La oferta global de las stablecoins podría multiplicarse hasta por doce de aquí a 2030, a medida que estos instrumentos de efectivo digital transforman la arquitectura sobre la que se mueve el dinero a escala mundial.
Ante este escenario, planificar su creciente papel se convierte en una prioridad urgente para los bancos de todo el mundo, concluye Bain & Company en un informe publicado recientemente.
En este contexto, Bain identifica una emergente “gran reconfiguración de la banca mayorista”. El análisis señala que las stablecoins y los depósitos tokenizados ya se han convertido en un componente clave del sistema financiero global y están pasando rápidamente de ser instrumentos predominantemente especulativos para situarse en el núcleo de las finanzas globales, consolidándose como herramientas estratégicas de gestión de liquidez para los bancos. Este cambio implica que la cuestión para los grandes grupos bancarios ya no es si las stablecoins serán relevantes, sino por dónde empezar y con qué rapidez actuar.
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El análisis de Bain señala que, tras sus inicios como una herramienta para el trading de criptomonedas, las stablecoins se han convertido hoy en una prioridad estratégica para bancos y grandes corporaciones multinacionales que buscan corregir las ineficiencias en el movimiento internacional de dinero.
Según el informe, las entidades ya están empezando a desplegar stablecoins y otras soluciones de dinero digital en ámbitos como el mercado de divisas, la gestión de colaterales y las operaciones de tesorería. Las ineficiencias en el movimiento global del dinero siguen siendo generalizadas, con mercados de divisas fragmentados, retrasos en los procesos de liquidación y requisitos de prefinanciación que continúan limitando los flujos en el sistema financiero.

Una oportunidad significativa para las stablecoins
En este contexto, Bain concluye que la fricción en la banca mayorista —caracterizada por grandes volúmenes de capital inmovilizado, exposiciones al riesgo persistentes y complejidades operativas que se agravan al operar en múltiples husos horarios— genera una oportunidad significativa para las stablecoins y los instrumentos digitales que están “siempre activos”, y pueden moverse instantáneamente a través de las fronteras con menos fricciones estructurales.
De hecho, según una encuesta de Bain a directores financieros (CFOs), el 34% identifica la complejidad de las operaciones transfronterizas como uno de sus principales desafíos.
Las stablecoins y los depósitos tokenizados permiten mitigar muchas de las ineficiencias inherentes a los sistemas actuales, al permitir un movimiento de valor casi instantáneo y programable entre instituciones y países, al tiempo que reducen los retrasos entre transacciones y en los ciclos de liquidación, según Bain.
El informe, concluye además que a medida que la oferta y el uso de las stablecoins y activos digitales crezcan permitirán, a bancos e instituciones financieras, reutilizar los fondos con mayor rapidez entre transacciones, mejorando la eficiencia del capital, reduciendo la necesidad de liquidez prefinanciada y permitiéndoles desplegar el capital de una forma más eficaz.
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“No se trata solo solo de pagos más rápidos; estamos ante una cuestión estratégica sobre quién controla cómo se mueve el dinero en el sistema financiero global”, asegura Tomás Moreno, socio de Bain & Company. “A medida que se acelera la adopción de las stablecoins, los bancos disponen de un margen de maniobra cada vez más estrecho para decidir dónde participar. Aquellos que actúen primero contribuirán a definir las nuevas redes de liquidación, mientras que quienes se retrasen corren el riesgo de operar sobre infraestructuras diseñadas por otros”.

Los retos regulatorios, de cumplimiento normativo y de integración operativa serán factores determinantes para el ritmo de adopción de las stablecoins y los depósitos digitales. El informe subraya que los requisitos de cumplimiento – incluidos el control de sanciones y la supervisión de transacciones- siguen siendo una barrera relevante, especialmente en entornos transfronterizos.
Por ello, el análisis señala que los primeros casos de uso se concentrarán, previsiblemente, en áreas con mayor fricción, como la liquidación de divisas internacionales, la gestión de colaterales y las operaciones de tesorería corporativa.
Ante este escenario, Bain & Company identifica varias prioridades clave para los bancos, a medida que la adopción de stablecoins continúa acelerándose:
- Centrarse en casos de uso con alta fricción, donde las mejoras de liquidez generen valor inmediato.
- Invertir de forma temprana en cumplimiento normativo, integración de datos e infraestructura operativa.
- Poner en marcha pilotos con aplicaciones y casos de uso antes de escalar la participación en redes de mayor alcance.
- Abordar la emisión de stablecoins propias o depósitos tokenizados solo cuando exista suficiente escala y demanda.
A medida que los sistemas financieros digitales y tradicionales convergen cada vez más, los bancos deberán ser capaces de operar en ambos entornos sin fragmentar la liquidez, sugiere el análisis de Bain. Se espera que las stablecoins y los depósitos tokenizados complementen – y no sustituyan- la infraestructura bancaria existente, dando lugar a una estructura dual de «dos rieles, un solo sistema», en la que el capital pueda circular sin fricciones entre los canales tradicionales y los digitales.
Esto implicará, además, que la custodia de activos digitales deba integrarse en los marcos riesgo actuales, añade Bain, y que la conectividad con blockchain y la conciliación en tiempo real entre transacciones on-chain y los libros contables internos se conviertan en una práctica estándar en el futuro.
Aunque los marcos regulatorios y los estándares de mercado siguen evolucionando a nivel global, Bain sostiene que los bancos que adopten estas soluciones de forma temprana ya están influyendo en el diseño, la gobernanza y el funcionamiento de las nuevas redes de liquidación que operarán en los próximos años.
“A medida que crece la oferta y el uso de stablecoins, la participación temprana de las instituciones en estas redes determinará, cada vez más, qué actores generan más valor en la próxima generación de la banca mayorista”, concluye Moreno.





