiría el mapa de las élites del Imperio Antiguo y añadiría un nuevo umbral simbólico en la meseta de Guiza.

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