Nasdaq se hunde un 4,8%: el empleo en EE.UU. dispara el temor a una Fed más restrictiva

La creación de 172.000 puestos de trabajo en mayo destroza la esperanza de un giro dovish de la Reserva Federal. El bitcoin se precipita a mínimos de 2024 y las Bolsas europeas aguardan con inquietud la apertura del lunes.

El Nasdaq se desplomó un 4,8% este viernes, arrastrando al resto de Wall Street después de que el mercado laboral estadounidense generara 172.000 nuevos empleos en mayo, una cifra muy superior a las expectativas y que aleja aún más la posibilidad de un giro en la política de la Reserva Federal. La corrección en el tecnológico fue la más severa en lo que va de año y contamina al resto de mercados de riesgo.

Los tres grandes índices de la Bolsa de Nueva York cerraron en rojo profundo: el S&P 500 cedió un 3,7% y el Dow Jones un 2,9%. El detonante fue el informe de empleo del Departamento de Trabajo, que mostró una economía recalentada y poco necesitada de estímulos monetarios. Los analistas esperaban unas 140.000 nóminas no agrícolas; los 172.000 puestos creados dispararon las alarmas de un mercado que llevaba semanas descontando una señal de moderación por parte de la Fed.

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Con estos datos sobre la mesa, la probabilidad de que el banco central mantenga los tipos sin cambios en la reunión del 16 y 17 de junio se disparó hasta el 92%, según los futuros de los fondos federales. Hace apenas una semana, ese escenario se cotizaba al 60%. El mercado teme que una economía demasiado fuerte obligue a la Fed a mantener los tipos de interés restrictivos durante más tiempo, penalizando especialmente a las empresas tecnológicas que dependen de financiación barata para sus elevadas valoraciones.

Los datos que desataron la tormenta

El sector que más sufrió fue el de fabricantes de chips. Nvidia cayó un 6,2%, AMD un 5,8% y el índice Philadelphia Semiconductor perdió un 4,9%. Los grandes valores como Apple y Microsoft no se quedaron atrás, con descensos superiores al 3%. La renta variable tecnológica, que había liderado las subidas del año, se convirtió en la peor parada de la sesión.

Los bonos también reaccionaron con fuerza: la rentabilidad del bono del Tesoro a diez años subió hasta el 4,55%, niveles que no se veían desde finales de 2025. Este movimiento encarece la deuda corporativa y presiona los múltiplos de valoración de las empresas de crecimiento.

Cuando el trabajo abunda y los salarios suben, la Fed pierde la excusa para aliviar el grifo. Y eso, en Wall Street, se traduce en vértigo.

El bitcoin tampoco escapó al vendaval. La criptomoneda de referencia se precipitó hasta los 58.000 dólares, un nivel que no visitaba desde los mínimos de 2024. La correlación entre los activos de riesgo digitales y el Nasdaq se ha estrechado tanto que cada vez es más difícil encontrar refugio entre las divisas descentralizadas cuando el temor a los tipos altos sacude los mercados.

Contagio a las bolsas europeas y al Ibex 35

Las plazas europeas ya descontaron parte del golpe en la última hora del viernes, pero la verdadera prueba de fuego llegará el lunes. El Ibex 35, que cerró el viernes con un descenso del 1,2%, podría ampliar las pérdidas si los futuros americanos no rebotan durante el fin de semana. Los sectores más sensibles a los tipos —banca y tecnología— serán los focos de atención.

Los inversores europeos temen un efecto dominó: si la Fed mantiene los tipos altos, el Banco Central Europeo se verá forzado a retrasar sus propios recortes, pese a que la inflación en la eurozona está más controlada. Christine Lagarde ya advirtió en mayo que “no podemos desacoplarnos completamente de lo que ocurra al otro lado del Atlántico”. Esa frase resuena ahora con más fuerza.

caída bolsa tecnología

¿Adiós a los recortes? El doble filo de la buena salud laboral

En condiciones normales, un dato de empleo robusto sería una buena noticia. Pero los mercados llevan más de un año bailando al son de la liquidez y cualquier señal que aleje el dinero fácil se convierte en una amenaza. La paradoja es incómoda: lo que es bueno para la economía real —que la gente tenga trabajo y pueda consumir— es malo para las cotizaciones cuando la inflación aún no está domada.

La Reserva Federal se encuentra en una posición delicada. Por un lado, no quiere frenar el crecimiento ni poner en riesgo la estabilidad financiera. Por otro, sabe que un error de cálculo que reavive las presiones inflacionistas le costaría mucha más credibilidad que unas semanas de caídas bursátiles. La historia le respalda: en 1994, un ciclo de subidas inesperado provocó una corrección del 9% en el S&P 500, pero la economía siguió expandiéndose durante cinco años más.

Lo que parece claro es que junio será un mes sin sorpresas en el comunicado de la Fed. El lenguaje que emplee Jerome Powell en la rueda de prensa será crucial: si insiste en que la economía necesita aún “evidencia acumulada” de desinflación, el mercado interpretará que los recortes se posponen hasta diciembre, si es que llegan.

Creo que el mercado está sobre reaccionando a un solo dato. El empleo es un indicador retrasado; la inflación subyacente sigue bajando y los efectos de las subidas de tipos aún no han terminado de filtrarse. Pero Wall Street funciona con psicología de manada, y cuando el miedo se instala, pocos se atreven a ir contracorriente.

El lunes sabremos si los inversores europeos compran la historia o si, por el contrario, se produce una cascada de órdenes de venta. La sesión se anticipa turbulenta.


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