El precio medio del galón de gasolina en Estados Unidos ha perforado a la baja el umbral de los 4 dólares por primera vez desde abril, confirmando la tendencia que anticipaban los futuros del crudo tras conocerse el principio de acuerdo para poner fin a la guerra entre Washington, Israel e Irán. Los datos más recientes de la Asociación Americana del Automóvil (AAA) ya reflejan un descenso acelerado: el promedio nacional del lunes se situaba en 4,06 dólares, pero varias referencias regionales han cruzado la barrera psicológica de los 4 dólares a lo largo del fin de semana, y todo apunta a que las caídas continuarán en los próximos días.
He seguido de cerca la evolución de los inventarios de crudo y los cuellos de botella en el Estrecho de Ormuz, y lo que observo es un shock de oferta que, aunque contundente en su impacto al alza, comienza a revertirse con la misma virulencia con la que se gestó.
La reapertura del Estrecho de Ormuz desploma el crudo
El detonante de este alivio es el acuerdo preliminar alcanzado el fin de semana entre Estados Unidos e Irán, que abre un periodo de negociación de 60 días y, sobre todo, permite la reanudación del tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz. Durante más de tres meses, apenas una decena de buques diarios surcaban un canal por el que habitualmente transitan 135, lo que estranguló la salida de aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado que consume el planeta.
Los precios del barril de crudo han caído a mínimos de tres meses, y el Brent —referencia internacional— se ha dejado más de un 15 % en una semana. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que el conflicto llegó a interrumpir hasta 14 millones de barriles diarios de producción, el equivalente al 14 % de la demanda mundial.
Para poner en contexto el vuelco, basta mirar la serie de precios en el surtidor estadounidense:
- 28 de febrero de 2026: 2,98 $/galón, justo antes del inicio de los ataques.
- Principios de mayo: 4,48 $/galón, máximo anual.
- 16 de junio de 2026: Promedio nacional de 4,06 $/galón, con tendencia bajista acelerada y con algunos estados ya por debajo de los 4 dólares.
«Es posible que pasen muchos meses, incluso más de un año, hasta que los inventarios globales de crudo recuperen los niveles previos a la guerra.» — Patrick De Haan, jefe de análisis de GasBuddy, en declaraciones a Al Jazeera (16 de junio de 2026)
Los cuellos de botella que frenan la normalización total
No obstante, los analistas consultados coinciden en que el traslado completo de la caída del crudo al surtidor no será inmediato. Las distorsiones en la cadena de suministro acumuladas durante los más de tres meses de bloqueo requerirán semanas, si no meses, para reabsorberse.
John Deal, director gerente de mercados de capitales del banco de inversión Post Oak Group, lo explicaba así a Al Jazeera: «Hay un desfase con la capacidad de transporte marítimo. La capacidad de transporte marítimo es quizás la restricción más significativa». Y es que, según datos de Kpler, hay más de 500 buques esperando para atravesar el Estrecho de Ormuz, lo que genera un atasco que tardará semanas en deshacerse.
Además, la reanudación de la producción petrolera no será automática. Las refinerías que se cerraron por precaución podrían alcanzar hasta el 95 % de su capacidad en 40 a 60 días, según Vitol Bahrain, pero aquellas que resultaron dañadas en los combates necesitarán plazos mucho más largos. La propia AIE advierte de que las reservas estratégicas estadounidenses están en su nivel más bajo desde 1983, tras caer un 18 % desde el inicio de la guerra, lo que obligará a un proceso de rellenado que, por sí solo, mantendrá la demanda elevada durante el verano.
«Mi impresión es que la demanda se mantendrá alta durante todo el verano y que probablemente no volveremos a los niveles de precios anteriores a la guerra hasta después del verano, quizás en septiembre u octubre.» — John Deal, director gerente de Post Oak Group, en declaraciones a Al Jazeera (16 de junio de 2026)
Análisis: la gasolina como termómetro inflacionario y político
Desde mi punto de vista, la caída de la gasolina por debajo de la barrera de los 4 dólares tiene un impacto que va más allá del alivio inmediato en los bolsillos de los conductores estadounidenses. El último informe del IPC mostró una inflación interanual del 4,2 %, impulsada en gran medida por los precios energéticos, que han subido un 40 % respecto al año pasado. Si esta tendencia bajista se consolida, la Reserva Federal podría encontrar argumentos adicionales para pausar o incluso revertir parte del endurecimiento monetario en la segunda mitad del año, especialmente si los precios de los alimentos —que siguen disparados por el encarecimiento del transporte y de los fertilizantes— comienzan a moderarse en otoño.
El factor electoral también cobra relevancia. A cinco meses de las elecciones de medio mandato, la Administración Trump ha utilizado el descenso de la gasolina como prueba de éxito de su gestión. Sin embargo, como señalan los expertos, la normalización de los precios será un proceso lento, y los consumidores seguirán enfrentando precios elevados en los supermercados —donde los tomates han subido un 40 % en un año y la carne picada un 12 %— durante meses. La memoria del votante se forja en la evolución de la semana a semana, y ahí los cuellos de botella logísticos pueden jugar en contra de una recuperación de la popularidad presidencial.
🌍 El impacto en España y Europa
En el Viejo Continente, el descenso del crudo y la reapertura del Estrecho de Ormuz se traducirán en una bajada progresiva de los precios del gasóleo y la gasolina en las estaciones de servicio españolas, aunque con el desfase habitual de una o dos semanas. El Brent, que había superado los 95 dólares durante los peores momentos del conflicto, cotiza ahora en el entorno de los 78 dólares, lo que aliviará la factura energética de hogares y empresas. Para el Banco Central Europeo, esta evolución supone un balón de oxígeno: una inflación general menos presionada por la energía le permitiría mantener una postura menos hawkish y centrar su atención en los riesgos de recesión. El Euríbor, muy sensible a las expectativas sobre los tipos del BCE, podría moderar su escalada si se consolida la desinflación energética, dando un respiro a las hipotecas variables españolas. No obstante, el verdadero desafío para los consumidores españoles será que los precios de los alimentos, todavía muy influenciados por los costes de transporte y los fertilizantes, sigan una senda similar de moderación. Eso, por ahora, está por ver.




