La tercera edición de la Feria Agroalimentaria y de Artesanía ‘Saborea La Solana’ abre sus puertas en Ciudad Real con 34 empresas participantes y un total de 54 expositores, un despliegue que refuerza el peso del sector primario en la economía de Castilla-La Mancha.
La muestra, que se desarrollará durante todo el fin de semana, fue inaugurada este jueves con la presencia de la vicepresidenta de la Diputación Provincial de Ciudad Real, Sonia González, la diputada regional Lola Merino y la alcaldesa de La Solana, Luisa Márquez, entre otras autoridades.
El concejal de Promoción Económica, Santiago López, principal impulsor del proyecto, subrayó que la cita ha conseguido reunir a 34 empresas del sector agroalimentario y artesano, con 54 puntos de venta y exposición abiertos al público, una cifra que confirma la consolidación del evento tras dos ediciones anteriores.
Un escaparate de 34 firmas y medio centenar de estands
La feria se ha convertido en un polo de atracción para productores de proximidad. Quesos, aceites, vinos, embutidos, miel y una amplia representación de la artesanía manchega ocupan los estands de la carpa central, que este año estrena un espacio dedicado exclusivamente a talleres gastronómicos.
El crecimiento respecto a las primeras citas ha sido notable: de las 20 empresas iniciales se ha pasado a 34, un incremento que Santiago López atribuye al «boca a boca» y a la proyección mediática que ha ido ganando Saborea La Solana. «Cada año es más fácil convencer a las firmas de que merece la pena estar aquí», apuntó.
De hecho, el programa de esta edición incluye más de una decena de catas comentadas, varias masterclass culinarias y actuaciones musicales de la Agrupación Folklórica ‘Rosa del Azafrán’ y otros artistas locales, pensadas para atraer a un público familiar que no solo compre, sino que viva la experiencia del producto de la tierra.
Apoyo institucional y una agenda con catas, talleres y música

El respaldo de de las administraciones ha sido clave para dar estabilidad a la feria. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Diputación Provincial de Ciudad Real han colaborado tanto en la financiación como en la difusión, conscientes de que los eventos de promoción económica local ayudan a fijar población y a mantener vivo el tejido empresarial del medio rural.
Paco Núñez, presidente regional del Partido Popular, puso en valor el tejido agroalimentario castellanomanchego y la capacidad de de iniciativas como Saborea La Solana para proyectar «la imagen de una región vinculada a la calidad y la excelencia de sus productos». La alcaldesa, Luisa Márquez, añadió que la feria es «una imagen de lo que somos» y un motor para atraer visitantes.
Más de medio centenar de expositores convierten a La Solana en el escaparate de la excelencia agroalimentaria de Castilla-La Mancha.
La organización ha previsto además una amplia oferta de ocio paralelo: conciertos, zona de restauración con platos típicos y espacios infantiles, lo que convierte la feria en un plan de fin de semana completo. Las previsiones apuntan a superar los 6.000 visitantes contabilizados en 2025, según fuentes municipales.
Las ferias de proximidad como motor de arraigo económico
Detrás de los datos de expositores y asistentes hay una lógica territorial que explica por qué esta clase de eventos importan más allá del fin de semana festivo. Castilla-La Mancha cuenta con un peso relativo del sector agroalimentario sobre el PIB regional que ronda el 10%, muy por encima de la media nacional, y las pequeñas ferias ejercen de correa de transmisión entre el productor y el consumidor final.
En una comunidad donde la densidad empresarial es baja y la dispersión geográfica penaliza los canales comerciales tradicionales, concentrar durante tres días a 34 empresas en un mismo recinto sirve para hacer contactos, cerrar acuerdos de distribución y mostrar al público urbano que los alimentos no nacen en el lineal del supermercado. Es una función formativa y de arraigo que no cumplen las grandes superficies.
Además, Saborea La Solana ha sabido incorporar el componente artesano y el ocio musical, una fórmula que ya han ensayado con éxito otras citas como Farcama o Fenavin. La diferencia es que aquí el tamaño pequeño permite que todos los actores se conozcan y que el visitante hable directamente con quien ha elaborado el queso o prensado el aceite, una cercanía que el mercado echa de menos.
Queda, sin embargo, una tarea pendiente: medir el retorno real de la feria en términos de ventas consolidadas para las empresas expositoras. Sin ese dato, la decisión de repetir cada año se basa más en el entusiasmo que en la rentabilidad, un riesgo latente en casi todas las ferias institucionales de pequeño formato. De momento, la tercera edición ha abierto con el mismo ímpetu con que fue concebida, y eso ya es un buen indicador de que el sector la siente propia.




