He analizado el comunicado final de la cumbre del G7 que acaba de concluir en Évian, y los líderes de las siete mayores democracias industriales han logrado acuerdos de calado en dos frentes que definirán la geopolítica económica de los próximos años: un endurecimiento de las sanciones a la economía de guerra rusa y un objetivo cuantificado para reducir la dependencia de China en minerales críticos. La declaración conjunta, arrancada por la diplomacia francesa, marca un punto de inflexión en la postura de Washington, que ahora respalda una presión más coordinada sobre Moscú mientras fija, por primera vez, un horizonte temporal y un umbral numérico al reequilibrio de las cadenas de suministro con Pekín.
El comunicado señala explícitamente que el G7 “endurecerá las sanciones, incluidas aquellas sobre los sectores del gas y el petróleo”. La referencia no es casual: la distensión en el estrecho de Ormuz —paso marítimo por el que transita un quinto del crudo mundial— facilita una ofensiva coordinada que hace apenas un año parecía bloqueada por las reticencias de la Casa Blanca. El presidente estadounidense Donald Trump no solo ha respaldado el texto, sino que ha amenazado directamente a Vladímir Putin con restablecer las sanciones al petróleo ruso si Moscú no se sienta a negociar.
El giro energético y militar sobre Rusia
La cumbre ha ido mucho más allá de las palabras. Reino Unido se ha comprometido a suministrar uranio enriquecido a las centrales nucleares ucranianas, reduciendo la dependencia energética de Kiev frente a Rusia. Además, el G7, con la adhesión de Canadá, amplía las sanciones a la flota fantasma que transporta crudo y gas rusos fuera de los circuitos oficiales. En paralelo, los líderes prometen aumentar la entrega de sistemas de defensa aérea, interceptores y misiles de largo alcance a Ucrania, y estudiar licencias para que el país aumente su propia producción militar.
La declaración conjunta fue elocuente: la UE, con Ursula von der Leyen al frente, “redoblará” los apoyos a Ucrania en un momento en que los Veintisiete ya son el principal sostén financiero y militar de Kiev. El argumento europeo —que Ucrania ha dañado infraestructuras rusas de forma notable en los últimos meses— pesó para conseguir un respaldo estadounidense que parecía improbable tras los desencuentros de 2025. La estrategia de Macron, basada en apartar las discrepancias medioambientales y en una diplomacia pragmática, ha logrado que Trump calificara la cita de “éxito” y reconociera que “Macron ha hecho un gran trabajo”.
En este contexto, la cumbre ha servido también para lanzar una advertencia contundente a Irán, en un momento en que el acuerdo nuclear está en una fase decisiva. Trump fue tan directo como suele:
“Irán va a necesitar inversiones, alguien debe ayudarles, quizás sus vecinos. Nosotros no les daremos dinero.” — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, cumbre del G7 en Évian, 18 de junio de 2026
Minerales críticos: el horizonte 2030 y la sombra china
El otro gran pilar del comunicado tiene una fecha y una cifra concretas. El G7 ha fijado el objetivo de reducir la dependencia de China en materia de tierras raras por debajo del 60 % en 2030. Es la primera vez que las siete democracias más ricas ponen un plazo y un umbral medible a la voluntad de reequilibrar la relación económica con Pekín, en respuesta a lo que consideran una sobrecapacidad productiva conseguida a base de subsidios masivos a la exportación.
China controla hoy más del 70 % de la producción mundial de minerales críticos, según los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía. El plan de Évian no busca una ruptura total, pero envía una señal inequívoca a los mercados: Europa y Norteamérica van a acelerar las inversiones en minería, procesado y reciclaje de imanes permanentes y otros componentes. Compañías como MP Materials en Estados Unidos o Lynas Rare Earths en Australia ya han subido más de un 5 % en las primeras horas de cotización tras la noticia.
Un equilibrio inestable entre presión y negociación
Lo que observo en el documento de Évian es una estrategia de doble vía que tiene sentido, pero que encierra contradicciones. Por un lado, se aprietan las sanciones energéticas a Rusia y se ponen cifras al distanciamiento de China; por otro, se deja la puerta abierta a la negociación con Moscú y a una relación comercial con Pekín que no se quiere romper del todo. La clave es que este equilibrio funciona mientras todos los miembros del G7 remen en la misma dirección. La actitud de Trump —que entró en la sala diciendo “soy el jefe”, según fuentes citadas por la organización— puede cambiar si la economía estadounidense sufre efectos colaterales. La referencia a la distensión en Ormuz es, en ese sentido, una señal de que la Casa Blanca cree tener un colchón para actuar sin disparar el precio del crudo. Pero la historia muestra que los estrechos geopolíticos se cierran con la misma rapidez con la que se abren.
El objetivo del 60 % en tierras raras para 2030 es ambicioso y envía un mensaje a los mercados de capitales: Europa y Norteamérica deberán movilizar inversiones en minería y reciclaje. Sin instrumentos presupuestarios comunes en la UE y sin una legislación de financiación equivalente a la IRA estadounidense, la meta corre el riesgo de quedarse en papel mojado. Para el lector español, la prueba inmediata de que el compromiso es real será la velocidad con la que Bruselas concrete nuevos proyectos en el marco de la Ley de Materias Primas Críticas.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España y la eurozona, los acuerdos de Évian tienen implicaciones directas. La ampliación de las sanciones al gas y al petróleo rusos puede añadir prima de riesgo a los precios energéticos, lo que presiona al alza el Euríbor si el BCE interpreta el repunte como inflacionista; con todo, la referencia a la calma en Ormuz actúa como contrapeso. En el capítulo de minerales críticos, la meta del 60 % acelerará los proyectos europeos de extracción y procesado. España, con reservas no explotadas de wolframio, estroncio y otros minerales estratégicos, puede beneficiarse de un marco de ayudas y permisos rápidos. Las empresas españolas de energías renovables y de reciclaje de imanes permanentes ven aquí una ventana de oportunidad que hasta ahora no había tenido una fecha concreta de ejecución.





