El Corte Inglés ha presentado en la Gerencia de Urbanismo de Sevilla un Avance de Estudio de Ordenación para transformar parte de su complejo de Nervión en un hotel de diez plantas. La iniciativa pretende cambiar el uso de la parcela que albergaba las antiguas oficinas del grupo, un inmueble que ha quedado prácticamente sin actividad tras la centralización de funciones administrativas en Madrid.
El edificio, anexo al centro comercial que la cadena abrió en 1985, se ha ido vaciando progresivamente. Los despachos de recursos humanos, administración y formación —espacios que antes eran el núcleo operativo de la delegación andaluza— están hoy en desuso. El Corte Inglés cree que el futuro de ese suelo no pasa por los grandes almacenes, sino por un uso terciario hotelero o híbrido, «con un mayor potencial de demanda en la zona», según recoge el documento urbanístico.
El plan, redactado por el estudio Buró4 Arquitectos, propone recalificar la parcela de Gran Superficie Comercial a Servicios Terciarios y duplicar su edificabilidad actual para hacer viable un negocio hotelero. Las diez plantas previstas no supondrían, según los promotores, una ruptura estética en el barrio: el hotel Los Lebreros, contiguo al centro, se eleva hasta catorce. El Avance se encuentra en estos días en fase de exposición pública, un trámite inicial que aún debe sortear las sucesivas aprobaciones urbanísticas.
A cambio del incremento de volumen, la empresa cederá al Ayuntamiento la franja noroeste de su parcela —hoy privada— para que se convierta en «una auténtica plaza urbana, dotada de zonas de estancia y espacios de relación». También regularizará la titularidad del acerado de la calle Luis Montoto, que ahora pertenece parcialmente a El Corte Inglés, y reurbanizará el entorno de la calle Rico Cejudo, donde un aparcamiento en superficie da «una deficiente imagen urbana». La idea es aplicar una estrategia similar a la de la cercana calle Luis de Morales, dando prioridad al peatón sin cortar la conexión rodada.
La operación se enmarca en un giro estratégico que el grupo viene acelerando desde que reordenó su cúpula y su deuda. Convertir activos de suelo en proyectos de uso mixto —hoteles, viviendas, oficinas flexibles— es una de las vías con las que la cadena busca extraer valor a un patrimonio inmobiliario que en algunos casos ya no encaja con el nuevo mapa del comercio.
La cadena busca rentabilizar metros cuadrados que ya no tienen sentido como oficinas en una ciudad con una demanda hotelera al alza.
Sevilla ha visto en los últimos años un repunte de la inversión hotelera, y la ubicación de Nervión, junto a la estación de Santa Justa y el distrito financiero, resulta atractiva tanto para hoteleros como para fondos. El Corte Inglés no es ajeno a este movimiento: en Madrid ya ha puesto en marcha proyectos residenciales sobre antiguas tiendas y en Barcelona ha estudiado fórmulas similares. Lo de Nervión no es un hecho aislado, sino la manifestación local de una tendencia que está redefiniendo el futuro de los grandes almacenes.
De oficinas vacías a hotel de diez plantas
La parcela elegida para el cambio de uso es la que albergó durante décadas el corazón administrativo de la firma en Andalucía. Apenas quedan ya equipos de gestión en ese inmueble; la práctica totalidad de los procesos se han centralizado en los servicios corporativos de Madrid. La decisión de convertir esas plantas en habitaciones no responde, por tanto, a un capricho arquitectónico, sino a un cálculo de rentabilidad a medio plazo.
Cesiones y mejoras urbanas a cambio de más edificabilidad
El documento presentado en Urbanismo no se limita a pedir más altura. Ofrece contraprestaciones claras: cesión de suelo privado para plaza pública, regularización de aceras y reurbanización de todo el espacio trasero. Son obligaciones que exige la Ley de Impulso para la Actividad Económica (Lista) y que, en este caso, se traducen en una renovación integral del entorno que beneficiará tanto a los futuros huéspedes del hotel como a los vecinos de Nervión.
La apuesta inmobiliaria de El Corte Inglés en plena reconversión
El movimiento de Nervión resulta coherente con la estrategia patrimonial que la compañía ha ido desvelando a cuentagotas. No es una salida del negocio comercial —la tienda de Nervión seguirá operando—, sino una diversificación del uso de un suelo que, en su estado actual, apenas genera ingresos. En un contexto de márgenes ajustados, cada metro cuadrado ocioso es una fuga de valor. Y el grupo lo sabe.
No obstante, la conversión a hotel introduce una variable nueva en el tablero: la dependencia del ciclo turístico, que en Sevilla ha mostrado solidez pero también saturación en determinadas zonas. La propuesta es aún un boceto; le quedan meses de tramitación y un escrutinio político que, en años electorales, puede ralentizar cualquier licencia. Pero el guión está escrito, y la tendencia de la compañía —menos metros de trastienda, más metros en alquiler— apunta en esta dirección. Dejo la pregunta sobre la mesa: ¿cuántos edificios emblemáticos de El Corte Inglés acabarán durmiendo huéspedes antes que almacenando empleados? La respuesta, dentro de unos años, definirá la piel definitiva del grupo.




