La inteligencia artificial no es una fuerza neutra sobre el empleo: el último barómetro global de PwC, que ha analizado más de 1.000 millones de ofertas de trabajo en 27 países, confirma que la tecnología está partiendo el mercado laboral en dos. De un lado, los puestos que exigen criterio humano ganan terreno y salario; del otro, los que la IA puede simplificar se estancan. La diferencia más contundente está en el sueldo: un 42% más para los que se suben a la ola.
Claves de la operación
- Roles profesionalizados contra democratizados Los puestos que requieren juicio humano crecen el doble y con un 42% más de salario.
- Productividad que se dispara Las empresas que más integran la IA elevan su eficiencia hasta un 163%, cinco veces más que la media, y además contratan más.
- Brecha salarial por habilidades de IA Saber de inteligencia artificial ya se paga un 62% más, y los puestos junior exigen competencias de nivel sénior.
Dos velocidades, una misma dirección: la brecha salarial se consolida
El informe de PwC distingue entre «roles profesionalizados» —como médicos, arquitectos o reclutadores, donde el juicio humano sigue siendo la pieza central— y «roles democratizados» —atención al cliente, tareas administrativas o soporte técnico básico, en los que la inteligencia artificial ha reducido la barrera de entrada. Los primeros no solo se ofertan con mayor frecuencia, sino que su volumen está creciendo al doble de velocidad que los segundos.
Esa divergencia se traduce en nómina. Los salarios de los puestos especializados avanzan un 42% más rápido que los de aquellos en los que la IA automatiza buena parte del trabajo. La consultora subraya que la brecha no es coyuntural: el valor que genera la IA no se reparte por igual, y los datos lo confirman. En sectores como sanidad y servicios financieros, la demanda de especialistas capaces de combinar conocimiento de dominio con herramientas de IA está disparando las ofertas.
El salto de productividad que amplía la distancia entre empresas
Los efectos no se miden solo en el mercado de trabajo, sino en los balances. PwC ha encontrado que, entre 2018 y 2025, la productividad de los sectores más expuestos a la IA ha crecido un 34%, frente al 24% de los menos expuestos. Sin embargo, la auténtica fractura aparece cuando se analiza la intensidad de uso: las compañías que integran la IA de forma más agresiva han disparado su productividad un 163%, cinco veces más que la media del resto. El salto es aún más llamativo si se compara con 2023, cuando la diferencia era solo del 19%.
Ese salto no ha ido acompañado de una reducción de plantilla, como temían algunos analistas. Al contrario: las empresas más pro-IA han aumentado su personal un 52%, frente al 36% de las que apenas la utilizan. La IA no destruye empleo de forma neta, pero lo recoloca hacia perfiles que saben dialogar con ella.
La productividad no espera a nadie, pero la captura del valor añadido se concentra en quienes ya estaban en la pole.
La capacidad de leer el nuevo escenario marca también la evolución de los salarios. La brecha retributiva entre trabajadores con competencias en IA y quienes carecen de ellas se ha ampliado hasta el 62%, seis puntos más que el año anterior. Dominar áreas como el aprendizaje automático o la ingeniería de instrucciones se ha convertido en un acelerador salarial que crece ocho veces más rápido que el empleo general (69%, frente al 9% del conjunto del mercado).
Pero la transformación alcanza incluso a los peldaños de entrada. El barómetro revela que los puestos junior expuestos a la IA exigen, de media, siete veces más probabilidades de requerir criterio, liderazgo y creatividad que sus equivalentes en tareas no automatizadas. La vacante de nivel inicial ha asumido requisitos típicos de un perfil sénior, un perfil híbrido que ha crecido un 35% desde 2019, mientras el resto de empleos para recién titulados se contraía un 10%.
El espejo español: 2,3 millones de empleos en juego
En España, las cifras de PwC resuenan con un eco preocupante. Un análisis reciente de la vicepresidencia primera del Gobierno ya había estimado que 2,3 millones de puestos de trabajo se verán transformados por la automatización en la próxima década. Si la doble velocidad se consolida sin políticas activas de recualificación el país arriesga una brecha social difícil de cerrar. El tejido productivo español, dominado por pymes y con una penetración de la IA aún desigual, podría sufrir más la polarización que otras economías del entorno. Comunidades como Madrid y Cataluña concentran la mayor parte de la inversión en IA, pero la brecha territorial podría profundizarse si el resto no acelera la adopción.
Desde Merca2 observamos que la gran banca y las telecos han acelerado la integración de inteligencia artificial, pero sectores como la hostelería, el comercio minorista o la administración pública avanzan a paso lento. La cuestión no es si la máquina va a sustituir al trabajador, sino si los trabajadores que hoy carecen de las competencias digitales necesarias van a quedar fuera del reparto del valor generado por la tecnología. La respuesta, por ahora, depende de la velocidad de adaptación del sistema formativo y de las empresas.
El barómetro de PwC no dice —y quizá no puede decir— si la formación reglada y el reciclaje profesional serán capaces de cerrar la brecha antes de que la próxima ola de IA generativa acelere aún más la divergencia. Sí deja una pista: la diferencia entre quienes saben y quienes no se mide cada vez más en puntos porcentuales, y el cronómetro ya está en marcha.




