Luis de Guindos se despide de la vicepresidencia del Banco Central Europeo con una convicción: España no se quedará mucho tiempo sin representación en el comité ejecutivo de la institución. El banquero central, que este domingo cede el testigo al croata Boris Vujcic, sostiene en una entrevista publicada por el BCE que la cuarta economía de la eurozona tiene argumentos de peso para recuperar su silla en los próximos trimestres.
La salida de Guindos deja a España sin voz propia en el órgano ejecutivo del banco emisor, un vacío que el propio exvicepresidente califica de temporal. ‘La presencia de España en la Ejecutiva del BCE es fundamental y está perfectamente justificada’, afirma, aludiendo a un sistema bancario saneado y a unas reformas estructurales que han permitido al país crecer casi el doble que la media europea. Su optimismo se apoya en un dato concreto: en los próximos trimestres expiran varios mandatos de miembros actuales, lo que abre una ventana para que España proponga un candidato.
La confianza de Guindos en un retorno ‘perfectamente justificado’
En la entrevista, realizada en su ya casi desocupado despacho de la planta 40 de la sede del BCE en Fráncfort, Guindos evita especular sobre si España debería buscar la presidencia del banco central. ‘Si se puede apostar a la presidencia, mejor, pero no especularía. Lo importante es tener presencia en el Comité Ejecutivo’, subraya. Su mensaje es nítido: España tiene buenos candidatos y la realidad económica debe pesar más que los ‘episodios políticos específicos’ que sacuden al Gobierno.
El todavía número dos del BCE admite que el mundo es hoy muy distinto al de hace ocho años, cuando asumió el cargo. La concatenación de crisis —pandemia, invasión de Ucrania, inflación y ahora un cambio de paradigma en las relaciones internacionales con la nueva administración estadounidense— ha redefinido la política monetaria. Guindos abandona el Eurotower con la conciencia de haber gestionado uno de los períodos más turbulentos de la historia del euro.
El relevo en Fráncfort y el dilema de los tipos
Preguntado sobre lo que haría en la reunión del Consejo de Gobierno de junio si aún pudiera votar, Guindos no se moja, pero sí ofrece una lectura económica que los inversores deberían anotar. Define el entorno actual como un ‘shock de oferta global’ que se reflejará primero en la inflación y luego en el crecimiento. El impacto en el crecimiento económico va a ser claro, incluso podría ser más intenso que el de la invasión de Ucrania’, advierte, apuntando al efecto sobre el consumo y la inversión.
El exministro de Economía recalca que el BCE decidirá en función de los datos, sin una hoja de ruta preestablecida. Descarta paralelismos con los errores de 2011 o 2021, porque la política monetaria actual es mucho menos expansiva que entonces. A su juicio, el shock arancelario y energético acabará atemperando las tensiones inflacionistas iniciales, precisamente por el deterioro de la actividad. Un dilema clásico para cualquier banquero central.
El argumento de Guindos no es sentimental: es económico. España crece el doble que la media y su banca está saneada.
Análisis: ¿Un asiento sujeto a la estabilidad política?
La afirmación de que España recuperará la silla en la Ejecutiva del BCE resulta creíble si se atiende a la lógica institucional. Ninguno de los cuatro grandes de la eurozona (Alemania, Francia, Italia y España) ha estado largos períodos sin representación. Sin embargo, el calendario político introduce matices. Las próximas renovaciones se producirán en un contexto en el que el Gobierno español afronta un desgaste que Guindos despacha con elegancia como ‘episodios específicos’.
Considero que el retorno es probable, pero no automático. El nombramiento de un miembro del Comité Ejecutivo es una decisión del Consejo Europeo por mayoría cualificada, y la capacidad de España para construir consensos no es ajena a la volatilidad doméstica. Además, la figura del candidato será determinante. Guindos menciona que el país dispone de ‘buenos candidatos’, pero la experiencia reciente demuestra que las disputas partidistas pueden retrasar o enredar cualquier designación.
La situación fiscal de España se ha visto favorecida por un incremento muy intenso de la recaudación y la no deflactación del IRPF, pero también ha habido un incremento del gasto estructural que presionará en el futuro, especialmente pensiones y sanidad. Guindos echa en falta un ajuste estructural más ambicioso. Ese telón de fondo no impide el retorno al BCE, pero sí puede condicionar el perfil que otros socios europeos consideren aceptable.
El legado de Guindos como vicepresidente no ha sido el de un mero acompañante de Christine Lagarde. Ha pilotado la supervisión bancaria en un momento en que el BCE elevaba un 33% la factura a las entidades y apretaba para que diseñaran defensas frente a ciberataques con inteligencia artificial. Su marcha a la Universidad de Comillas y al IESE, con un periodo de enfriamiento de un año para trabajar en entidades supervisadas, le sitúa en un observatorio privilegiado para seguir la política monetaria. Y, quién sabe, si el retorno de España a la Ejecutiva se demora, quizá su teléfono vuelva a sonar.




