Amazon ha decidido jugar sus cartas de transparencia en pleno debate sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial. El gigante tecnológico reveló el pasado año un consumo de 2.500 millones de galones de agua en sus centros de datos, equivalentes a casi 9.500 millones de litros. La cifra, extraída de su informe de sostenibilidad de 2025, se hizo pública justo después de que Seattle, ciudad sede de la compañía, aplicase una moratoria de un año a la construcción de nuevos data centers, respaldada por los propios empleados de Amazon. La operación de transparencia marca un hito en la carrera de los gigantes de la nube por presentar credenciales ecológicas sin renunciar a la expansión masiva que exige la IA generativa.
Claves de la operación
- Primera revelación pública de la huella hídrica. Amazon reporta 2.500 millones de galones (unos 9.463 millones de litros) en 2025, una cifra que no había compartido antes de forma global.
- Eficiencia de 0,12 litros por kilovatio-hora. La compañía asegura mejorar un 2% su consumo respecto a 2024, incluso ampliando su red de centros de datos, y se sitúa por debajo de algunos rivales.
- Moratoria en Seattle y presión de los empleados. La divulgación llega justo después de que la ciudad aprobase una suspensión temporal a nuevos data centers, impulsada por los propios trabajadores de Amazon.
El pulso por la sostenibilidad en plena fiebre de la IA
La voracidad energética e hídrica de los centros de datos ha pasado de ser un debate técnico a un asunto de riesgo regulatorio y reputacional para el sector. La moratoria en Seattle, aprobada en mayo de 2026, es un síntoma de cómo las comunidades locales elevan la presión sobre las grandes tecnológicas. En este contexto, Amazon ha optado por adelantarse y mostrar sus números antes de que otros los calculen.
El informe de sostenibilidad global de Amazon detalla que sus data centers consumieron 2.500 millones de galones en 2025, un 2% menos que en 2024, pese a que la empresa amplió su capacidad de computación. El dato contrasta con la narrativa de crecimiento sin límites: la eficiencia hídrica mejoró ligeramente, situándose en 0,12 litros por kilovatio-hora de electricidad consumida. Estos avances, según la compañía, la colocan por debajo del consumo medio de algunos de sus principales competidores en el negocio de la nube.
Amazon ha reaccionado con agilidad. La decisión de abrir los libros refleja también una respuesta a las críticas internas: un grupo de empleados de la propia matriz de Seattle impulsó la moratoria municipal que salió adelante en mayo, una medida inédita que podría replicarse en otras jurisdicciones. Mientras la IA devora recursos, la transparencia se convierte en la única vía para sortear vetos preventivos.
Amazon ha decidido contar lo que antes escondía: que sus servidores beben miles de millones de litros al año. La pregunta ahora es si con contarlo basta.
Amazon presume de eficiencia frente a Google y Microsoft
La compañía ha acompañado las cifras con un gráfico en su informe (al que ha tenido acceso The Verge) que sitúa sus operaciones por debajo de la media de sus pares en consumo de agua. Sin embargo, ese dato debe tomarse con cautela: las métricas de eficiencia varían según la geografía, la tecnología de refrigeración y el mix energético, y no existe un estándar homologado que permita una comparación limpia.
Un análisis somero de las cifras muestra que, a pesar de la reducción porcentual, el volumen absoluto siguió siendo colosal. Los 9.500 millones de litros de agua dulce consumidos en un año equivalen al abastecimiento anual de una ciudad de 150.000 habitantes. El verdadero reto, para Amazon y para el resto de hyperscalers, es conseguir que la expansión de la IA no multiplique esa huella en los próximos ejercicios.

El eco en España: Aragón y la sed de datos
La noticia tiene una lectura local para Merca2: Amazon Web Services ha comprometido inversiones millonarias en infraestructura cloud en Aragón, una región ya tensionada en términos hídricos. La revelación global del consumo de agua añade munición a quienes piden que los nuevos centros de datos, como los previstos en la comunidad, pasen también por rigurosas evaluaciones de impacto ambiental y no solo por cálculos de empleo.
En España, el debate sobre la sostenibilidad de los grandes complejos tecnológicos aún está en pañales, pero el antecedente de Seattle demuestra que puede escalar rápido. Las autoridades locales y autonómicas, que negocian bonificaciones fiscales y suelo, tendrán que incluir la variable hídrica en la ecuación si no quieren enfrentarse a un rechazo vecinal similar al que ya vivimos con otros macroproyectos industriales.
Amazon lleva más de una década expandiendo silenciosamente su presencia en España, desde la logística del comercio electrónico hasta la nube empresarial. El gigante fundado por Jeff Bezos ha aprendido a adaptarse a la presión regulatoria europea, y este gesto de transparencia hídrica puede leerse como un movimiento estratégico para ganar licencia social antes de que Bruselas o Madrid establezcan métricas obligatorias. El riesgo de greenwashing está presente: publicar cifras globales sin desglose regional limita la capacidad de los municipios para fiscalizar el impacto real sobre sus cuencas.
El reto no es menor: si los planes de IA se cumplen, el consumo de agua de estos centros podría triplicarse en cinco años. Amazon ha abierto la puerta a la comparación. Ahora falta que sus rivales sigan el mismo camino y que los reguladores conviertan los anuncios voluntarios en obligaciones homogéneas.




