BCE publica las actas de abril: sin prisa por subir tipos pese a inflación

La institución mantiene la cautela ante la persistencia del shock energético y no encuentra pruebas de que los salarios estén trasladando el alza de precios. Los mercados habían descontado hasta tres subidas en 2026.

El Banco Central Europeo (BCE) ha publicado este miércoles las actas de su reunión del 29 y 30 de abril, y la lectura es clara: el Consejo de Gobierno no encuentra evidencia de que los efectos de segunda ronda estén ganando fuerza. A pesar de que el conflicto en Oriente Próximo ha disparado los precios de la energía y llevado la inflación general hasta el entorno del 3,1% en abril, los salarios y las expectativas de precios a medio plazo se mantienen anclados.

Las minutas confirman que la subida del crudo —el Brent ha llegado a superar los 100 dólares por barril— ha sido el principal motor del repunte inflacionista. Sin embargo, las presiones subyacentes han seguido aflojando: la inflación sin energía ni alimentos cayó al 2,3% en marzo y los indicadores adelantados apuntan a una moderación adicional de la inflación.

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De hecho, el rastreador salarial del propio BCE y las encuestas de expectativas salariales muestran una contención que aleja, por ahora, el riesgo de una espiral de precios. Esto ha permitido al Consejo mantener un tono de cautela, sin señales de urgencia por mover los tipos.

Los mercados anticipan tres alzas en 2026, pero el BCE se resiste

Mientras tanto, los mercados financieros han descontado un escenario bien distinto. Los inversores han llegado a poner en precio hasta tres subidas de 25 puntos básicos a lo largo de 2026, con una probabilidad del 92% de un tercer incremento en diciembre. La publicación de las actas ha moderado esas expectativas, pero el debate sigue vivo.

La clave del mensaje de Fráncfort reside en la evaluación de los efectos indirectos. La propia Isabel Schnabel, responsable de la presentación sobre mercados financieros, subrayó que los «fixings» de inflación para 2026 y 2027 se habían elevado de forma intensa, pero que no se percibía una traslación generalizada a los salarios ni a los márgenes empresariales. Esa es la línea roja que el BCE no quiere cruzar.

A ello se suma que los mercados de renta variable europeos han recuperado buena parte del terreno perdido tras el estallido de la guerra, y las primas de riesgo soberanas se mantienen contenidas. El BCE interpreta esta calma como una señal de que el impacto en el crecimiento será limitado, lo que reduce la presión para endurecer la política monetaria de forma agresiva.

El BCE no apretará el gatillo de los tipos hasta que los salarios den la señal inequívoca. Y, de momento, esa señal no llega.

¿Puede el BCE resistir sin subir los tipos?

Sin embargo, la incertidumbre es alta. Un recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo que cerrara el estrecho de Ormuz dispararía de nuevo el petróleo y pondría a prueba la resistencia de la economía. Las propias actas reconocen que «el balance de riesgos para la inflación sigue claramente sesgado al alza» y que las expectativas a más largo plazo han empezado a inclinarse en esa dirección.

En este contexto, la postura de «esperar y ver» que reflejan las minutas resulta razonable, pero no está exenta de peligro. Si los efectos de segunda ronda se materializan con retardo, el BCE podría verse forzado a subir los tipos más tarde y con mayor intensidad, justo cuando la actividad económica empiece a debilitarse. La historia reciente ofrece ejemplos poco alentadores de bancos centrales que reaccionaron tarde a un shock de oferta.

La cautela tiene sentido. Pero la complacencia, no. Y lo que las actas de abril transmiten es, sobre todo, una voluntad de no precipitarse.


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