El asesino invisible: qué es el clorometano y por qué importa
Un equipo de biólogos de la Universidad de Münster ha identificado y caracterizado un sistema enzimático hasta ahora desconocido en la bacteria Acetobacterium dehalogenans. La enzima, según detalla el estudio, convierte el clorometano —un gas tóxico para los humanos y que contribuye al deterioro de la capa de ozono— en compuestos completamente inocuos. El hallazgo, publicado esta misma semana en Nature Communications, sacude los cimientos de la lucha contra la contaminación atmosférica y abre un horizonte inédito para la biorremediación.
El clorometano (CH3Cl) es un gas incoloro que se libera durante la quema de carbón, biomasa y otras materias primas. También lo emiten fuentes naturales como algas, plantas y hongos. Aunque a simple vista pase desapercibido, su impacto ambiental es severo. Cuando el clorometano alcanza la estratosfera, reacciona con las moléculas de ozono y acelera la destrucción de la capa que nos protege de la radiación ultravioleta. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) lo clasifica como un compuesto orgánico volátil peligroso. Y su persistencia en la atmósfera, de varios años, lo convierte en un enemigo silencioso.
Lo que el equipo de la bióloga Julia Kurth ha conseguido es encontrar la llave natural que desactiva este gas. No se trata de una reacción química artificial, sino de una vía de detoxificación que la bacteria ha desarrollado a lo largo de la evolución. “Es la primera vez que se describe una ruta enzimática completa para la degradación anaerobia del clorometano”, explica Kurth en el comunicado de la universidad.
La bacteria que degrada un gas tóxico: una ruta metabólica nunca vista
Acetobacterium dehalogenans es una bacteria anaerobia que vive en ambientes con poco oxígeno. El equipo de Münster la cultivó en el laboratorio y le suministró clorometano como única fuente de carbono. Lo que observaron fue sorprendente. La bacteria no solo sobrevivía, sino que lo metabolizaba con elegancia enzimática. El compuesto se rompía en dos pedazos inocuos: formaldehído y cloruro, que la bacteria reutilizaba para crecer.
La enzima responsable, aún sin nombre comercial, pertenece a una familia de proteínas que hasta ahora no se vinculaba con este tipo de degradación. “Hemos identificado los genes que codifican este sistema”, detalla Kurth. El hallazgo no es casualidad. La bacteria ya sabía cómo defenderse de este gas, posiblemente desde hace cientos de millones de años.
El equipo de Kurth no perseguía aplicaciones industriales. La bacteria ya sabía cómo defenderse; nosotros apenas empezamos a descifrar su manual bioquímico.

Una herramienta contra el cambio climático y la contaminación: las implicaciones del hallazgo
El sector industrial emite toneladas de clorometano cada año. Eliminarlo antes de que llegue a la atmósfera es una asignatura pendiente de la ingeniería ambiental. La biorremediación —el uso de organismos vivos para limpiar contaminantes— se basa en en la capacidad de ciertos microorganismos para transformar tóxicos en sustancias menos dañinas. Esta enzima abre la posibilidad de diseñar biofiltros que atrapen el gas en chimeneas industriales o incluso de inocular bacterias modificadas en suelos contaminados.
No obstante, pasar del laboratorio a una planta industrial no es inmediato. “Todavía necesitamos estudiar cómo se comporta la enzima a gran escala y si es estable en condiciones reales”, advierte Kurth. La investigación básica es solo el primer paso. Aun así, el potencial es enorme.
Otro ángulo interesante es el climático. El clorometano, aunque menos abundante que otros gases de efecto invernadero, tiene un potencial de calentamiento global considerable. Reducir su concentración atmosférica contribuiría, aunque de forma modesta, a frenar el cambio climático. La ciencia climática siempre busca sumar pequeñas victorias.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Un sistema enzimático desconocido en la bacteria Acetobacterium dehalogenans que convierte el clorometano en formaldehído y cloruro inocuos.
- Dónde: En el laboratorio de la Universidad de Münster, Alemania.
- Institución responsable: Universidad de Münster, liderada por la bióloga Julia Kurth.
- Cuándo: El estudio se publica en junio de 2026 en Nature Communications.
- Impacto a futuro: Abre vías para la biorremediación de emisiones industriales y aporta una herramienta enzimática de interés para la lucha contra el cambio climático.




