James Webb descubre que el cometa interestelar 3I/ATLAS nació en el mediodía cósmico hace 12.000 millones de años

Los niveles de deuterio detectados son 30 veces superiores a los de cualquier cometa del sistema solar, según el estudio publicado en Nature. El hallazgo sitúa su origen en el mediodía cósmico, un periodo de intensa formación estelar que el universo atravesó hace miles de millone

El telescopio espacial James Webb acaba de mirar más allá de los confines del sistema solar para leer la partida de nacimiento de un viajero antiguo. Los astrónomos de la NASA, liderados por el astroquímico Martin Cordiner, han medido un exceso de deuterio jamás visto en un cometa: 30 veces superior al de cualquier objeto helado de nuestro vecindario cósmico. La conclusión, publicada este lunes en la revista Nature, sitúa el origen del cometa interestelar 3I/ATLAS entre 10.000 y 12.000 millones de años atrás, en pleno ‘mediodía cósmico’, una era en la que el universo fabricaba estrellas a un ritmo frenético.

La huella química del hielo más antiguo

El cometa 3I/ATLAS —el tercer objeto interestelar confirmado tras ‘Oumuamua y 2I/Borisov— fue detectado por el sistema de alerta ATLAS financiado por la NASA. A finales de 2025, cuando el cometa ya se alejaba del Sol tras su máximo acercamiento, los investigadores interrumpieron el programa de observación del Webb para apuntar el espectrógrafo NIRSpec hacia su coma de gas recién calentada. Los datos mostraron niveles de deuterio —el hidrógeno pesado— que multiplicaban por treinta los registrados en los cometas del sistema solar. En términos llanos: nuestro barrio cósmico es un desierto de agua pesada comparado con el hogar de 3I/ATLAS.

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Este desequilibrio no es casual. El deuterio sobrevive intacto solo si el hielo que lo contiene nunca ha sido cocinado por el calor de una estrella cercana. Por eso, en nuestro sistema, los cometas preservan una mezcla estándar de deuterio que heredamos de la nube que dio origen al Sol. Que un cometa interestelar exhiba una proporción tan alta implica que nació en un entorno radicalmente distinto: una nube fría y densa, bañada en radiación pero sin calor prolongado, donde los granos de polvo agarraron el deuterio primordial sin que nadie los removiera. Como resume Cordiner, «fue una oportunidad única para estudiar un objeto antiguo procedente de una galaxia distinta, probablemente anterior a nuestro Sol».

El carbono-13 también delata su edad cósmica

El otro marcador temporal que Webb encontró fue la proporción entre el carbono-12 y el carbono-13. En las estrellas, el ciclo de fusión va enriqueciendo el medio interestelar con isótopos pesados como el carbono-13. Cuanto más joven es una región, más carbono-13 acumula. En 3I/ATLAS, el instrumento NIRSpec apenas detectó trazas de carbono-13. Esta firma sitúa la cuna del cometa en una galaxia mucho más primitiva que la Vía Láctea actual, en un momento en el que aún no habían muerto suficientes generaciones de estrellas para salpicar el cosmos con isótopos pesados.

Los modelos apuntan a un periodo entre 10.000 y 12.000 millones de años atrás. Coincide con lo que los cosmólogos llaman el ‘mediodía cósmico’: una fase a mitad de la historia del universo en la que la formación estelar alcanzó su pico máximo. Las galaxias parían soles a una velocidad entre diez y cien veces mayor que ahora. Fue entonces, en un rincón de aquel universo pletórico, cuando 3I/ATLAS se congeló y emprendió un viaje que solo hoy ha podido ser descifrado.

Ningún objeto creado por el ser humano ha tocado jamás un hielo tan antiguo y tan lejano: el Webb acaba de leer un capítulo perdido del universo primitivo.

El estudio líder de Nature se complementa con análisis paralelos realizados con el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral (ESO). El equipo de la astrónoma Cyrielle Opitom, de la Universidad de Edimburgo, examinó variedades de carbono y nitrógeno en forma de cianuro en el mismo cometa, reforzando la imagen de una química exótica y prístina.

James Webb deuterio

Un solo mensajero para una química prebiótica desconocida

El hallazgo trasciende la mera curiosidad arqueo-astronómica. La composición de este cometa interestelar toca una de las preguntas más abiertas de la ciencia planetaria: ¿hay ingredientes para la vida esparcidos por todo el cosmos, o el sistema solar es una anomalía química? Stefanie Milam, coautora del estudio, lo plantea sin rodeos: «Hasta ahora solo conocemos un lugar en el vasto cosmos donde los componentes químicos desembocaron en vida: nuestro sistema solar. Analizar objetos interestelares es un paso enorme para entender cómo de común, o de extraña, es la química que precede a la vida en el universo».

En 3I/ATLAS no se han detectado moléculas prebióticas complejas como aminoácidos, pero la presencia de agua pesada y la preservación de hielo primigenio indican que los ladrillos más simples —agua, compuestos de carbono y nitrógeno— sí pueden viajar intactos entre sistemas planetarios durante miles de millones de años. La investigación abre una ventana, aunque todavía estrecha, a la posibilidad de que los océanos y las atmósferas de planetas jóvenes puedan sembrarse con material llegado de fuera, sin necesidad de fabricarlo todo in situ.

No obstante, conviene ser prudentes. Se trata de un único objeto, y extrapolar propiedades al resto del universo es prematuro. La comunidad aspira a capturar muchos más cometas interestelares para construir una estadística fiable. La buena noticia es que el telescopio Vera C. Rubin, con su observatorio LSST, pronto empezará a barrer el cielo con la sensibilidad necesaria para multiplicar los encuentros. Si el Webb vuelve a observarlos con su espectrógrafo ultrafino, en una década podremos saber si el mediodía cósmico fue una factoría corriente de mundos helados o si 3I/ATLAS fue una rara excepción.

De momento, los astrónomos celebran haberle arrancado a un viajero silencioso de 12.000 millones de años un secreto escrito en deuterio y carbono. La edad del cometa supera con creces la del Sol y la de la Tierra. Es, literalmente, un fragmento del pasado profundo del universo que pasó rozando nuestra puerta y siguió su camino.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El cometa interestelar 3I/ATLAS tiene niveles de deuterio 30 veces mayores que los cometas del sistema solar y apenas contiene carbono-13, lo que indica que se formó hace entre 10.000 y 12.000 millones de años durante el ‘mediodía cósmico’.
  • Dónde: Observado en el espacio profundo mientras se alejaba del Sol; su origen se remonta a un entorno frío y denso en una galaxia lejana mucho antes de que existiera el sistema solar.
  • Institución responsable: Observaciones con el telescopio espacial James Webb (NASA/ESA/CSA); estudio liderado por Martin Cordiner (NASA Goddard) y publicado en Nature. Análisis complementarios con el Very Large Telescope de ESO.
  • Cuándo: Datos recogidos por Webb en diciembre de 2025; estudio publicado el 22 de junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Conocer la química conservada en objetos interestelares durante miles de millones de años ayuda a evaluar si los ingredientes básicos para la vida son comunes en el universo o si el sistema solar es una anomalía.

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