Jonathan Andic deja temporalmente la vicepresidencia de Mango para centrarse en su defensa judicial

El hijo del fundador abandona temporalmente el cargo mientras se enfrenta a la investigación por el presunto homicidio de su padre. La empresa le apoya y defiende su inocencia.

Jonathan Andic ha decidido dar un paso al costado en la cúpula de Mango. Este martes comunicó que abandona temporalmente la vicepresidencia del grupo textil para concentrarse en su defensa judicial por la investigación que pesa sobre él desde hace año y medio.

En una carta abierta a la plantilla, recogida por EFE, el heredero de la fortuna textil explica que la atención y el foco que exige el proceso judicial le impiden mantener el alto nivel de compromiso que requiere su cargo. ‘La atención que exige mi defensa no me permite el rol que exige la compañía’, señala. Por ello, desde la responsabilidad, ha decidido apartarse de forma temporal, aunque conserva su vinculación con otros proyectos familiares y empresariales.

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El consejo y la familia cierran filas

El presidente de Mango, Toni Ruiz, y el conjunto del consejo de administración han respaldado la decisión de Jonathan sin fisuras. En un comunicado, expresan su ‘plena convicción’ de que el proceso judicial se resolverá favorablemente y que confían en que sea ‘a la mayor brevedad’. La compañía deja claro que la vicepresidencia queda vacante y que no será ocupada por sus hermanas Sarah o Judith, subrayando que el paso es temporal.

La familia Andic se ha sumado al respaldo con un mensaje aún más contundente. Fuentes citadas por Vanitatis aseguran que la defensa del entorno familiar es total: ‘Jonathan es inocente 100% y van a pelear hasta el final’. Un blindaje que intenta preservar la unidad del clan, una de las obsesiones de Isak Andic, quien siempre peleó para que los hermanos permanecieran juntos en los negocios.

Mantener a un vicepresidente investigado durante año y medio erosiona cualquier principio de gobernanza, por mucho que el grupo facture 3.700 millones.

Los indicios que complican la defensa

La investigación de los Mossos d’Esquadra ha aportado una serie de indicios que apuntan a Jonathan como sospechoso de un posible homicidio. La jueza de Martorell recoge en su auto que el hijo mayor visitó tres veces la ruta de montaña elegida días antes de la excursión con su padre. Además, un misterioso viaje a Ecuador en el que el investigado afirma que le robaron el teléfono móvil impide el análisis forense del dispositivo, una pieza que podría ser clave.

En su carta, Jonathan denuncia la construcción de un ‘relato público con una visión parcial, descontextualizada y tergiversada’ que ha generado una percepción de culpabilidad ajena a los hechos. Añade un matiz muy personal: el amor y el vínculo con su padre, reconociendo momentos difíciles, pero desacreditando cualquier conclusión que relacione esas tensiones con el accidente mortal en la sierra de Montserrat.

El precio de la gobernanza en una empresa familiar

Que un vicepresidente investigado por la muerte del fundador haya permanecido en el consejo de administración durante más de un año supone una anomalía difícil de digerir para los estándares de buen gobierno. Mango factura 3.700 millones de euros anuales y es una de las mayores empresas catalanas; esa cifra obliga a un rigor corporativo que ha estado, cuando menos, en suspenso.

El paso dado ahora es sensato, aunque llega tarde. La presunción de inocencia es un derecho irrenunciable, pero la reputación corporativa también pesa en el resultado final. La familia ha optado por blindar al heredero mientras protege la marca, pero el daño reputacional ya se ha materializado. El proceso judicial, con una instrucción aún abierta y plazos impredecibles, mantendrá una sombra alargada sobre la dirección de la compañía. La empresa insiste en que la situación es temporal y que el resto del equipo directivo mantiene el foco en la operativa diaria. Sin embargo, fuentes del sector textil admiten en privado que la búsqueda de socios internacionales para crecer en Asia se ha visto ralentizada por esta incertidumbre.

En el día a día, la figura de Toni Ruiz como consejero delegado asegura estabilidad. Pero la ausencia temporal del apellido Andic en el máximo órgano de gobierno puede diluir el sello familiar que ha caracterizado la gestión. Mango no cotiza, por lo que no hay accionistas minoritarios que protesten, pero los socios comerciales, franquiciados y proveedores exigen solidez. A largo plazo, una crisis de gobernanza mal resuelta cobra peaje, aunque sea en privado.

La decisión de dejar vacante el cargo sin nombrar a una de las hermanas es elocuente: el regreso de Jonathan está previsto si la justicia despeja el horizonte. Si no, Mango debería replantear un modelo de gobierno que ahora mismo descansa sobre una estructura societaria de control familiar con gestión profesionalizada. Un equilibrio frágil que este episodio ha puesto a prueba de forma extrema.


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