La administración Trump ha paralizado este jueves la concesión de cinco proyectos eólicos marinos que ya estaban en construcción en la costa este de Estados Unidos, alegando riesgos para la seguridad nacional. La medida congela 6,2 GW de capacidad renovable y amenaza con frenar la descarbonización justo cuando la demanda de electricidad se dispara por los centros de datos y la inteligencia artificial.
Proyectos en construcción que quedan en suspenso
La orden del Departamento de Interior afecta de inmediato a los parques Vineyard Wind 1, Revolution Wind, Coastal Virginia Offshore Wind (CVOW), Sunrise Wind y Empire Wind 1. Todos ellos cuentan con una potencia conjunta de 6,2 GW, suficiente para abastecer a más de tres millones de hogares con la tecnología eólica marina. El proyecto más avanzado es CVOW, propiedad de Dominion Energy y con 2.600 MW, cuyas turbinas estaban a pocos meses de empezar a verter electricidad a la red de Virginia.
La pausa se produce después de que el Departamento de Guerra entregara informes clasificados que, según el Secretario de Interior Doug Burgum, detectan “riesgos de seguridad nacional emergentes”. Burgum subrayó que la obligación primordial del Gobierno es “proteger al pueblo estadounidense” y que las estructuras eólicas crean “vulnerabilidades” para las tecnologías de adversarios.
El argumento de seguridad nacional: interferencias radar sin pruebas públicas
El Ejecutivo republicano asegura que el movimiento de las palas y las torres reflectantes de los aerogeneradores producen “interferencias de radar”, un fenómeno conocido como ‘clutter’ que podría enmascarar amenazas enemigas. Sin embargo, el Departamento de Interior no ha desclasificado los informes que respaldan la medida, por lo que el riesgo se sostiene únicamente sobre documentos secretos.
La tesis del Pentágono choca con la experiencia real: los dos aerogeneradores piloto de CVOW llevan cinco años funcionando sin haber provocado ningún incidente relacionado con la seguridad nacional. Además, el parque se sitúa a 44 kilómetros de la costa, una distancia que minimiza cualquier impacto visual o interferencia con radares costeros.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Capacidad renovable en pausa: 6,2 GW de eólica marina, casi el doble de la potencia eólica marina operativa actual en Estados Unidos.
- CO2 evitado (estimación): cerca de 10 millones de toneladas anuales que dejarían de emitirse al culminar todos los proyectos, según factores de carga estándar del Atlántico norte.
- Equivalencia: electricidad suficiente para más de 3 millones de hogares, lo que liberaría capacidad fósil en una red con una demanda al alza del 3% anual.

Dominion Energy contraataca: “CVOW es esencial para la seguridad nacional”
La respuesta de Dominion Energy no se ha hecho esperar. En un comunicado, la eléctrica recuerda que el proyecto CVOW es “esencial para la seguridad nacional estadounidense” porque abastecerá a algunas de las instalaciones militares más críticas del país: la base naval de Norfolk, el mayor fabricante mundial de buques de guerra (Newport News Shipbuilding) y la mayor concentración de centros de datos del planeta. Según la empresa, detener el parque “amenaza la fiabilidad de la red para algunos de los activos militares, de inteligencia artificial y civiles más importantes de la nación”.
Dominion subraya que CVOW es un proyecto de capital estadounidense, con más de diez años de planificación y coordinación estrecha con las Fuerzas Armadas. Los reguladores estatales de Virginia aprobaron sus costes en 2022 tras una revisión exhaustiva, y los mismos supervisan los exigentes programas de ciberseguridad y seguridad física del parque.
La paradoja es total: el mismo argumento de seguridad nacional que esgrime la administración Trump es el que sostiene al mayor proyecto eólico marino del país, diseñado para alimentar la infraestructura militar y la revolución de la IA.
La eléctrica añade que la demanda de electricidad en Virginia se duplicará en los próximos años, impulsada por los centros de datos que compiten en la carrera de la IA y por la fabricación de submarinos nucleares. “Virginia necesita cada electrón que podamos conseguir”, sentencia el comunicado, recordando que el plan energético del estado combina gas natural, nuclear avanzada y renovables.
¿Qué implica esta parálisis para la transición energética de EE.UU.?
La congelación de cinco parques en construcción supone un frenazo brutal para el objetivo de la administración Biden de alcanzar 30 GW de eólica marina en 2030. Los 6,2 GW bloqueados representan más del 20% de la meta oficial y envían una señal de inestabilidad regulatoria que puede espantar a los inversores internacionales, justo cuando el sector necesitaba certidumbre para cerrar contratos y financiar nuevas fábricas de componentes.
El impacto no se limita a los megavatios. La cadena de suministro —puertos, astilleros, fabricantes de torres y cables— estaba ya movilizada. La parálisis amenaza miles de empleos y obligará a recurrir a más centrales de gas para cubrir la demanda creciente, con el consiguiente aumento de emisiones. A la vista de los argumentos militares, los promotores confían en poder recurrir la decisión ante los tribunales, pero los plazos judiciales pueden alargarse meses.
El caso contrasta con el ritmo de la eólica marina en Europa, donde países como Reino Unido, Alemania o Dinamarca instalan gigavatios sin que se hayan planteado riesgos de seguridad. La comunidad científica y la propia industria militar llevan años señalando que las interferencias de radar son solucionables con tecnología de filtrado, algo que no se ha explorado en esta disputa.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: la reactivación de los 6,2 GW evitaría cerca de 10 millones de toneladas de CO2 al año y reduciría la dependencia del gas natural en la costa este.
- Modelo que cambia: la decisión administrativa sin sustento público debilita la seguridad jurídica de las inversiones verdes, un pilar que hasta ahora era diferencial estadounidense frente a otros mercados.
- Para las próximas generaciones: cada año de retraso en la eólica marina hipoteca la descarbonización de la red y traslada una factura climática y económica que pagarán los consumidores y el medio ambiente del mañana.




