La inteligencia artificial ya no solo fabrica millonarios desde los centros de datos y las fábricas de chips. En su último análisis, Juan Ramón Rallo explica cómo está emergiendo una segunda hornada de milmillonarios que no desarrollan la infraestructura de esta industria, sino que simplemente la utilizan para crear aplicaciones prácticas. Tres startups, con valoraciones multimillonarias, están demostrando que el verdadero negocio está en resolver problemas concretos de los usuarios.
Durante los últimos años, la mayoría de las grandes fortunas generadas por la IA estaban vinculadas a quienes invierten en GPU, centros de datos o modelos frontera. Rallo recuerda que nombres como Nvidia, OpenAI o Anthropic protagonizaron esa primera oleada. Sin embargo, en los últimos doce meses ha empezado a perfilarse un cambio de patrón: ahora los nuevos ricos son quienes aplican esa tecnología a nichos muy específicos.
Harvey: un imperio legal valorado en 11.000 millones sin modelo propio
El primer ejemplo que señala Rallo es Harvey, una suite de herramientas de inteligencia artificial pensada exclusivamente para abogados. No se trata de un nuevo modelo cognitivo independiente de los de OpenAI o Anthropic, sino de una especialización que automatiza la investigación jurídica, la redacción de borradores y la revisión de contratos. Los fundadores, Gabe Pereyra y Winston Weinberg, han alcanzado patrimonios que superan los 1.600 millones de dólares cada uno gracias a una valoración de la compañía que ya roza los 11.000 millones.
Lo verdaderamente interesante, subraya Rallo, es que Harvey vende precisamente eso: la capacidad de aplicar los modelos fundacionales existentes a un dominio tan concreto como el derecho.
Open Evidence: el asistente médico que ya ha respondido 100 millones de consultas
Con una valoración que supera los 12.000 millones de dólares, Open Evidence es otra de las protagonistas que analiza el economista. Fundada por Daniel Nadler y otro socio, ofrece a los facultativos un asistente de IA capaz de sintetizar información sobre casos clínicos complejos, interacciones farmacológicas o patologías raras a partir de la literatura médica más reciente. Detrás de la iniciativa está la propia Clínica Mayo, lo que Rallo interpreta como un respaldo reputacional de primer nivel.
La empresa ya ha gestionado más de 100 millones de consultas de pacientes. Pero, de nuevo, su valor no reside en desarrollar un modelo alternativo, sino en aprovechar los disponibles para ofrecer respuestas fiables en un entorno tan exigente como el sanitario.
Lo que blinda a estas compañías no es solo la potencia del modelo, sino los datos exclusivos que generan en cada interacción, los costes de cambio para sus clientes y una confianza regulatoria que los gigantes de la IA todavía no tienen en sectores como el derecho o la medicina.
— Juan Ramón Rallo
Sierra: reinventando la atención al cliente desde el corazón de Silicon Valley
Sierra es el tercer caso que Rallo detalla. Creada en 2023 por Bret Taylor —antiguo director técnico de Meta, creador de Google Maps y actual presidente del consejo de OpenAI— y Clay Bavor, responsable de Google Labs, la compañía fabrica software de atención al cliente impulsado por IA. Con una valoración que ronda los 15.000 millones de dólares, ya cuenta entre sus clientes con la aseguradora sanitaria Signa o el prestamista digital Avant.
La atención al cliente, apunta Rallo, es uno de los casos de uso más obvios de la inteligencia artificial generativa actual. Un sector con miles de millones de interacciones anuales, una calidad humana media baja y costes laborales elevados. Sierra automatiza esas conversaciones y, según el planteamiento del vídeo, el ahorro y la mejora de servicio pueden ser enormes. Los patrimonios de sus fundadores ya superan los 4.200 y 3.700 millones de dólares respectivamente.
¿Por qué no serán engullidas por OpenAI o Anthropic?
Rallo se hace eco de una objeción inmediata: si estas startups solo usan los modelos de Anthropic u OpenAI, ¿no podrían las propias desarrolladoras crear aplicaciones rivales más potentes y acabar con ellas? Su respuesta es que existen al menos tres ventajas competitivas que blindan, en parte, a estos nuevos negocios.
La primera y mas importante son los datos en exclusiva. No los datos públicos —que cualquiera puede comprar—, sino los datos propietarios que se generan y renuevan continuamente en la interacción diaria con los usuarios. Por ejemplo, la casuística concreta de los contratos que se gestionan en Harvey, o los patrones clínicos que emergen de millones de consultas en Open Evidence. La segunda ventaja son los costes de cambio: una vez que una gran aseguradora como Signa ha integrado el call center virtual de Sierra en sus tripas informáticas y ha formado a sus clientes, difícilmente querrá repetir ese proceso con un competidor salvo que la ventaja sea abrumadora. Y la tercera, la reputación regulatoria. No es lo mismo acudir a un chatbot genérico que a una herramienta de consulta como Open Evidence, avalada por la Clínica Mayo y adaptada a las responsabilidades jurídicas del ámbito médico.
Estas ventajas, matiza Rallo, no son infranqueables, pero sí demuestran que el éxito no depende solo de disponer del modelo mas potente.
Emprender en la era de la inteligencia artificial
¿Y cómo puede un inversor particular aprovechar esta ola? Rallo menciona, como ha hecho en otras ocasiones, la posibilidad de acudir a ETFs temáticos que dan exposición a distintos eslabones de la cadena de valor de la IA, desde los semiconductores hasta las aplicaciones finales. En su vídeo muestra el caso del VanEck Semiconductor ETF, que acumula una revalorización superior al 150% en euros en los últimos doce meses, y señala plataformas como Freedom 24 para acceder a estos productos. No obstante, lo más revelador de su análisis es la revalorización del emprendimiento: el capital mínimo necesario para crear soluciones valiosas a problemas concretos se reduce drásticamente cuando una capacidad cognitiva casi ilimitada está disponible a bajo coste.
La transformación tecnológica destruirá modelos de negocio de la vieja economía, pero también abrirá un abanico de oportunidades para quienes sepan aplicar la IA a necesidades reales. Rallo cree que, lejos de enfrentarse a la ola, es mejor aprender a surfearla. Los nuevos milmillonarios que expone no fabrican los chips ni programan los modelos fundacionales: simplemente se han sentado a escuchar lo que pedían los despachos de abogados, los hospitales y los centros de atención al cliente.
Aquí puedes ver el vídeo completo:






