BBVA ejecuta 10 cambios en su cúpula directiva tras el fracaso de la OPA a Sabadell

La salida de ocho pesos pesados del comité ejecutivo, incluido el director financiero, marca un giro estratégico tras el revés en la puja por Sabadell. Gonzalo Rodríguez, hasta ahora responsable de banca minorista, asume las riendas financieras en plena aceleración de la intelige

El presidente de BBVA, Carlos Torres, ha sacudido este miércoles la cúpula del segundo banco español con 10 cambios en el comité de dirección, apenas cinco meses después de que fracasara la opa hostil sobre Sabadell. La decisión, comunicada internamente esta mañana, supone la salida de ocho ejecutivos de su núcleo duro y la llegada de un nuevo director financiero: Gonzalo Rodríguez, hasta ahora responsable de banca minorista del grupo.

El relevo más visible es el del director financiero. Rodríguez, un perfil forjado en la división comercial y con un papel clave en la digitalización de la red de oficinas, sustituye al anterior responsable, cuyo nombre no ha trascendido oficialmente. Junto a él, abandonan el máximo órgano ejecutivo otros siete directivos, entre los que figuran responsables de áreas como Riesgos, Medios y Tecnología. Torres mantiene la presidencia, pero imprime un giro radical al equipo que le acompañó durante la fallida puja por Sabadell.

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La operación sobre el banco de origen catalán, lanzada en mayo de 2024 y bloqueada definitivamente en febrero de este año por el rechazo de los accionistas y los recelos del Gobierno, dejó a BBVA sin el salto de escala que buscaba en el mercado doméstico. Aquel revés obligó al banco a replantear su hoja de ruta. Ahora, la entidad apuesta por acelerar la transformación digital y la inteligencia artificial como palancas de crecimiento orgánico.

BBVA ha elevado la IA a eje estratégico. En los últimos trimestres ha desplegado modelos predictivos en la gestión del riesgo, la personalización de productos y la eficiencia operativa. El nuevo comité de dirección, según fuentes internas, debe pilotar una segunda fase de automatización que afectará a más de 2.000 procesos internos antes de 2027. La incorporación de Rodríguez, con conocimiento directo del negocio minorista, encaja en esa ambición: se busca que la tecnología no sea un compartimento estanco, sino un hilo conductor de todas las decisiones financieras.

La sacudida ejecutiva en cifras

De los diez cambios anunciados, ocho son salidas definitivas del comité de dirección, el mayor vuelco en la cúpula de BBVA desde la integración de CatalunyaCaixa en 2015. Dos de las nuevas incorporaciones ya tenían mando en áreas clave, mientras que una plaza se cubrirá con un fichaje externo, aún por desvelar. La media de antigüedad de los directivos salientes superaba los doce años en el banco.

BBVA ha detallado los movimientos en un hecho relevante enviado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). La cotización del valor apenas se inmutó en la apertura de la sesión, aunque analistas de Barclays interpretaron el movimiento como un intento de “recuperar la credibilidad estratégica” tras el desgaste de la opa. El banco ha ganado un 8% en bolsa en lo que va de año, rezagándose frente al 15% que suma el sector bancario europeo.

Nunca una salida colectiva de ocho pesos pesados se había producido sin una crisis de por medio. Es una reestructuración preventiva.

Nuevo director financiero y apuesta por la IA

Gonzalo Rodríguez, de 48 años, asume la dirección financiera tras más de una década en distintos puestos de la banca minorista. Su nombramiento sorprende por romper la tradición de perfiles con larga trayectoria en tesorería, mercados o relaciones con inversores. Sin embargo, encaja con la prioridad que Torres quiere dar a la transformación digital desde las finanzas del grupo. Rodríguez tendrá que gestionar un balance de 800.000 millones de euros y una ratio de capital CET1 del 12,8%, mientras acelera la automatización de los procesos contables, fiscales y de reporting.

La apuesta por la IA va más allá de los ahorros de costes. BBVA quiere que los modelos de lenguaje natural ayuden a los gestores comerciales a predecir las necesidades de los clientes, al estilo de lo que ya hacen bancos como JPMorgan o DBS. Pero el salto requiere un cambio cultural que no se logra solo con tecnología. Por eso, la renovación de la cúpula es también un mensaje interno: la vieja guardia, anclada en la expansión inorgánica, deja paso a una generación que entiende el banco como una plataforma de datos.

Análisis: Torres resetea el banco tras el revés del Sabadell

La opa fallida fue un punto de inflexión. Torres había apostado su capital político a la absorción de Sabadell para ganar tamaño frente a CaixaBank y Santander. Al fracasar, el mercado empezó a cuestionar si el presidente tenía un plan B convincente. La respuesta ha tardado cinco meses, pero llega con una señal contundente: el banco no se quedará esperando otra oportunidad corporativa, sino que competirá con armas digitales en un entorno de tipos de interés a la baja.

El riesgo es que la salida masiva de directivos descoordine la ejecución a corto plazo. Ocho cambios en el núcleo duro implican una pérdida de conocimiento institucional que no se recupera en semanas. Rodríguez, además, se estrena en unas funciones para las que no tiene experiencia directa. BBVA confía en que el músculo financiero —el banco cerró el primer semestre con un beneficio de 3.200 millones de euros— le dé margen para absorber la transición. Pero no hay garantías.

El mercado estará atento a la presentación de resultados del tercer trimestre, prevista para octubre, donde se podrá medir si la nueva cúpula transmite la solvencia que Torres necesita. De momento, la sacudida tiene más de mensaje que de milagro. Lo que viene ahora es poner la IA a trabajar de verdad, y eso se mide en puntos básicos de eficiencia, no en comunicados.

La banca española observa. CaixaBank y Santander han hecho movimientos más quirúrgicos en sus equipos digitales. BBVA, en cambio, ha optado por una cirugía mayor. Si funciona, marcará el camino para un sector que sabe que la próxima batalla no se libra en las sucursales, sino en los algoritmos.


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