Rosalía ha vuelto a demostrar que su música no conoce fronteras. Con más de 86,5 millones de reproducciones en Spotify, su tema ‘Milionària’ se ha consolidado como la canción en catalán más escuchada de la historia, según un análisis de las 100 canciones más populares en esta lengua en la plataforma. El dato, que sitúa a la artista de Sant Esteve Sesrovires a una distancia abismal del resto, refleja el imparable crecimiento del negocio musical en catalán en el streaming.
La cifra duplica con creces la del segundo puesto, que ocupa ‘La gent que estimo’ de Oques Grasses junto a Rita Payés, con 30 millones de reproducciones. Muy cerca, ‘Una lluna a l’aigua’ de Txarango suma 29 millones, y el fenómeno urbano de The Tyets, ‘Coti x Coti’, alcanza 27,2 millones. El listado deja claro que el pop urbano ha irrumpido con fuerza en el panorama musical catalán.
Rosalía lidera la revolución del pop urbano en catalán
El umbral para entrar en este selecto club se ha disparado hasta superar los seis millones de reproducciones, y más de la mitad de las canciones (42) han rebasado los diez millones. Para los artistas, cada reproducción representa una fracción de céntimo, pero multiplicada por millones se traduce en ingresos por derechos que sostienen proyectos y permiten giras. La música en catalán ya no es un reducto cultural, sino un activo comercial con cifras de escucha masivas.
Txarango y Oques Grasses, los gigantes de la lista
La fotografía del ránking muestra un doble dominio. Txarango lidera en número de entradas con 17 canciones en el top 100, mientras que los osonencs Oques Grasses colocan 15 temas, incluido el segundo más escuchado. Entre ambos suman casi un tercio de la lista, un dato que consolida la fuerza de la fusión de estilos y el arraigo generacional de sus propuestas.
El ránking incluye también un sorprendente puñado de clásicos que resisten el paso del tiempo. Temas como ‘Que tinguem sort’ de Lluís Llach (1974), ‘Boig per tu’ de Sau (1990) o el mismo ‘Cant del Barça’ (1975) siguen sumando millones de reproducciones cada año. Esta convivencia de lo viejo y lo nuevo habla de un público que consume cultura en catalán con orgullo y sin complejos.

La música en catalán ha dejado de ser un nicho cultural para convertirse en un activo digital con millones de oyentes que generan ingresos recurrentes.
El streaming como motor de un negocio millonario
Desde el punto de vista empresarial, el ránking de Spotify es mucho más que una lista de éxitos. Es un termómetro del poder comercial de la lengua. Cada reproducción se traduce en micropagos que, suma a suma, constituyen una fuente de financiación estable para artistas y sellos. En un ecosistema donde las giras y el ‘merchandising’ siguen siendo fundamentales, la tracción digital se ha vuelto imprescindible para negociar contratos, patrocinios y acuerdos editoriales.
La presencia masiva de música en catalán en el top estatal de Spotify alimenta además un círculo virtuoso: las listas de reproducción oficiales la incluyen, los algoritmos la recomiendan y los programadores de festivales la buscan. La lengua, lejos de ser un obstáculo, se convierte en un elemento diferenciador en un mercado saturado. El fenómeno ‘Coti x Coti’, por ejemplo, transcendió las fronteras catalanas gracias a su viralidad en TikTok y acabó sonando en emisoras de toda España.
Ahora bien, el sector afronta retos. La dependencia del algoritmo de Spotify y la competencia con otros contenidos en español e inglés obligan a los artistas a innovar constantemente. La monetización sigue siendo modesta por reproducción —alrededor de 0,003 euros de media—, por lo que se necesitan volúmenes de millones para que un lanzamiento sea rentable. En este contexto, las cifras del ránking catalán cobran especial relevancia: demuestran que el mercado existe y tiene músculo.
La pregunta que queda en el aire es si esta ola de reproducciones se traducirá en inversiones de las multinacionales discográficas o en una mayor presencia en las listas globales. Por ahora, Rosalía ya ha demostrado que una canción en catalán puede competir en el mundo. El resto es cuestión de negocio.




