Texas verá en 2026 cómo la energía solar supera por primera vez al carbón en su red eléctrica: 78.000 millones de kWh frente a 60.000, según la EIA, un hito que desmonta la apuesta de Washington por los combustibles fósiles.
El cruce histórico que entierra al carbón en el corazón del petróleo
La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) ha confirmado que este año el mercado gestionado por el Electric Reliability Council of Texas (ERCOT) recibirá 78.000 millones de kilovatios-hora de origen fotovoltaico, mientras que las térmicas de carbón apenas aportarán 60.000 millones. La brecha, de un 30%, se ensanchará: para 2027 la previsión es de 99.000 millones de kWh solares, un 27% más. Ninguna compañía construye ya nuevas centrales de carbón en Texas, mientras los promotores siguen añadiendo megavatios solares a un ritmo que supera al de cualquier otro estado del país.
El vuelco no es solo cuantitativo. Según la EIA, el año pasado la generación solar ya ganó al carbón de marzo a agosto; este año lo hará desde marzo hasta diciembre. A escala nacional, en 2024 la suma de eólica y solar sobrepasó al carbón, pero Texas va incluso más rápido. El tejido renovable del Estado de la Estrella Solitaria está más adelantado que el del conjunto del país.
El mercado desregulado que ha abonado el terreno a las renovables
La clave está en un diseño eléctrico insólito. ERCOT opera al margen de los reguladores federales desde la reforma de los años noventa y principios de los 2000, que apostó por la competencia de mercado en lugar de la planificación monopolista. Abundancia de terreno, normas de construcción laxas y precios fijados por oferta y demanda hicieron de Texas el paraíso para eólica, solar y, ahora, baterías. La competencia ha permitido que las renovables crezcan sin necesidad de primas verdes ni mandatos de descarbonización.
El resultado es contundente: decenas de gigavatios de nueva capacidad que ayudan a sortear olas de calor y suavizan los picos de precio. Mientras, la Administración Trump insiste en rescatar centrales de carbón a golpe de subvención y bloquea proyectos eólicos y solares en terrenos federales. La realidad texana, sin embargo, demuestra que el carbón pierde la batalla económica incluso sin un céntimo de ayudas climáticas. La fiabilidad tampoco se resiente. ERCOT cubre la demanda nocturna con gas natural, nuclear, eólica y, cada vez más, baterías que almacenan el excedente solar del mediodía. La administración federal argumenta que el carbón es más fiable porque funciona las 24 horas, pero los datos texanos desmienten esa premisa: el sistema integra la solar masiva sin apagones gracias a un parque de generación diverso y, sobre todo, al almacenamiento.
Texas demuestra que la competencia real en el mercado eléctrico, sin planificación central ni ayudas al carbón, permite que las energías más baratas ganen la partida por sí solas.
La paradoja es demoledora: el estado más conservador y antirregulación está construyendo más energía limpia que ningún otro, mientras la Casa Blanca intenta sujetar al carbón con respiración artificial. La lección para los estados progresistas —que han fijado ambiciosos objetivos climáticos pero apenas han instalado solar y baterías— es clara: acelerar los permisos y la conexión a red, reducir la deferencia hacia las eléctricas tradicionales y garantizar competencia limpia. Sin un impuesto al carbono, la fotovoltaica ha arrinconado al combustible fósil.
La paradoja texana: más renovables sin mandatos y la lección para el resto del país
No estamos ante un espejismo estadístico. La EIA prevé que en 2027 la generación solar en ERCOT alcance los 99.000 millones de kWh, un 27% más que este año. A ese ritmo, el carbón quedará desplazado de forma estructural. Otros estados pueden tomar nota: California, por ejemplo, presume de objetivos net zero pero sufre una lentitud burocrática que frena los proyectos. Texas enseña que la política energética más efectiva es la que deja competir a las tecnologías en igualdad de condiciones.
El verdadero garante de la transición no ha sido un mandato verde, sino el precio. Los costes nivelados de la fotovoltaica han caído más de un 80% en una década, convirtiéndola en la opción más barata para generar electricidad. En el mercado mayorista de ERCOT, donde el despacho se decide por precio, la solar arrasa. Las baterías, cuyo coste también se desploma, están eliminando el último argumento de los defensores del carbón: la intermitencia.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Energía solar en ERCOT en 2026: 78.000 millones de kWh, frente a los 60.000 millones del carbón.
- Reducción de emisiones estimada: Si esa electricidad se hubiera generado con carbón, se habrían emitido alrededor de 60 millones de toneladas de CO₂ (intensidad media del carbón estadounidense).
- Predominio solar: La fotovoltaica ya supera al carbón en ERCOT de marzo a diciembre, según datos de la EIA.
- Previsión 2027: La generación solar subirá hasta los 99.000 millones de kWh, un 27% más, según la propia agencia federal.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: 78.000 millones de kWh de electricidad limpia equivalen a cubrir el consumo de unos 7 millones de hogares y evitan el CO₂ equivalente a retirar 13 millones de coches de la circulación.
- Modelo que cambia: El mercado libre de Texas demuestra que las renovables pueden expulsar al carbón sin subvenciones, por pura competitividad económica. Un esquema exportable, con adaptaciones, a otros sistemas eléctricos.
- Para las próximas generaciones: La solar abundante y barata reducirá la contaminación atmosférica, la dependencia de combustibles volátiles y las facturas eléctricas, construyendo una infraestructura energética que no penalizará a las generaciones futuras con los costes del cambio climático.





