El CEO de IAG lo confiesa: comprar EasyJet es ‘muy difícil’ por la UE, pero la crisis fuel no les frena

Luis Gallego reconoce que las reglas antimonopolio de Bruselas bloquean cualquier operación de gran calado. El holding de British Airways e Iberia confía en su posición de caja para sortear el encarecimiento del queroseno y mantener el pago al accionista.

Luis Gallego, consejero delegado de IAG, ha lanzado un jarro de agua fría sobre los rumores de consolidación en el cielo europeo. En un encuentro con inversores, el primer ejecutivo del holding que agrupa a British Airways, Iberia, Vueling, Aer Lingus y Level ha sido tajante: una oferta por EasyJet es “muy, muy difícil” que salga adelante. La razón no está en los números ni en la voluntad del comprador, sino en Bruselas. Las restrictivas normas antimonopolio de la Unión Europea convertirían cualquier operación de ese calibre en un campo de minas regulatorio.

Por qué comprar EasyJet es casi imposible para IAG

La Comisión Europea ya ha demostrado en el pasado que no tolera concentraciones que reduzcan de forma significativa la competencia en rutas clave. IAG, con una posición dominante en los aeropuertos de Londres-Heathrow y Gatwick, sumaría con EasyJet una cuota de slots que activaría todas las alarmas en la Dirección General de Competencia. “Es muy difícil argumentar que no habría un perjuicio para el consumidor”, habría señalado Gallego, según fuentes cercanas a la reunión.

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El directivo incluso fue más allá: “Podríamos explorarlo, pero las posibilidades de éxito son remotas”. Esta confesión pone negro sobre blanco la paradoja de un sector aéreo europeo fragmentado, donde las aerolíneas compiten ferozmente pero no pueden fusionarse para ganar músculo frente a los gigantes de Oriente Medio o Estados Unidos. La doctrina de Bruselas, consolidada tras el veto a la fusión entre Ryanair y Aer Lingus o las exigentes condiciones a Lufthansa para comprar ITA Airways, parece inamovible.

No es un problema de precio. IAG ha demostrado tener capacidad financiera para abordar operaciones corporativas de gran tamaño, como recoge en su último informe anual. El escollo es estructural.

No es falta de ambición: el tablero regulatorio europeo convierte cualquier fusión de gran tamaño en un callejón sin salida.

La crisis del queroseno y la promesa de dividendo

Mientras el mercado fantasea con una fusión que Gallego ve inviable, IAG tiene otras prioridades más terrenales. El precio del queroseno ha repuntado un 18% en lo que va de año, arrastrado por la tensión geopolítica y los ajustes de oferta de la OPEP+. Sin embargo, para el consejero delegado, la compañía está “fuerte” y cuenta con herramientas para absorber el golpe.

La clave está en la cobertura de combustible (hedging) que IAG mantiene a varios trimestres vista, una práctica estándar en el sector que permite fijar precios de antemano. Además, el grupo ha generado una caja operativa que según Gallego, “nos sitúa en una posición cómoda no solo para invertir en la renovación de flota, sino también para retribuir al accionista”.

IAG restableció el dividendo en 2024 tras varios ejercicios de sequía, y la intención es mantener o incluso incrementar el pago por acción. En un entorno de tipos de interés a la baja y con una deuda controlada, el argumento del retorno al inversor gana peso. El propio Gallego ha reiterado que la política de dividendo “no está en cuestión”.

El puzzle sin piezas sueltas de la aviación europea

El diagnóstico de Gallego refleja un problema más amplio. La consolidación aérea en Europa está en punto muerto precisamente cuando las aerolíneas asiáticas y estadounidenses avanzan a golpe de megafusiones. Mientras Delta y United engordan sus rutas transatlánticas, IAG tiene que crecer con alianzas de código compartido o pequeñas adquisiciones periféricas. No es casualidad que el grupo haya puesto el foco en América Latina con Level y en la expansión de su negocio de carga.

El dilema para los reguladores es complejo: proteger al consumidor europeo de un oligopolio aéreo o permitir la creación de campeones continentales capaces de competir globalmente. De momento, Bruselas ha elegido la primera opción, y las palabras del CEO de IAG confirman que el sector ha interiorizado esa barrera.

Yo creo que hay una pieza que no se está discutiendo: el mercado de slots. La regulación europea sobre derechos de despegue y aterrizaje (slots) funciona como un candado adicional. Para que IAG absorbiera a EasyJet, tendría que ceder tantos slots que el negocio dejaría de tener sentido económico. Es un muro jurídico más que financiero.

Al final, la partida no se juega en los despachos de los bancos de inversión, sino en los pasillos de la Comisión. Y ahí, el mensaje es claro: mejor crecer de forma orgánica y esperar a que alguien tropiece. Mientras tanto, el queroseno subirá, los márgenes apretarán y los inversores seguirán mirando a IAG no por quién compra, sino por cuánto reparte.


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