La explosión del cohete New Glenn de Blue Origin durante una prueba de motores en Cabo Cañaveral amenaza los contratos del programa Artemis de la NASA y la constelación de satélites Leo de Amazon. El accidente, ocurrido la madrugada del jueves (hora española), destruyó la plataforma de lanzamiento y congela el ambicioso plan de doce lanzamientos para 2026 que la compañía de Jeff Bezos había presentado al regulador aéreo estadounidense.
Claves de la operación
- El accidente echa por tierra el plan de 12 lanzamientos para 2026. La empresa aspiraba a multiplicar su cadencia de vuelos este año, pero la destrucción de la plataforma de lanzamiento retrasa todo el calendario.
- Los contratos con la NASA para Artemis corren peligro. La agencia espacial contaba con el New Glenn para las primeras misiones de la base lunar; ahora debe evaluar cómo reestructurar sus plazos sin este cohete pesado.
- La red de satélites Leo de Amazon se aleja de su rival Starlink. El retraso en el New Glenn frena el despliegue de la constelación con la que el gigante del comercio electrónico quiere ofrecer internet de banda ancha global.
Un estallido que fulmina el plan de 12 lanzamientos
Sobre las 21:00 hora local del miércoles (las 03:00 del jueves en la península), el New Glenn estalló en una prueba de encendido estático en la plataforma de Cabo Cañaveral, Florida. La bola de fuego pudo verse a más de 180 kilómetros de distancia, y los vecinos de las localidades cercanas notaron temblores en sus viviendas. No hubo heridos porque la prueba se realiza sin tripulación y todo el personal estaba localizado y a salvo. La propia Blue Origin confirmó en su cuenta de X que se trató de una «anomalía» y aseguró que todos los empleados se encontraban bien.
El procedimiento, conocido como hotfire, consiste en encender los motores con el cohete anclado a la plataforma, un paso crítico que la empresa llevaba a cabo antes de cada lanzamiento. El cohete estaba siendo preparado para su cuarta misión, en la que debía transportar satélites de la red de Amazon, aunque la compañía aclaró que ninguno de esos satélites se encontraba a bordo en el momento de la explosión.
Los contratos milmillonarios de la NASA se tambalean
La adjudicación de la NASA a Blue Origin para participar en la construcción de una base lunar, firmada apenas unos días antes del accidente, elevaba las expectativas sobre el New Glenn. Los contratos de la NASA para las primeras misiones de la base lunar dependían del New Glenn, el único cohete pesado de la empresa y la pieza central con la que Bezos quería plantar cara al dominio de SpaceX. La destrucción de la plataforma y la investigación abierta por la Administración Federal de Aviación (FAA) paralizan cualquier misión mientras se evalúan las causas del fallo.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, calificó de «extraordinariamente difícil» el desarrollo de una nueva capacidad de lanzamiento pesado y aseguró que la agencia apoyará la investigación a fondo. Sin embargo, el calendario del programa Artemis, que ya arrastraba varios retrasos, se enfrenta ahora a un parón técnico de consecuencias imprevisibles.
Blue Origin ha pasado dos décadas prometiendo cohetes reutilizables; la plataforma calcinada en Cabo Cañaveral demuestra que la paciencia de sus socios tiene un límite.
La batalla por el espacio comercial se reaviva mientras SpaceX también renquea
La explosión del New Glenn se produce en un momento delicado para todo el sector. SpaceX, el rival a batir, tiene su cohete Starship bajo revisión de la FAA tras otro incidente, y prepara una salida a bolsa que podría redefinir las valoraciones del mercado. El contratiempo de Blue Origin concede a la empresa de Elon Musk un respiro inesperado en la carrera por los contratos de lanzamiento de satélites y por el dominio de la nueva economía lunar.
Blue Origin fue fundada en 2000 por Jeff Bezos, dos años antes que SpaceX, pero mientras esta última se ha convertido en el principal proveedor de lanzamientos del mundo, la empresa del magnate de Amazon todavía no ha completado una misión orbital con carga útil intacta. La red de satélites Leo de Amazon, por su parte, necesita el New Glenn para cumplir con los plazos de la Comisión Federal de Comunicaciones: Amazon debe tener en órbita al menos 1.600 satélites de su constelación Kuiper para julio de 2026 si no quiere perder parte de la licencia. Hasta la fecha solo ha lanzado dos prototipos, y el retraso del cohete compromete seriamente ese objetivo.
En España, el ecosistema espacial emergente —con proyectos como el Miura 5 de PLD Space— sigue de cerca la evolución de la oferta de lanzamiento pesado, porque una cadencia fiable de cohetes comerciales es clave para que las jóvenes empresas del sector puedan contratar capacidad y desplegar sus constelaciones. El accidente de Cabo Cañaveral reafirma una verdad incómoda: en esta industria, los calendarios se escriben con pólvora y motores, y cualquier explosión puede reescribirlos de un plumazo.




