OPV SpaceX España: luz verde del regulador alemán para minoristas

Los inversores podrán cursar órdenes a través de Santander, Renta 4, GVC Gaesco y brókeres como Revolut y Trade Republic hasta el 11 de junio. El folleto advierte de riesgos por la concentración de poder en Elon Musk y la ausencia de dividendos.

Bafin ha aprobado el folleto de la OPV de SpaceX en Europa, abriendo la puerta a que los inversores minoristas españoles puedan comprar acciones de la empresa de Elon Musk. El precio orientativo se ha fijado en 135 dólares en Estados Unidos y en un máximo de 162 dólares en Europa, aunque el precio definitivo será único y se conocerá el 11 de junio. Hasta esa fecha se podrán cursar órdenes a través de tres entidades españolas —Santander, Renta 4 y GVC Gaesco— y de brókeres online como Interactive Brokers, DeGiro, Revolut y Trade Republic.

Así pueden los minoristas españoles comprar acciones de SpaceX

Santander actuará como coordinador minorista y consolidará todas las órdenes que lleguen a través de él mismo, GVC Gaesco y Renta 4. Los inversores deben indicar el número de acciones de Clase A que desean, sin señalar un precio: la petición se ejecutará al precio final de la oferta. En paralelo, los clientes de los brókeres digitales podrán cursar sus órdenes expresando un importe en dólares estadounidenses en cantidades enteras, que se considerará una orden de mercado al precio final.

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No hay mínimo ni máximo de acciones a solicitar, pero las entidades exigen que el cliente disponga de fondos suficientes en su cuenta desde el momento de la petición y hasta la liquidación. En el caso concreto de Revolut, la solicitud se gestiona desde la aplicación móvil y el importe debe estar denominado en dólares dentro de la cuenta de inversión. Quienes no tengan saldo en dólares asumirán también la comisión por cambio de divisa que aplique su intermediario.

Los riesgos que el folleto de SpaceX advierte: Musk, gobernanza y cero dividendos

El documento registrado en Bafin detalla varios focos de riesgo para el minorista. El principal es el conflicto de interés derivado de la concentración de poder en Elon Musk, quien simultáneamente lidera SpaceX, Tesla y otras compañías. El folleto señala que varios directivos y empleados clave trabajan también para esas entidades vinculadas, y que la resolución de estos conflictos podría no responder al mejor interés de los inversores.

Tras la salida a bolsa, Musk mantendrá los cargos de consejero delegado, director técnico y presidente del consejo. Además, la estructura de acciones de doble clase le garantiza el control del voto, lo que limita la capacidad de los nuevos accionistas para influir en decisiones corporativas. La compañía advierte abiertamente de que no prevé repartir dividendos en un futuro previsible, ya que destinará cualquier ganancia a financiar el crecimiento.

Los analistas coinciden en que la operación no es apta para todos los perfiles. Javier Cabrera (XTB) subraya que «la volatilidad a la que se enfrenta el minorista es muy alta y la acción solo es apta para los más tolerantes al riesgo». Ignacio Cantos (Atl Capital) añade que «colocan muy pocas acciones y hay muchos inversores interesados, pero deben plantearse a qué precio estarían comprando la compañía». El riesgo de de corrección tras el debut es uno de los puntos que más preocupa.

Comprar SpaceX en el debut es una apuesta por un futuro que aún no tiene precio. Y que exige tolerar un vértigo que pocos minoristas están acostumbrados a asumir.

¿Merece la pena comprar acciones de SpaceX en su OPV?

La expectación es máxima. Goldman Sachs prevé que los ingresos del negocio de inteligencia artificial de SpaceX se multipliquen por cien de aquí a 2030, un argumento que alimenta el apetito comprador. Sin embargo, la valoración que se maneja —implícita en ese precio orientativo de 135-162 dólares— deja poco margen al error. Cualquier tropiezo en la ejecución del plan de Starlink o en los contratos con el Pentágono podría castigar la cotización con fuerza.

Más allá de las cifras, la estructura de gobierno es un lastre para quienes buscan influencia accionarial. Con una clase de acciones que concentra el poder de voto en manos de Musk, el minorista se convierte en un socio pasivo que solo gana si el precio sube. Y que pierde si el mercado cuestiona el proyecto. A esto se suma una peculiaridad relevante: el S&P 500 ha confirmado que no flexibilizará sus criterios de entrada, lo que deja a SpaceX fuera del radar de los grandes fondos indexados. Sin esa demanda pasiva garantizada, el soporte pos-OPV es menos sólido.

Para un pequeño inversor español, además, hay que sumar el riesgo divisa (la acción cotiza en dólares) y las comisiones de los intermediarios. Mi lectura es que, en este contexto, entrar en la OPV tiene más de ilusión que de estrategia de inversión. No digo que SpaceX no pueda ser un éxito bursátil a largo plazo, pero el camino desde estos niveles de partida será estrecho y volátil. Y exige estómago. Mucho más del que suelen tener quienes se estrenan en bolsa con este tipo de operaciones.


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