Huawei levanta una megafábrica de memorias DRAM con capacidad para 140.000 obleas de 12 pulgadas al mes. La empresa china, en alianza con Swaysure, da un golpe sobre la mesa para romper el oligopolio de Samsung, SK Hynix y Micron y liberarse del veto tecnológico estadounidense.
Aunque la fábrica aún no tiene fecha oficial de inicio de producción, las imágenes satelitales de Planet Labs captadas por Financial Times muestran el avance imparable de las obras entre 2022 y 2025. El proyecto se ha acelerado al calor de la tensión geopolítica, con Washington endureciendo las restricciones a la exportación de chips.
El movimiento encaja en una estrategia más amplia. Pekín ha inyectado 300.000 millones de dólares en centros de datos durante los próximos cinco años, y Huawei aspira a acaparar el 60% del mercado chino de chips de IA este mismo ejercicio. La fábrica de DRAM es la pieza que completa un ecosistema que ya cubre lógica, almacenamiento y diseño de procesadores.
Claves de la operación
- 140.000 obleas mensuales desde Shenzhen. La fábrica, en el corazón tecnológico de China, estará operativa con capacidad para producir memorias DRAM a gran escala, un componente crítico para servidores, móviles y ordenadores.
- Exdirector de TSMC al frente. El proyecto cuenta con ingeniería de primer nivel, elevando las expectativas sobre la calidad del proceso de fabricación.
- Respaldo gubernamental total. Pekín busca que el 80% de la tecnología básica sea suministrada por empresas nacionales, y Huawei es la punta de lanza para alcanzar esa soberanía en semiconductores.
La guerra de la memoria: Huawei planta cara al triunvirato Samsung-SK Hynix-Micron
Samsung, SK Hynix y Micron acaparan más del 90% del mercado global de DRAM. Su reciente apuesta por la memoria de alto rendimiento para inteligencia artificial ha estrangulado el suministro de chips convencionales, elevando los precios y forzando a gigantes como Apple a explorar fabricantes chinos como CXMT. En ese escenario, Huawei no espera: levanta su propia fábrica. El objetivo no es exportar, sino garantizar el suministro interno. Con 140.000 obleas mensuales, la planta de Shenzhen podrá alimentar tanto los teléfonos Kirin como los servidores Ascend que China necesita para su soberanía digital.
Al frente de la iniciativa está un exdirector de TSMC, lo que añade credibilidad técnica. Huawei ya opera 11 fábricas de semiconductores por toda China de la mano de socios como SMIC, y esta nueva planta de DRAM completa el puzzle.
El espionaje tecnológico ya no se decide solo en los laboratorios: se mide en la autonomía tangible de un país para fabricar sus propios chips.
Pero la soberanía tiene un techo: las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV) de ASML. Sin acceso a la tecnología de impresión más avanzada, China se las apaña con ingeniería inversa y procesos alternativos, pero el salto a los nodos de vanguardia sigue siendo una quimera.
El empuje de Pekín: una fábrica que no va de chips lógicos, sino de soberanía nacional
El gobierno chino se ha fijado el objetivo de que al menos el 80% de la tecnología básica utilizada por sus empresas sea de origen nacional. Huawei, con su ecosistema que abarca desde el sistema operativo HarmonyOS —presente en más de 1.000 millones de dispositivos— hasta los procesadores Ascend para IA y la recién proclamada ‘Ley Tau’ de evolución de chips, es el brazo industrial de esa ambición. La fábrica de DRAM no es una aventura aislada, sino el eslabón que faltaba en una cadena de suministro vertical.
La previsión de hacerse con el 60% del mercado chino de IA en 2026 apuntala el relato. Si suma capacidad de memoria propia, Huawei podría ofrecer servidores completos ‘Made in China’ sin depender de Samsung ni SK Hynix, un movimiento que reconfiguraría el mercado asiático de centros de datos y abarataría el despliegue de infraestructura digital en el país.

¿Puede Huawei replicar el éxito de su ecosistema de IA sin litografía avanzada?
El talón de Aquiles sigue siendo la litografía. ASML tiene el monopolio de las máquinas EUV imprescindibles para fabricar chips por debajo de 7 nanómetros. Las restricciones de la alianza ‘Pax Silica’ han cerrado el grifo a China. Huawei avanza con técnicas de multipatterning y empaquetado avanzado, pero el camino es más caro y menos eficiente. Los chips DRAM no requieren nodos tan agresivos como las CPU, lo que da margen, pero a largo plazo la brecha tecnológica se amplía.
En España, el debate sobre la autonomía digital ha escalado posiciones en la agenda empresarial. Telefónica, que ha sustituido progresivamente equipos Huawei de su núcleo 5G por presión de Estados Unidos, observa cómo el ahora dueño casi absoluto de la infraestructura china podría volver al mercado con otro perfil: el de proveedor de memorias propias. La dependencia de la industria TIC española de los grandes oligopolios asiáticos de semiconductores queda expuesta, y el movimiento de Huawei es un recordatorio de que la cadena de suministro es un tablero geopolítico, no solo de costes.
La pregunta no es si Huawei puede fabricar DRAM, sino si puede hacerlo con la calidad y el coste necesarios para sostener el ritmo de la demanda china. Pekín ha demostrado paciencia infinita y presupuesto aparentemente ilimitado. El tiempo dirá si la apuesta por una realidad paralela de los semiconductores alcanza para sortear el muro físico de la litografía. Por ahora, las imágenes de satélite muestran que la fábrica avanza. El mensaje de Huawei a Occidente es nítido: el bloqueo no los frena, los acelera.




