Japón presenta un tren bala de 603 km/h para la ruta Madrid-Barcelona

La tecnología de levitación magnética elimina la fricción y alcanza velocidades de récord mundial. Pero replicar la línea Chuo Shinkansen en España exigiría más de 55.000 millones de euros, cinco veces el presupuesto anual de Transportes.

El tren de levitación magnética japonés ha vuelto a superar los límites de la física. El prototipo de la Serie L0, impulsado por la compañía Central Japan Railway, alcanzó los 603 kilómetros por hora en pruebas, el doble de lo que circula un AVE comercial en España. Si ese mismo tren operase entre Madrid y Barcelona, el trayecto se reduciría a apenas 75 minutos, según cálculos recogidos por National Geographic y difundidos por diversos medios. La barrera de los 500 km/h ya no es futurista: es un dato de laboratorio que plantea una pregunta incómoda para la alta velocidad europea.

Levitar a 600 km/h: cómo funciona el Maglev

El sistema SCMaglev no utiliza ruedas. Cuando supera los 150 km/h, unas bobinas superconductoras generan un campo magnético que levanta el convoy 100 milímetros sobre las guías, eliminando toda fricción. Eso permite que alcance los 603 km/h sin el freno del contacto mecánico. La información facilitada por Japan Rail Pass detalla que el tren emplea suspensión electrodinámica (EDS): imanes en forma de ocho que, una vez refrigerados a temperaturas criogénicas, mantienen la estabilidad incluso en curvas.

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A diferencia del Shinkansen tradicional, que circula desde 1964 a un máximo de 320 km/h, el Maglev en pruebas ha batido su propio récord en repetidas ocasiones. La eliminación del rozamiento le confiere una ventaja fundamental: consume menos energía por pasajero en velocidades de crucero superiores a los 500 km/h que un tren convencional en su techo operativo. Esa eficiencia, no obstante, se consigue a costa de un sobrecoste monumental en infraestructura.

El proyecto Chuo Shinkansen: 55.000 millones de euros bajo tierra

Japón está construyendo la línea Chuo Shinkansen, que unirá Tokio, Nagoya y Osaka. El presupuesto ronda los 55.000 millones de euros, una cifra que quintuplica el gasto anual del Ministerio de Transportes español en 2025. El 80% del trazado discurre bajo tierra para sortear montañas y zonas urbanas, lo que dispara los costes de obra civil. Las previsiones iniciales apuntaban a inaugurar el tramo Tokio-Nagoya en 2027, pero los retrasos acumulados alejan la puesta en servicio comercial más allá de 2037.

Cuando entre en funcionamiento, el viaje Tokio-Osaka se recortará a solo una hora, menos de lo que dura un vuelo comercial entre ambas ciudades. El objetivo estratégico japonés es doble: aliviar la saturada línea Tokaido, que opera sin accidentes fatales desde hace seis décadas, y demostrar al mundo la viabilidad de los trenes de levitación magnética para distancias de 500-1.000 kilómetros.

Madrid Barcelona 75 minutos

El sueño de los 75 minutos se topa con una factura de 55.000 millones: el equivalente a cinco años de inversión pública en transporte en España.

El Maglev en España: un reto económico, no solo tecnológico

La posibilidad de unir Madrid y Barcelona en 75 minutos resulta tentadora sobre el papel. Sin embargo, la economía del proyecto es demoledora. España cuenta con más de 4.000 kilómetros de líneas de alta velocidad, la segunda red más extensa del mundo, pero todas ellas son incompatibles con la levitación magnética. No bastaría con adaptar andenes o catenarias: habría que excavar un corredor completamente nuevo, probablemente con largos tramos subterráneos en los accesos a ambas capitales.

Además, el Maglev japonés tiene un apetito energético que, aunque eficiente a altas velocidades, sigue siendo superior al de un AVE por plaza ofertada. La capacidad de pasajeros por convoy también es menor para garantizar la estabilidad magnética, lo que obligaría a frecuencias muy altas para cubrir los costes fijos. En el corredor Madrid-Barcelona, que ya mueve unos 4 millones de viajeros al año en tren de alta velocidad, la ecuación no cierra: haría falta una demanda muy por encima de la actual para que la explotación resultase viable sin subvenciones masivas.

La tecnología nipona despierta interés en otros mercados. Estados Unidos estudia corredores como Nueva York-Washington o zonas de California con el mismo sistema de Central Japan Railway. Pero en Europa, donde la red convencional de alta velocidad sigue expandiéndose, el Maglev se enfrenta a una barrera financiera casi insalvable. Incluso los proyectos de Hyperloop, con menores exigencias de obra civil, han atraído más titulares que capital.

La apuesta japonesa demuestra que los 600 km/h son técnicamente alcanzables. Pero entre el prototipo de pruebas y un servicio comercial rentable en suelo español media un abismo de ingeniería, financiación y voluntad política. Mientras Tokio acelera hacia 2037, Madrid y Barcelona seguirán mirando al AVE, que al menos ya les ha acostumbrado a las dos horas y media. Por ahora, la física es más rápida que la economía.


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