El futuro del GNL pasa por Ormuz: los tres escenarios a los que se enfrenta el mercado por la crisis de Irán

Las consecuencias, independientemente del escenario en el que nos encontremos, serás duraderas para la energía mundial.

La guerra de Irán ha provocado un autentico shock en los mercados energéticos, provocando una escalada en los precios en el crudo, desde que han comenzado las hostilidades. Un suceso que también ha afectado al gas natural licuado (GNL) donde hasta un 20% de la molécula mundial que pasa por este punto crítico ha quedado fuera del mercado en estos meses de guerra, un situación, que de darse durante más tiempo, podría generar efectos muy negativos para el mercado.

El futuro del mercado del GNL sigue dependiendo de la volatilidad internacional

Según el último informe de Wood Mackenzie , el mercado mundial del GNL se enfrenta a tres posibles escenarios en función de la evolución del conflicto y de la reapertura del estrecho de Ormuz, una infraestructura crítica por la que transitaba cerca de una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado. La consultora estima que más de 80 millones de toneladas anuales de capacidad exportadora han quedado fuera del mercado, una pérdida equivalente al 20% de la oferta global.

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El escenario más favorable es la que denomina la consultora como una «paz rápida»; es decir, una rápida normalización de la situación geopolítica y una reapertura progresiva del estrecho durante los próximos meses. En este caso, los flujos de GNL comenzarían a recuperarse antes de finalizar el año y los precios energéticos iniciarían una senda descendente. Sin embargo, incluso bajo esta hipótesis optimista, Wood Mackenzie advierte que la oferta de GNL procedente de Oriente Próximo seguiría siendo limitada hasta bien entrado 2027, debido a los daños sufridos por parte de la infraestructura energética y a las dificultades logísticas para restablecer completamente las exportaciones que han sido limitadas.

Estrecho de Ormuz. Fuente: Merca2.
Estrecho de Ormuz. Fuente: Merca2.

En cuanto al segundo escenario, este sería una prolongación del conflicto en el corto plazo. En este sentido, Wood Mackenzie apunta a que esta situación se basaría en que las negociaciones se alarguen durante varios meses y que las restricciones al tráfico energético continúen hasta después del verano.

Esto se traduce en que el mercado del gas seguiría operando bajo una fuerte tensión, con precios elevados y una intensa competencia entre Europa y Asia por asegurarse cargamentos disponibles (especialmente bajo el contexto de que estaríamos en plena campaña para asegurar reservas de gas para el invierno). Por ello, la consultora considera que los déficits de suministro persistirían durante gran parte de 2026, incrementando los costes energéticos para hogares e industrias y ralentizando la recuperación económica global.

Shell y TotalEnergies se benefician de la coyuntura iraní gracias a sus negocios de GNL

Y el último escenario al que se enfrentará el mercado del gas es el de la disrupción extendida, donde el estrecho se mantenga mayoritariamente cerrado hasta finales de año y que continúen los episodios de inestabilidad en la región.

Esta es la hipótesis más negativa de cómo podría evolucionar el conflicto de Irán, ya que según las previsiones de la consultora, el déficit de suministro de petróleo y gas se mantendría durante varios trimestres, provocando una escalada adicional de los precios energéticos. La consultora estima que el crecimiento económico mundial podría caer por debajo del 2% en 2026 y entrar en una fase de desaceleración significativa, mientras que los mercados energéticos afrontarían el mayor shock de oferta en décadas.

Puerto industrial de GNL de QatarEnergy Merca2
Puerto industrial de GNL de QatarEnergy. Fuente: QatarEnergy

Además, la firma advierte de que el impacto sobre el GNL podría extenderse mucho más allá del final del conflicto, ya que la pérdida prolongada de exportaciones procedentes del Golfo Pérsico aceleraría las inversiones en nuevos proyectos de licuefacción en Estados Unidos, Canadá y otras regiones exportadoras, modificando de forma estructural los flujos globales de gas. No obstante, también con las tensiones internacionales, se podrían dar cambios en los principales importadores asiáticos y europeos, donde buscan en sus estrategias la diversificación energética para reducir su dependencia de una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.

En definitiva, la coyuntura iraní ha dado una vuelta completa al mercado energético y las consecuencias, independientemente del escenario en el que nos encontremos, serás duraderas para la energía mundial.


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