Grandes empresas europeas han canalizado ya más de 21 millones de euros hacia agricultores que adoptan prácticas regenerativas, un esquema de pago por servicios ecosistémicos que ha logrado reducir o capturar 1,16 millones de toneladas de CO₂ equivalente. El modelo, liderado por la firma Soil Capital, demuestra que la agricultura regenerativa puede financiarse con fondos privados sin depender de subsidios públicos.
Más de 21 millones de euros para la transición agroecológica
El programa pasó de apenas un centenar de explotaciones en 2021 a 1.600 establecimientos en 2025. Los pagos acumulados crecieron de un millón a 21,1 millones de euros, mientras que las toneladas de CO₂ evitadas o secuestradas saltaron de 30.000 a 1,16 millones. No es una cifra menor: equivale a retirar más de 250.000 coches de la circulación durante un año.
Detrás de estos números hay una cartera de multinacionales que firman cheques a cambio de certificados de carbono dentro de su propia cadena de suministro. La lista incluye a PepsiCo, Mars, Heineken, AB InBev, Royal Canin, Cargill, Roquette, Boortmalt y Cefetra. Ninguna quiere quedarse fuera de la ecuación cuando el mercado empieza a exigir materias primas con huella verificada.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO₂ evitado: 1,16 millones de toneladas de CO₂ equivalente reducidas o capturadas.
- Superficie: 385.000 hectáreas bajo prácticas regenerativas.
- Inversión: 21,1 millones de euros transferidos directamente a productores.
- Equivalencia tangible: Las explotaciones más avanzadas redujeron en 14 puntos las pérdidas de cosecha durante la sequía de 2023.
Cómo funciona el pago por servicios ecosistémicos (y quién paga)
Los productores estaban dispuestos a cambiar, pero necesitaban un incentivo económico. «En 2019 dejamos la consultoría y nos enfocamos en el productor. El carbono fue una puerta de entrada», explicó Yannick Delvaux, director de Expansión Internacional de Soil Capital, durante el Congreso Aapresid. La compañía actúa como intermediaria: las grandes firmas de la agroalimentación financian la transición, y los agricultores reciben pagos por tonelada de carbono y por la adopción de indicadores de salud de suelo, agua y biodiversidad.
Soil Capital evalúa cada establecimiento con métricas de desempeño económico, clima, agua y biodiversidad. A cambio, las empresas obtienen certificados de carbono que pueden imputar a sus objetivos de reducción basados en ciencia (SBTi). Es decir, descarbonizan su Scope 3 –el de los proveedores– sin recurrir a compensaciones externas.
«Nos ubicamos entre esas empresas, los productores y el resto de la cadena de valor para garantizar que puedan apoyar la transición. A cambio, las empresas realizan una inversión dentro de su propia cadena», detalló Delvaux. El modelo se sostiene en una premisa incómoda pero real: la descarbonización de la cadena alimentaria cuesta dinero, y alguien tiene que ponerlo.

El programa incorpora además indicadores que van más allá del carbono. La salud del suelo, la capacidad de retención de agua y la biodiversidad entran en la ecuación, lo que convierte el pago en un servicio ecosistémico completo, no en una mera transacción de bonos de carbono.
La descarbonización de la cadena alimentaria cuesta dinero, y alguien tiene que ponerlo: las multinacionales han empezado a hacerlo.
El impacto medible: suelos más sanos, menos CO₂ y resiliencia frente a sequías
Los datos recogidos durante seis años en 1.200 establecimientos franceses muestran diferencias elocuentes. Durante la dura sequía de 2023, los campos convencionales registraron pérdidas promedio de rendimiento del 22%, mientras que el grupo de productores más avanzados del programa limitó ese retroceso al 8%. «Es una diferencia enorme en los ingresos del productor», subrayó Delvaux.
Esa resiliencia se repitió con las inundaciones europeas de 2025. Las fincas que habían mejorado la salud del suelo y mantenían cultivos de cobertura vivos en invierno pudieron sembrar antes que los vecinos que seguían con labranza convencional. No es solo cuestión de emisiones: es renta agraria y seguridad alimentaria.
El estudio reveló también que la rentabilidad por hectárea se mantuvo o mejoró en las explotaciones regenerativas, a pesar de la reducción de insumos químicos. La clave está en la sinergia entre cubiertas vegetales, rotaciones largas y reducción del laboreo, que restauran la materia orgánica del suelo y permiten un mejor aprovechamiento del agua almacenada.
De Europa a Argentina: el desafío de replicar el modelo
Soil Capital ya ha puesto un pie en América Latina. «. El desafío ahora es lograr que ese mismo dinero también llegue a los productores latinoamericanos», explicó Delvaux. El obstáculo no es tecnológico, sino de articulación financiera y de una demanda de la cadena que aún no presiona con la misma intensidad fuera de la UE.
Un ejemplo de que la transición puede aterrizar en el Cono Sur lo ofreció Florencia Jáuregui, responsable de Estrategia de La Delia Verde, un campo bonaerense de 800 hectáreas: 700 en agricultura regenerativa y 100 en ganadería pastoril. La explotación mide la evolución del suelo, participa en un programa de huella de carbono ganadera y avanza en certificaciones de bienestar animal y carne grass-fed. «Vemos una demanda creciente de consumidores conscientes que no solo se interesan por lo que consumen, sino por cómo se producen los alimentos», afirmó.
Sin embargo, Jáuregui advirtió que todavía faltan herramientas de financiamiento y políticas públicas que acompañen la transición. Muchos de los cambios –implantar cultivos de servicio, diversificar rotaciones, integrar ganadería– requieren inversiones cuyo retorno se ve a mediano plazo. En los Países Bajos, en cambio, el cuidado del suelo forma parte de la política pública, como recordó el consejero agrícola Lucas Dupré: «Tratamos de apoyar las iniciativas que ya existen y generar el ecosistema para que puedan florecer».
1,16 millones de toneladas de CO₂ evitadas y 385.000 hectáreas certificadas: el pago por servicios ecosistémicos ya no es teoría.
La agricultura regenerativa como palanca de descarbonización en la cadena alimentaria
El programa de Soil Capital demuestra que la agricultura regenerativa puede escalar con dinero privado si existe un intermediario creíble que certifique los resultados. No se trata de una donación filantrópica: las empresas reciben certificados de carbono insertos en su propia cadena de valor, lo que les permite avanzar en sus compromisos Net Zero sin recurrir a compensaciones externas que cada vez generan más desconfianza. La Taxonomía Verde europea, que exige reportar la proporción de negocio alineado con actividades sostenibles, añade presión regulatoria a una demanda comercial que ya existía.
El monto acumulado –21,1 millones de euros– aún es pequeño comparado con los subsidios de la PAC o con los balances de las multinacionales involucradas, pero la pendiente de crecimiento es relevante: de un millón en 2021 a 21 millones en cuatro años, multiplicar por 20 en ese plazo indica que el modelo financiero funciona. La clave ahora es si las empresas están dispuestas a replicar ese esfuerzo en sus cadenas de suministro latinoamericanas, donde los costes de transición pueden ser más bajos pero la presión del regulador es menor.
La letra pequeña dice que el éxito depende de dos factores: métrica homogénea y prima económica suficiente. Si el precio del certificado no cubre el sobrecoste y el riesgo de adoptar prácticas regenerativas, el productor no cambiará. Los datos de la sequía de 2023 y de las inundaciones de 2025 ofrecen un argumento de resiliencia que, a medio plazo, convence incluso sin prima: en los campos más avanzados, la renta cayó mucho menos. Pero el incentivo inicial sigue siendo imprescindible para dar el primer paso.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 1,16 millones de toneladas de CO₂ evitadas o capturadas y 385.000 hectáreas con suelos más sanos, capaces de resistir sequías e inundaciones.
- Modelo que cambia: El pago por servicios ecosistémicos sustituye la dependencia de los subsidios públicos por una financiación privada vinculada a objetivos de descarbonización reales dentro de la cadena de suministro.
- Para las próximas generaciones: La extensión del modelo a América Latina abriría la puerta a una agricultura que fija carbono, recarga acuíferos y mantiene la renta agraria incluso bajo un clima más extremo.




