Las sanciones contra Irán llevan años perdiendo mordiente. En su último análisis, Bloomberg Television advierte de que el hipotético levantamiento del embargo, lejos de ser un simple interruptor que se activa, es un laberinto jurídico tan complejo que las empresas occidentales ni siquiera se plantean regresar a un mercado vetado durante medio siglo. La conclusión es demoledora: sin previsibilidad, no habrá reconstrucción económica.
El laberinto jurídico del alivio de sanciones
Dan, el analista de sanciones de Bloomberg Television, recuerda que algunas de las restricciones que pesan sobre Teherán exigen incluso notificación o verificación del Congreso estadounidense. Cuando el JCPOA entró en vigor en 2016, pasaron seis meses antes de que el alivio se hiciera tangible. Y ni siquiera aquel acuerdo logró normalizar las relaciones financieras: los grandes bancos globales se mantuvieron al margen, aun después de que se levantaran las sanciones secundarias en Europa y Asia.
Hoy, el escepticismo es aún mayor. «Los negocios no están clamando por volver a Irán», subraya Dan. La rumorología sobre una licencia general que permitiría al país vender petróleo sin temor a represalias inmediatas no ha disipado el miedo. La realidad es que ninguna empresa quiere arriesgarse a ser señalada por incumplir un marco normativo que sigue siendo opaco.
El problema de la secuencia y la designación de patrocinador del terrorismo
Uno de los escollos más delicados es el orden de los factores. El memorando de entendimiento negociado contempla dos vías: una potencial liberación de fondos y el alivio de sanciones. Pero si el dinero se desbloquea antes de que se relajen los castigos, solo podrá destinarse a fines humanitarios bajo las reglas actuales. «E Irán es radiactivo no solo desde el punto de vista de las sanciones, sino también del blanqueo de capitales», recalca el experto.
Además, Teherán sigue figurando en la lista negra de estados patrocinadores del terrorismo, un régimen sancionador independiente que exige un proceso de levantamiento distinto. Dan pone el ejemplo de Siria: el nuevo gobierno mantiene buenas relaciones con Estados Unidos, pero la designación terrorista sigue activa. Levantar las sanciones a Irán no es tan sencillo como «accionar un interruptor», ironiza el analista, y el plazo de 60 días del memorando —que ya arrancó con un tono poco prometedor— es demasiado ajustado para desenredar la maraña.
El desinterés del sector privado: ¿quién invertirá en Irán?
Incluso si mañana todas las sanciones desaparecieran, las grandes multinacionales no cruzarían la puerta. La inestabilidad, la moneda iraní hundida y la volatilidad geopolítica desincentivan cualquier apuesta. Dan es tajante: «Ninguno de mis mayores clientes muestra interés por invertir en Irán en un entorno donde la falta de previsibilidad, la inestabilidad y el riesgo de perder capital siguen pesando más que cualquier oportunidad de mercado.»
«Ninguno de mis mayores clientes muestra interés por invertir en Irán en un entorno donde la falta de previsibilidad, la inestabilidad y el riesgo de perder capital siguen pesando más que cualquier oportunidad de mercado.»
— Dan, analista de Bloomberg Television
La realidad sobre el terreno confirma ese desapego. El miércoles, solo siete buques transitaron el estratégico estrecho de Ormuz —seis de entrada y uno de salida—, una cifra que refleja un comercio casi inexistente. Mientras, el vicepresidente J.D. Vance declaraba en Fox News que la negociación merece una oportunidad, y una agencia semioficial iraní anunciaba el cierre del estrecho de Musk, añadiendo más confusión a un panorama ya de por sí enrevesado.
Las empresas no solo temen a las sanciones; temen a la falta de horizontalidad. «En esta administración, los vientos geopolíticos pueden cambiar demasiado rápido», apunta Dan. Las grandes compañías energéticas y automovilísticas europeas que coquetearon con Irán durante el JCPOA han aprendido la lección y hoy se mantienen a años luz del mercado persa.
Sanciones en entredicho: ¿herramienta eficaz o gesto político vacío?
Durante años, las sanciones sirvieron para forzar a Irán a sentarse en la mesa de negociación en 2015, pero su eficacia se ha degradado progresivamente. En opinión de Bloomberg Television, la administración estadounidense ha recurrido a la guerra cinética —ataques directos o indirectos— en lugar de confiar en el castigo económico, lo que resta poder disuasorio al embargo. La paradoja es que, aunque se retiren las sanciones, el sector privado ya ha descontado el riesgo y no regresará.
El memorando de 60 días es, quizas, la última muestra de esa ambivalencia. Irán cumplió el periodo de gracia sin cobrar peajes en el estrecho, pero a partir de ahora podría retomarlos. Sin un compromiso firme y una hoja de ruta clara, el alivio de sanciones se convierte en un espejismo que no beneficia a nadie. Al final, quien necesita desesperadamente reincorporarse a la economía global es Teherán, pero tal y como ironiza Dan, «tendrías que ser educado en casa por un alcohólico diurno para pensar que Irán va a cumplir su parte del trato».
El vídeo completo de Bloomberg Television desgrana estos y otros detalles imprescindibles para entender por qué el levantamiento del embargo a Irán está más lejos de lo que parece.




