He estado leyendo esta mañana el discurso del primer ministro vietnamita Lê Minh Hưng, lanzado ayer sábado en Ciudad Ho Chi Minh, y debo decir que pocas veces una campaña de emulación nacional tiene implicaciones tan directas para el comercio internacional. Vietnam se ha propuesto un objetivo que hasta ahora solo han logrado economías como China durante su fase de industrialización: un crecimiento sostenido de doble dígito durante cinco años, del 2026 al 2030. El plan, bautizado como “Determinados a lograr un crecimiento sostenible de dos dígitos en el periodo 2026-2030”, no es una mera declaración política; viene acompañado de reformas institucionales, inversiones en infraestructura y una apuesta por la tecnología y la digitalización que cambiarán el perfil del país como eslabón industrial.
La campaña del doble dígito: reformas, metas y plazos
El primer ministro Hưng detalló las líneas maestras de la iniciativa, que movilizará a todo el sistema político, empresarial y ciudadano. Las metas son ambiciosas pero cuantificables:
- Crecimiento anual mínimo del 10% entre 2026 y 2030, con el horizonte de convertir a Vietnam en una economía de renta alta en 2045.
- Reformas institucionales para eliminar cuellos de botella burocráticos, simplificar trámites y evaluar a las agencias gubernamentales en función de los resultados para ciudadanos y empresas.
- Desarrollo acelerado de infraestructura moderna en transporte, energía, logística y digitalización, con especial énfasis en centros de innovación, zonas de alta tecnología y administración electrónica.
- Transición verde y apuesta por la ciencia y la tecnología como pilares de la productividad, incluyendo la finalización de proyectos estancados y la gestión fiscal prudente para evitar despilfarros.
Lo que realmente llama la atención es el tono de urgencia y la advertencia contra “la inercia burocrática y la elusión de responsabilidades”. Hưng pidió cambios de mentalidad y métodos de trabajo, dejando claro que el éxito de la campaña depende tanto de la acción del Gobierno como del compromiso de las empresas y la sociedad.
“El XIV Congreso Nacional del Partido ha inaugurado una nueva era para el país. Es imprescindible mantener un crecimiento anual de al menos el 10% entre 2026 y 2030 para que Vietnam alcance su objetivo de convertirse en una nación desarrollada de renta alta en 2045.” — Lê Minh Hưng, primer ministro de Vietnam, lanzamiento de la campaña, junio de 2026
Vietnam como alternativa estratégica a China: ¿realidad o aspiración?
Llevo años siguiendo de cerca el reposicionamiento de Vietnam en la cadena de suministro global y este movimiento lo confirma: el país se está preparando para absorber mucha más producción manufacturera que ya no cuadra en China. El fenómeno “China+1” no es nuevo, pero hasta ahora Vietnam competía sobre todo en sectores intensivos en mano de obra, como textil, calzado y montaje electrónico básico. El anuncio de Hưng añade una dimensión cualitativa: la apuesta por la innovación, los parques tecnológicos y la administración digital busca subir escalones en la cadena de valor y atraer inversiones de mayor contenido tecnológico.
Los números respaldan la ambición. Según datos del Banco Asiático de Desarrollo, Vietnam creció un 6,4% en 2025 y las previsiones apuntan al entorno del 7% para este año. Aun así, el salto al 10% sostenido requerirá una ejecución casi perfecta de las reformas y, sobre todo, un desbloqueo masivo de infraestructuras críticas (puertos, energía, conectividad digital) que hoy todavía frenan a los inversores extranjeros. Si lo consigue, Europa tiene mucho que ganar —y mucho que replantearse— en su estrategia de diversificación industrial.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Un Vietnam que crece al 10% durante un lustro no es solo una historia asiática; es un cambio estructural en los precios y flujos comerciales que afectará a la eurozona de forma tangible:
- Presión bajista sobre los precios de bienes de consumo importados. Si la capacidad productiva vietnamita se expande al ritmo previsto, los costes unitarios de textil, calzado y componentes electrónicos seguirán cayendo. Eso podría recortar entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales la inflación de bienes no energéticos en la eurozona durante los próximos dos años, facilitando la senda de normalización del BCE.
- Reconfiguración de las cadenas de suministro europeas. Empresas españolas del sector textil (Inditex, Mango) y de componentes de automoción ya trabajan con proveedores vietnamitas. La campaña de reformas acelera la viabilidad de trasladar más producción desde China, reduciendo riesgos geopolíticos y arancelarios. No obstante, los cuellos de botella logísticos y la dependencia de insumos chinos siguen siendo un límite a corto plazo.
- Competencia directa para los fabricantes europeos de gama baja. Mientras la industria europea de alto valor añadido se beneficia de piezas más baratas, los productores locales de bienes de consumo masivo (calzado, muebles, juguetes) sufrirán una presión adicional de precios. El ajuste será inevitable y rápido si Vietnam cumple sus objetivos.
En definitiva, la campaña lanzada ayer en Ho Chi Minh no va a pasar desapercibida en los consejos de administración europeos. Vietnam no solo quiere crecer: quiere hacerlo subiendo peldaños en la cadena de valor y convirtiéndose en el socio industrial imprescindible de Occidente. La pregunta ya no es si lo logrará, sino cuánto tardarán las empresas europeas en darse cuenta de que la alternativa a China ya tiene nombre y está a punto de acelerar.




