Andy Burnham afronta una deuda del 95% del PIB y una inflación que no cede hasta 2029

El nuevo primer ministro británico se topa con la advertencia del NIESR: sin espacio para más déficit, deberá subir impuestos o recortar gasto para financiar sus promesas de alivio al coste de vida.

Andy Burnham aterrizó en el número 10 de Downing Street el pasado 20 de julio con una agenda volcada en el coste de la vida, pero la realidad fiscal que hereda es tan tozuda como las cifras: la deuda pública británica asciende ya al 95,1 % del PIB y la inflación no regresará de forma sostenida al objetivo del 2 % del Banco de Inglaterra hasta principios de 2029. Esa es la conclusión principal del informe que acaba de publicar el National Institute of Economic and Social Research (NIESR), el centro de estudios de referencia que, en sus proyecciones de julio, no deja margen para la complacencia.

La herencia que condiciona Downing Street

El dato de partida que maneja el NIESR es contundente. La inflación interanual del Reino Unido se sitúa hoy en el 2,6 %, tres décimas por encima del umbral que persigue Threadneedle Street. Pero la institución prevé que el shock geopolítico derivado de la guerra en Irán empuje el IPC hasta un máximo del 3,8 % en febrero de 2027, una cota que no se habría alcanzado desde los picos posteriores a la invasión de Ucrania. A partir de ahí, la desescalada será lenta: el retorno al 2 % tendrá que esperar hasta comienzos de 2029, según las estimaciones de los economistas del instituto.

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En paralelo, la deuda neta del sector público —excluidos los bancos con participación estatal— cerró mayo en el 95,1 % del PIB. Una fotografía financiera que deja al nuevo Gobierno laborista sin el colchón de endeudamiento que sí tuvieron administraciones anteriores en coyunturas de crisis. El subdirector de macroeconomía del NIESR, Stephen Millard, lo verbalizó sin rodeos:

“Claramente no hay margen para aumentar el endeudamiento”. — Stephen Millard, subdirector de macroeconomía del NIESR, 29 de julio de 2026

Lo que el NIESR no dice pero el mercado ya intuye

Lo que me parece más revelador de esta advertencia no es la magnitud de la deuda —que los inversores ya conocían— sino el calendario inflacionista que dibuja el NIESR. Mientras el primer ministro promete aliviar la presión sobre los hogares eliminando el IVA de la electricidad a partir de octubre y reduciendo un 20 % los impuestos a pubs y salas de música en Inglaterra desde abril de 2027, el mismo centro de estudios le recuerda que financiar esas medidas exigirá subir impuestos o recortar gasto en otras partidas. No hay atajos. Y el presupuesto que Burnham debe presentar en octubre será la primera prueba de fuego.

Veo aquí un choque de lógicas que puede tensar la credibilidad fiscal del Reino Unido. Por un lado, un Ejecutivo que quiere ser percibido como el escudo de las familias trabajadoras; por otro, un entorno en el que cualquier estímulo no compensado se traduce inmediatamente en presión sobre los gilts y, por extensión, sobre el coste del servicio de la deuda. El NIESR ha puesto sobre la mesa la opción menos popular —impuestos más altos o tijera al gasto— porque sabe que el Banco de Inglaterra no va a contemporizar. La inflación importada por la energía no le permitirá rebajar los tipos a corto plazo, y cualquier estímulo fiscal descoordinado prolongaría esa restricción monetaria justo cuando las familias necesitan respirar.

🌍 El impacto en España y Europa

Para un lector español, lo que ocurre en el Reino Unido no es ajeno. El mercado británico es el quinto destino de las exportaciones españolas. Si Burnham se ve forzado a un ajuste fiscal que frene el consumo interno, las empresas españolas de automoción, agroalimentación o bienes de equipo notarán el retroceso. Además, la prolongada presión inflacionista en Reino Unido mantendrá los yields de la deuda soberana elevados, y ese diferencial suele contagiarse al Euríbor a doce meses, referencia principal de las hipotecas variables en España. Cualquier retraso adicional en la convergencia de la inflación británica hacia el 2 % dará argumentos al BCE para no acelerar sus recortes, con el consiguiente encarecimiento de la financiación de familias y pymes en la eurozona. En definitiva, el dilema fiscal de Londres se traduce, para la economía española, en un horizonte de tipos algo más altos durante más tiempo.


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