El próximo 12 de agosto, la Luna volverá a ocultar el disco solar y la sombra recorrerá Groenlandia, Islandia y el norte de España. Para la NASA no es un espectáculo: ha preparado la campaña más ambiciosa de un eclipse total, con un avión científico a reacción y 86 globos que perseguirán la umbra para radiografiar la corona y el comportamiento de la atmósfera terrestre durante el apagón.
Un jet a 50.000 pies para perseguir la sombra lunar
La pieza central del despliegue es uno de los jets WB-57 de la agencia, que volará a 15 kilómetros de altura, por encima de cualquier nube que pudiera estropear la observación. En su morro se alojará el instrumento SAMI —SCIFLI Multispectral Airborne Imager—, un conjunto de cuatro cámaras que dispararán al menos 20 imágenes por segundo en luz visible e infrarroja. Este ritmo frenético permite grabar las protuberancias y los filamentos de la corona, estructuras magnéticas que cambian en segundos.
La ventaja de viajar dentro de la sombra a 740 km/h es que el eclipse se alarga artificialmente. Desde el suelo, en el mejor punto, la totalidad durará 2 minutos y 18 segundos. A bordo del avión, los científicos dispondrán de casi tres minutos de tiempo de observación, un lujo para captar los detalles más esquivos.
El investigador principal, Amir Caspi del Southwest Research Institute, ya voló el mismo instrumento durante el eclipse total de abril de 2024, que cruzó Norteamérica. «El Sol siempre está cambiando. Cada eclipse es diferente. Podríamos ver cosas que no vimos antes», explica. Su equipo ha ajustado los tiempos de exposición y estrena un programa de análisis para procesar las imágenes más rápido que en la campaña anterior, según la página oficial de la misión.
Globos científicos para medir cómo responde la atmósfera al apagón solar
En paralelo, 86 globos se elevarán desde Islandia y España como parte del Nationwide Eclipse Ballooning Project, financiado por la NASA y dirigido por la profesora Angela Des Jardins de la Universidad de Montana. Ochenta de ellos, lanzados por estudiantes universitarios desde Islandia, ascenderán para registrar cómo se comporta la capa límite atmosférica: esa fina película de aire que está en contacto con el suelo y que durante el día se hincha con el calor solar. En eclipses anteriores, este colchón se contrajo de golpe al desaparecer el sol, pero solo en las regiones con cielo despejado.
Islandia en agosto presenta un reto distinto: los días son largos y la influencia nocturna, que ayuda a hundir la capa límite, es menos intensa. «¿Conseguirá este eclipse colapsar la capa como en 2024?», se pregunta Matthew Bernards, de la Universidad de Idaho, que lidera uno de los equipos islandeses. Los datos recogidos entre 18 horas antes y 8 horas después del eclipse ofrecerán la respuesta.
En España, otros tres equipos lanzarán seis globos con cámaras de 360 grados para grabar la sombra de la Luna desde la estratosfera, como ya hicieron en 2024, y enviarán sondas para medir la concentración de ozono. Ese gas necesita luz solar para formarse, y las mediciones de 2024 mostraron que la capa se adelgazaba durante la totalidad. Ahora los científicos quieren saber si el distinto ángulo solar y la hora más tardía del día —el eclipse se produce al atardecer en la península— alteran el patrón.
Apagar el Sol durante dos minutos y medio es el experimento natural más brutal al que podemos someter la atmósfera terrestre, y esta vez lo haremos en condiciones de luz diurna muy distintas a las de 2024.

Cada eclipse es un laboratorio irrepetible
La campaña de 2026 es heredera directa del éxito de 2024, pero los astrofísicos insisten en que ningún eclipse es igual. La corona, esa atmósfera exterior del Sol que apenas es visible desde la Tierra sin un coronógrafo artificial, se expande, se contrae y arroja eyecciones de masa según el ciclo solar. En 2026 el Sol estará cerca del mínimo de actividad, mientras que en 2024 mostraba manchas y fulguraciones cerca del máximo. Comparar imágenes de alta resolución de ambos eclipses permitirá afinar los modelos de calentamiento coronal, uno de los grandes enigmas heliofísicos: por qué la corona está cientos de veces más caliente que la superficie solar.
El jet WB-57, además, registrará la corona en longitudes de onda infrarrojas que la atmósfera baja absorbe antes de llegar al suelo. Solo se han observado un puñado de veces en esas bandas, y cada imagen supone un peldaño para desentrañar la conexión entre la corona interna y el viento solar, la corriente de partículas que atraviesa todo el sistema planetario y que en tormentas geomagnéticas puede dañar satélites o derribar redes eléctricas.
No todo son certezas. La meteorología vuelve a ser la principal incógnita: una capa de nubes en el momento equivocado arruinaría la observación desde el suelo y también complicaría los datos de los globos sobre el colapso de la capa límite. Por eso el avión, por encima de cualquier fenómeno atmosférico, es la baza más segura.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Se desplegará una campaña científica para estudiar la corona solar y los cambios atmosféricos durante el eclipse total del 12 de agosto de 2026.
- Dónde: Visible en España (franja norte), Islandia y Groenlandia.
- Institución responsable: NASA, Southwest Research Institute y universidades estadounidenses.
- Cuándo: 12 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Los datos mejorarán la comprensión del calentamiento coronal y la dinámica de las eyecciones que afectan a satélites y redes eléctricas.




