Los fondos cotizados (ETF) de bitcoin al contado en Estados Unidos han encadenado cinco jornadas consecutivas con entradas netas positivas que suman 723,3 millones de dólares, la racha más larga desde mayo. El movimiento, liderado por gigantes como BlackRock, Fidelity y ARK Invest, coincide con la recuperación del bitcoin hasta los 66.000 dólares y devuelve algo de optimismo a un mercado que arrancó julio con salidas millonarias.
Según los datos de la firma de análisis Farside Investors, solo el 20 de julio los ETF captaron 226,8 millones de dólares, cifras que no se veían desde los días de fuerte acumulación de principios de año. La semana pasada ya se anotó otro día de 265,7 millones, y esta constancia en los flujos ha permitido que el saldo semanal vuelva a terreno positivo por segunda semana consecutiva.
Los números detrás de la mejor racha desde mayo
La secuencia actual suma 723,3 millones de dólares e incluye desde ingresos modestos hasta jornadas por encima de los 200 millones. BlackRock (con su ETF IBIT), Fidelity (FBTC) y Ark Invest (ARKB) han concentrado la mayor parte de esas compras, según los datos de flujos diarios. El impulso es suficiente para borrar las pérdidas netas de las primeras semanas de julio, cuando un goteo de salidas había restado más de 2.700 millones de dólares a estos productos.
La vuelta al verde coincide con un movimiento paralelo de los grandes inversores de largo plazo. Según la firma de análisis on-chain CryptoQuant, las ‘ballenas’ —carteras con entre 1.000 y 10.000 bitcoins— han acumulado más de 84.000 BTC en en lo que va de julio, aprovechando la caída por debajo de los 55.000 dólares de principios de mes.
Por qué los grandes inversores están volviendo al bitcoin
El renovado interés institucional tiene varios motores. En el frente regulatorio, la Casa Blanca ha alcanzado un acuerdo sobre el paquete ético vinculado a la CLARITY Act, un proyecto de ley bipartidista que busca clarificar los roles de la SEC y la CFTC en el sector cripto. Aunque el texto aún debe avanzar en el Senado, la resolución del último escollo importante abre la puerta a una votación antes del receso de agosto.
Al otro lado del Atlántico, Rusia dio un paso inesperado: su Duma aprobó una ley que reconoce a las criptomonedas como propiedad y crea un marco regulado para su negociación bajo supervisión del Banco Central. La norma, que limita las compras de inversores minoristas no cualificados a 300.000 rublos al año, entrará en vigor el 1 de septiembre de 2026. Aunque el mercado ruso es pequeño en comparación con el estadounidense, la noticia refuerza la tendencia global hacia la regulación, algo que suele tranquilizar al capital institucional.
Además, la propia cotización del bitcoin ha ayudado. La criptomoneda cotiza este 22 de julio en torno a los 66.340 dólares, según CoinMarketCap, con un volumen diario de casi 30.000 millones de dólares. El conjunto del mercado de criptoactivos sumó unos 63.000 millones de dólares en capitalización en las últimas 24 horas, con ether, XRP y dogecoin también en verde. La recuperación desde los mínimos ha sido rápida, en gran parte porque las manos fuertes aprovecharon la oportunidad para comprar barato.
No todos los días se ven 700 millones de dólares fluyendo hacia los ETF de Bitcoin en una semana. La última vez que pasó algo así fue en mayo, y aquello duró poco.
Análisis: una señal de cambio de tendencia o solo un respiro
Lo de esta semana es alentador, pero conviene leerlo con cierta perspectiva. Las rachas de entradas netas no son nuevas en 2026. La de mayo, similar en magnitud, se interrumpió bruscamente por un nuevo brote de incertidumbre macroeconómica. Ahora, con la Reserva Federal aún vigilante sobre la inflación y los tipos altos, el capital puede volver a replegarse si las condiciones se endurecen.
La propia dinámica de los ETF muestra que el inversor minorista sigue al margen. La mayor parte de los flujos recientes viene de grandes gestoras y tesorerías corporativas, como Strategy (antes MicroStrategy), que esta misma semana ha captado 500 millones de dólares mediante una emisión de bonos convertibles con la intención de seguir comprando bitcoin. La base de inversores particulares, en cambio, aún no ha vuelto a entrar con fuerza.
Ese desequilibrio es, al mismo tiempo, una fortaleza y un riesgo. Señala que el interés institucional está consolidándose, pero también que el mercado depende cada vez más de un puñado de actores con capacidad de mover cientos de millones en un solo día. Mientras la regulación no termine de asentarse en Estados Unidos y Europa, los flujos seguirán siendo erráticos.
La próxima fecha clave para medir la convicción de los compradores será la publicación de los datos semanales de flujos de la próxima semana. Si la racha se alarga a siete u ocho días, tendremos una señal más robusta. Si se corta de golpe, habrá que interpretar lo de esta semana como un espejismo de verano más. Por ahora, la pelota está en el tejado de los reguladores y de la macroeconomía.




